6 de septiembre 2005 - 00:00

El gobierno admite

Aníbal Fernández
Aníbal Fernández
Tras la publicación ayer sobre una broma de mal gusto o presunta intimidación de funcionarios del gobierno contra este diario o, más precisamente, contra uno de sus periodistas (Carlos Pagni), el propio ministro del Interior, Aníbal Fernández, admitió la certeza de lo denunciado. Y consideró que se trataba de un hecho anómalo ocurrido en la esfera a su cargo y que, por lo tanto, merecía algún tipo de aclaración. Sostuvo que luego de suscribir una carta en duros términos a sus subalternos -la que prometió enviar a Ambito Financiero-, iniciaba un sumario para averiguar la naturaleza del inexplicable episodio (o suspicazmente explicable) y la responsabilidad del autor o los autores. Por supuesto, él se declaró ajeno a esa maquinación, atónito en su buena fe por las características del hecho, y que le repugnaba la posible intencionalidad de amenaza personal o limitación al ejercicio de la libertad de prensa.

Este diario precisó y documentó en la víspera que, seguramente no por casualidad, en el pliego preliminar de la millonaria licitación de los nuevos documentos de identidad, se incluyó un modelo de lo que sería su carátula, con el nombre del ciudadano, sus datos personales y una fotografía anónima con los ojos vendados. La identidad del personaje elegido se supone que era ficticia, ya que la fotografía con los ojos tapados no responde a la del nombre de fantasía, sino a un hombre de carne y hueso, periodista, Pagni de Ambito Financiero. Esa suma de casualidades -elegir esa fotografía de un pasaporte entre los millones de los que dispone la Policía Federal-, sin embargo, excedía cualquier vinculación con el simple azar: el periodista de marras había escrito en este diario, en más de una oportunidad y críticamente, sobre el arduo proceso de la licitación futura que involucra a empresas nacionales y extranjeras, todas en dura porfía y con intereses cruzados. Por no hablar, claro, de lo que implica en materia de seguridad nacional y en la identidad y archivo de personas que pasará a manos privadas (como se sabe, sobre esta operación todavía está pendiente para el país un gigantesco juicio en su contra en el CIADI de la empresa Siemmens, a la que se apartó en su momento del contrato anterior por el exagerado precio que cobraba, la que hoy exige una suculenta indemnización que el gobierno amaga compensar con la cesión de otros negocios para no enfrentar el pago).

No cabe duda que, con notable vulgaridad, la inclusión de la fotografía del periodista en el pliego oficial del Ministerio del Interior obedecía por lo menos a un mensaje o a una advertencia. Es de confiar que el sumario ordenado por Fernández llegue a buen puerto, se conozca en tiempo y forma, al igual que el resultado de la pesquisa. Es lo que ha prometido a este diario el responsable político del presidente Néstor Kirchner, sea por la custodia personal de un ciudadano, sea por el ejercicio libre de la profesión de prensa. Aunque, es justo admitirlo, esta última preocupación no pareció conmover ayer a ningún medio, tampoco a ninguna organización especializada, como si imperara una autocensura cómplice en el país para ignorar las razones por las cuales se eligió como blanco a un periodista y se le taparon los ojos. Se daña sin duda al escaso periodismo libre, se lastima infantil, grosera e inútilmente al propio gobierno.

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