Un reguero de pólvora recorre la Capital Federal: Aníbal Ibarra tiene que empeñar todo para pagarle a Néstor Kirchner la deuda contraída por ganar las elecciones contra Mauricio Macri. ¿Deberá entregarle las Obras Públicas de la ciudad a Julio de Vido, Hacienda a Roberto Lavagna y Acción Social a Alicia Kirchner a cambio de apoyos clave en la elección? Las usinas de opinión del gobierno nacional -copadas por dirigentes del mismo distrito-se han empeñado en instalar esa idea a través de sus múltiples voceros. Los mismos asesores que emplean todo su ingenio para explicar cómo una marca de adhesión en una encuesta puede ser una herramienta política y disfrazar lo que desde Aristóteles se llama demagogia, han arrinconado al reelecto jefe de gobierno como deudor. Ibarra, claro, pide ahora que le muestren la factura porque él cree que esa deuda no es tan alta, y hasta está dispuesto a negar su existencia si en el reparto poselectoral de áreas los acreedores que lo acosan en nombre del Presidente -que según confiesa Ibarra nunca le ha pedido nada-reclaman nada menos que los ministerios porteños de Obras Públicas, Hacienda y hasta un cacho de Cultura.
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• La respuesta de Ibarra ante tanta ansiedad por cargos de sus nuevos amigos tiene el tono lapidario de algunas decisiones: Néstor nunca ha pedido nada, no me corran con los diarios que es peor, no tengo nada que pagar. Después de todo, ¿qué le hubiera pasado a Kirchner si en la Capital ganaba Macri? ¿Adónde iba el proyecto transversal del santacruceño? Que agradezca que gané yo. El argumento es el mismo que suele usar Kirchner cuando le preguntan si le debe algo a Eduardo Duhalde. No le debo nada. ¿Adónde hubiera ido Duhalde si ganaba Menem? ¿Dónde estaría hoy Duhalde con Menem presidente? La elección la gané yo, y él me vino a buscar cuando le habían rechazado Reutemann,De la Sota y hasta Rodríguez Saá. Porque dice conocer el episodio cuando Duhalde le ofreció al Adolfo ser candidato presidencial de su sector antes de llamarlo a Kirchner.
• Pero pagar algo hay que pagar. Ibarra responde que eso lo satisface con cesión de cargos en la tercera línea de la administración municipal a unos pocos auxilios importantes que tuvo en los comicios, pero nunca como para entregar ministerios ni subsecretarías, y menos en áreas clave. También hay sillas en organismos descentralizados como Puerto Madero, la Corporación del Sur y el Banco Ciudad al cual pueden ir delegados de los punteros barriales que se movieron para lograr el triunfo sobre Macri y que no son tantos.
• El armado político nacional de Kirchner en realidad tiene un sólo punto firme y está en la Capital Federal, dado que aún su asociación con Buenos Aires es vicaria de una relación necesariamente inestable con Duhalde. Más todavía, el peronismo que migró del PJ formal por varias vías terminó sindicado en el santacruceño antes de que éste fuera candidato a presidente. La explicación es sencilla: el sureño como patagónico es un político de códigos porteños. Algo que describen con mordacidad los peronistas del Norte cuando dicen que los patagónicos son fruto de la colonización bonaerense que siguió a la conquista del desierto.
• Huérfano de apoyos en otros distritos, Kirchner ha vivido rodeado los últimos años de una etnia peronista que integran entre otros Alberto Fernández,Eduardo Valdés, Guillermo Oliveri, Gustavo Béliz, Jorge Argüello, Enrique Albistur, Alberto Iribarne, Eduardo Luis Duhalde, Jorge Taiana (h), para mencionar a algunos con cargo público en estas horas. Un seleccionado de herederos de Perón a quienes la desconfianza, o el deseo de permanecer junto al poder en los años '90 les impidió sumarse al sueño chachista. Por eso no extraña que ese lote conviva hoy con Ibarra, que sí acompañó el nacimiento y muerte del Frepaso y con sus acólitos del distrito como Raúl Fernández, Jorge Telerman,Ariel Schifrin o Vilma Ibarra.
• Con esa masa crítica de compromisos en el distrito Capital se entiende la pasión que puso Kirchner en la elección de Ibarra contra Macri al son de «Hay que hacer que gane Ibarra aunque sea a pesar de Ibarra». Un triunfo de Macri los hubiera mandado a su casa a estos nuevos socios de Ibarra como cuando fueron socios del derrotado Domingo Cavallo. Eso explica también que hayan asumido con pasión la guerra en el distrito contra Daniel Scioli alimentando sus diferencias con Kirchner con campañas de prensa y hasta «caminando» al vicepresidente con cámaras ocultas buscando algún perfil inconveniente.
• Alimentó más el interés de tanto kirchnerista de ayer y de hoy para sumarse al triunfo del reelecto Aníbal con la ilusión de sacarle desde la Casa de Gobierno lo que Ibarra no da desde su despacho del otro extremo de la Plaza de Mayo. Aníbal, según ese ánimo, tiene que entregar Obras Públicas, Aníbal tiene que entregar Hacienda, Aníbal tiene que entregar Acción Social.
• ¿Dice esto Kirchner? Nunca salió de su boca una palabra, y lo testifica Ibarra en el relato que hizo a sus íntimos sobre el encuentro de la semana pasada en Casa de Gobierno. El acoso lo sufre sin embargo de la línea kirchnerista que alberga en la jefatura de Gabinete y en la Cancillería que envían mensajes de negociación y reparto de cargos. Cuenta la leyenda que en el propio despacho del jefe de gabinete hay una mesa con un organigrama del staff municipal sobre el cual descargan sus sueños y utopías los kirchneristas porteños, a la espera de que aparezca el dueño.
• A estos argumentos Ibarra agrega el más contundente: ¿para qué necesito yo ahora la sociedad con el gobierno nacional más allá de lo ideológico, algo que ya sació fabricando la diputación para Miguel Bonasso? El segundo mandato lo puede encarar sin apremios financieros luego del arreglo que hizo con Nación cuando era presidente Duhalde. Por ese pacto, la ciudad de Buenos Aires recibe desde este año 2,4% de los fondos coparticipables, algo así como $ 240 millones anuales, $ 80 millones más de lo que recibió hasta 2002. Eso refuerza la autonomía del presupuesto y lo libera de cualquier compromiso. Es cierto que la Nación podría apurar la liquidación del crédito BID para hacer la línea A de subtes, un compromiso ya cerrado, pero falta que la Argentina ponga su parte de ese gasto. O que él libere el subsidio a Metrovías y vengan los 30 vagones de subte que están retenidos en la fábrica que los hizo en Brasil. Pero sin eso Ibarra ya ganó la reelección, ¿qué cambiaría si no mejora los subtes? No tiene tercera reelección, su futuro en 2007 cree que es una candidatura presidencial y para eso sabe que Kirchner seguro que no lo va a ayudar.
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