El festival de nombres sobre posibles ministros de un gobierno de Néstor Kirchner ofrece algunas sorpresas inesperadas. Por ejemplo, la posibilidad de que el almirante Joaquín Stella, jefe del Estado Mayor General de la Armada, se convierta en ministro de Defensa.
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Es una señal política comprensible en un candidato que, por su imagen porteña, tiene conflictos con las Fuerzas Armadas, sobre todo por la cercanía de izquierdistas. Aunque en realidad, nadie concibe a Kirchner como un hombre de izquierda en Santa Cruz, donde gobierna con puño de hierro.
Es posible que la candidatura de Stella, además de entusiasmar al marino, reciba el aplauso del sector radical de la coalición que apoya a Kirchner. En la UCR tienen al almirante como un amigo desde que se desempeñaba como edecán de Raúl Alfonsín. Pero desde los sectores más «progre» del oficialismo la presencia de un militar en Defensa es vista como un retroceso, si se compara con la tradición que impusieron el propio Alfonsín y Menem, de llevar civiles a ese cargo. Sería una pena para quienes impulsan a Stella, en general otros marinos que se verían promovidos si se despeja la cúpula.
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