25 de julio 2002 - 00:00

El PJ revisa la ley de internas amenazado por fuga de R. Saá

En apariencia, Adolfo Rodríguez Saá ya tomó la decisión: no competirá en las internas del 24 de noviembre próximo e irá como candidato presidencial por fuera del justicialismo. El puntano confía, tal vez, en la final de un ballottage con quien finalmente sea el candidato oficial peronista. Es una interpretación que realiza al desenlace que puede producirse en oportunidad de efectuarse el congreso partidario: tiene previsto hacer presentaciones que tal vez sean intolerables en el resto del PJ y, por lo tanto, provocará él mismo su salida. No parece casual tampoco que el ex gobernador de San Luis ya esté buscando personería jurídica para lanzar un nuevo partido.

La escala de malos recuerdos de Eduardo Duhalde -quien carecerá de otras facultades pero ostenta una memoria hipertrofiada-la encabeza en esta época, para asombro del menemismo, Adolfo Rodríguez Saá. El puntano aparece una y vez en sus comentarios, siempre negativamente. Más ahora que se sabe que tiene casi decidido ir por fuera del PJ a las elecciones del 30 de marzo próximo. Lo supieron ayer varios interlocutores, entre los cuales se cuentan los gobernadores del grupo federal que visitaron al Presidente por la tarde. «No es previsible, ataca inesperadamente por temas que no se entienden bien, no se le puede dar el poder», se confesó Duhalde. Todavía no contaba con el motivo principal de irritación, que acaso le proveaesta nota: Rodríguez Saá camina su provincia de manera que para el duhaldismo es irreverente (casi todas lo son) y ya llegó al centro del poder.El martes por la tarde se entrevistó con el gobernador Felipe Solá, quien cada vez adopta posturas más divergentes para evaluar la política, sobre todo la de Buenos Aires. El encuentro se produjo hacia el final de la tarde y el puntano se marchó hacia otra reunión con gerentes del monopolio «Clarín» que le prometen protección si él no los castiga más por TV.

• Solá se mantiene prescindente en la interna nacional y hasta establece contactos discretos con Anillaco a través de Eduardo Bauzá y de Adrián Menem. A pesar de eso, sigue teniendo severas reservas acerca del regreso del ex presidente al poder, atado a aquella consigna con la que saludó el cautiverio en Don Torcuato: «La Justicia tarda pero llega». Prefiere mantenerse en los límites de su reino bonaerense, donde ya dispone de un equipo de campaña encabezado por el quilmeño Federico Scarabino. Todo indica que su proyecto de mantenerse al frente del gobierno en La Plata va en serio, lo cual inquieta no solamente a Duhalde: una campaña encabezada por el actual mandatario puede significar, aunque más no sea como argumento defensivo, una rendición de cuentas sobre el estado en que encontró la provincia que rompería el largo pacto de silencio bonaerense. Acuerdo que otros dirigentes, como Carlos Ruckauf, mantuvieron aún a despecho de su propia fortuna política (a propósito del canciller, el martes aclaró -se supone que risueñamente-que no va a ser candidato presidencial; ayer se sumergió en la angustia, a partir de la aparición de un informe de la oficina de ética pública que indagó sobre los gastos destinados durante su gestión en Interior a la investigación del caso AMIA; como se ve, esta causa se ha vuelto cada vez más inquietante en estos días).

• La reunión de Duhalde con los gobernadores del Norte se desarrolló sobre un tema casi excluyente: la ingeniería electoral de las internas abiertas y simultáneas que dispuso la ley de «reforma» política. Más allá de los tecnicismos de su articulado, esa normativa está destinada a proteger al Partido Justicialista (y por reflejo a la UCR) de dos fenómenos: que se vea amenazado por la aparición de figuras capaces de captar a su costa la caudalosa corriente de desencanto político que se verifica en el país y, subsidiariamente, que el surgimiento de esa figura no se solvente políticamente desde las propias filas con algún candidato que se separe del redil y se presente en las urnas por fuera de la estructura institucional del peronismo. El identikit refiere, como se ve, a Rodríguez Saá.

• Los mandatarios del Frente Federal -a los que se sumó el pampeano Rubén Marín-analizaron con Duhalde la ley electoral y las posibilidades de corregirla a través de decretos presidenciales. La primera demanda que realizaron tiene que ver con la Justicia electoral: «Es imposible que en tres meses no se puedan confeccionar padrones de independientes y afiliados a cada partido, por separado», se quejaron los gobernadores. Sólo con esos padrones se podría evitar lo que la legislación actual habilita: que cualquier ciudadano pueda participar de cualquier interna, es decir, que los afiliados a un partido puedan votar en la selección de candidatos de otro. Esto permitiría operaciones de mala fe, como que desde una organización se envíen afiliados a favorecer al peor postulante de la fuerza con la que deberá competirse después en la elección general.

«Cuanto más la leo más me parece una mala ley», se confesó Duhalde, quien adujo que puede hacer poco para modificar lo que votó el Congreso. «Hagamos otra ley», le aconsejaron desde la mesa federal. Fue entonces que se decidió presionar a los partidos «chicos» o «nuevos» (provinciales, ARI, izquierda, etc.) con una figura reglamentaria: obligar a todos a hacer internas, aunque haya lista única y abrir las urnas sea ridículo. De ese modo, los partidos con poca capacidad de movilización quedarían dañados por el bajo volumen de votos que cosecharían en esa elección artificial. Gracias a un pacto con Elisa Carrió, Duhalde había descartado esta agresividad, que ahora se repuso con un solo objeto: que la diputada y sus aliados toleren modificar la ley en el Congreso.

¿De dónde surge tanta urgencia por modificar esa norma? Ayer quedó claro: los caudillos del PJ quieren hacer más exigentes las condiciones por las cuales un candidato puede competir sin un partido que lo sostenga. Es para evitar que se produzcan secesiones, como la que está preparando Rodríguez Saá. El ex gobernador se confesó ante varios dirigentes de la provincia de BuenosAires. Su plan es presentar un proyecto de plataforma electoral en el Congreso del PJ. «En ese programa voy a incluir propuestas intolerables, sobre todo las que tienen que ver con economía. Me lo van a rechazar y esa será la excusa para irme», imagina el puntano en estos días.Y explica: «Sólo si estuviera loco arriesgaría mi capital en una interna en la que no cuento con un solo diputado, gobernador o dirigente de peso. Me abro».

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