El gobierno miró ayer con preocupación desde Buenos Aires la crisis de Santa Cruz y midió el nivel de la onda expansiva a través de la participación y las declaraciones del obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín.
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El propio Néstor Kirchner y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, analizaron en un encuentro en la Casa Rosada -previo al viaje a Mar del Plata- el protagonismo que el religioso vuelve a tener en una revuelta social.
Precisamente, el sacerdote salesiano viene siendo para Kirchner la espina en el zapato desde que la situación provincial comenzó la ebullición, en marzo de este año.
Crítico y constrictor, Romanín ya había puesto al gobierno nacional contra las cuerdas al condicionar indirectamente la llegada de Daniel Peralta a la gobernación tras la expulsión de Carlos Sancho en medio de un paro docente sin precedentes en la historia de Santa Cruz.
De hecho, el ex dirigente sindical goza de una excelente y fluida relación con el obispo de Río Gallegos y trabó su ingreso a la Casa de Gobierno santacruceña hasta tanto el propio Kirchner aceptara que se incluyera al prelado en la mesa de negociación que por entonces terminó encarrilando la convulsión. A regañadientes debió entonces el Presidente habilitar la participación de Romanín, que alcanzaba popularidad justamente cuando el gobierno atravesaba el peor momento en su vínculo con la Iglesia Católica.
Ayer, desde el atrio de la movilización, el prelado pidió a las autoridades que «asuman la responsabilidad de gobernar». Podrá decirse que el mensaje lo direccionó a Peralta, pero quienes conocen la conflictiva relación entre el religioso y Kirchner aseguran que el reclamo tuvo un único destinatario.
Auxilio financiero
Pero no sólo Romanín ocupó ayer al Presidente y a su ministro. También analizaron la posibilidad de calmar con un auxilio financiero la demanda de suba de salarios en la que se han montado nuevamente todos los gremios del Estado provincial. Esos fondos podrían llegar en los próximos días vía aumento de la coparticipación. Pero nada garantiza hoy que esa maniobra de emergencia alcance para revertir el conflictivo escenario.
Con todo, la única referencia pública emanada de Balcarce 50 respecto de la difícil situación provincial provino de fuentes del Ministerio del Interior, que aseguraron que «no se reforzó» el envío de gendarmes a la provincia, en el marco de la marcha concretada ayer, convocada por la combativa Mesa de Unidad Sindical (ver aparte).
El respiro para Kirchner llegó recién a media tarde con el viaje a Mar del Plata para presidir el acto de lanzamiento de la fórmula para la gobernación bonaerense. Aunque en su entorno todas las miradas estaban puestas en la evolución de la marcha, que finalmente se realizó sin incidentes.
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