8 de mayo 2001 - 00:00

El PJ sigue la tendencia y se parte en tres subloques

El bloque justicialista de Diputados formalizará esta semana su división en tres subloques que, a pesar de continuar trabajando juntos en el recinto, tendrán una independencia entre sí como hace años no se veía. Por lo pronto, los indicios de los últimos tiempos fueron claros: Humberto Roggero, el jefe de la bancada, da libertad de conciencia para las votaciones cada vez más seguido. Eso es una prueba de que el bloque ya no puede votar unido en la mayoría de los temas. Para colmo, las clásicas reuniones de la bancada se suspenden semana por medio. Cuando hay temas espinosos, la conducción prefiere eso a una ruptura en medio de discusiones. Detrás de todo está la campaña electoral, las pretensiones presidenciales de Carlos Ruckauf, la virulenta interna que no cesa entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde, y la voluntad del resto de los peronistas del país de no quedar tapados bajo el bloque bonaerense. No se escapa a esto el procesamiento de Emir Yoma.

El menemismo reclamó en algún momento pronunciamientos de adhesión y críticas a la persecución contra Yoma y Luis Sarlenga. También exigió solidaridad con Víctor Alderete. La presión interna subió hasta consensuar el acto público de desagravio del PJ a la citación a declaración indagatoria a Menem. Pero más allá de ese gesto, no hay muchos diputados que quieran continuar unidos. La semana pasada hubo un último intento de los bonaerenses por mantener el bloque unido y dejar fuera de la bancada la interna por las elecciones. Pero ayer a la mañana, Carlos Reutemann dio una señal clara: prefiere mantener a sus diputados en un bloque independiente fuera de la disputa con los menemistas y bonaerenses.

Hasta ahora no había dudas de que el menemismo ya se estaba manejando como un bloque aparte, discrepando públicamente de sus compañeros peronistas dentro del recinto, lo que hizo las delicias de la Alianza en las últimas sesiones. El caso más claro fue la sanción de la modificación de la convertibilidad. Allí milita el núcleo más cerrado del ex presidente, todos los que apoyan la dolarización de la economía y dos bonaerenses: Claudio Sebastiani y Angel Abasto. Tener una idea de cuántos son es, en realidad, difícil. Si se los mide por su participación en la última sesión, puede decirse que no superan los 15 diputados.

Pero si se sigue el comunicado a favor de la convertibilidad y contra el cambio que pide Domingo Cavallo que firmaron hace 10 días, el número sube a 36. Sus integrantes, como Javier Mouriño o Ana María Mosso, se adjudican ese número. Tienen un problema clave: la mayoría de sus miembros termina su mandato este año, lo que atenta contra la existencia futura de este subloque.

El jueves próximo se relanza en el Hotel Intercontinental el subloque Federal. Lo integran todos los peronistas bonaerenses, menos dos que militan en el menemismo. Estará comandado por Eduardo Camaño, y en la mesa de conducción estarán Mario Das Neves y José Pampurro. En la actualidad son 37 diputados, pero lo cierto es que ese subloque existe desde hace tiempo y toma decisiones como tal. Pero hasta ahora no ha conseguido una personalidad propia que se diferencia, no de los menemistas, cosa que sí sucede, sino del resto de las provincias que pasarán a trabajar como bloque independiente.

Pero no todo es armonía dentro de ese subloque. Camaño, Chiche Duhalde o José María Díaz Bancalari le responden a Duhalde y no a Ruckauf. Por otro lado, no existen ruckaufistas puros, aunque el gobernador en ocasiones dirige la política del bloque.

El resto de los diputados del PJ decidió agruparse en un bloque independiente, que de hecho también existe desde hace tiempo. Pero ahora funcionarán orgánicamente. No quieren quedar dentro del ruckaufismo, algo que sucedería naturalmente si la división del PJ queda sólo entre bonaerenses contra menemistas. Lo integran cordobeses de
José Manuel de la Sota, santafesinos de Carlos Reutemann, la liga de gobernadores del Norte, mendocinos, puntanos y los representantes de toda provincia no controlada por Carlos Menem.

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