El Presidente querría candidatura de Cristina
Néstor Kirchner lanzó ya la máxima presión sobre Eduardo Duhalde: propone a Cristina, su esposa, como candidata a senadora en la provincia de Buenos Aires para las elecciones de octubre. No hay que buscar esa presión en las versiones, cada vez más insistentes y verosímiles, acerca de ese lanzamiento (una dice que Alberto Fernández ya le hizo un adelanto al ex mandatario, la semana pasada). El Presidente formuló una promesa que será de cumplimiento imposible si la primera dama no baja a la arena de su provincia natal: dijo que en los comicios de este año su gestión será « plebiscitada». ¿Dónde ocurriría esa ratificación si no es en la provincia de Buenos Aires, único distrito en el que el apellido Kirchner podría desplegar una marcha triunfal? Duhalde está en Marruecos hasta el domingo. Cuando regrese, seguramente se encontrará reservadamente con Kirchner. Allí se despejará la incógnita. Aunque para él evitar esa avanzada de la Presidencia sobre la provincia tendría un costo enorme: el de postularse a sí mismo para competir de nuevo como senador. ¿Habrá arreglo?
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Los matrimonios Kirchner y Duhalde.
• Derrota doble
• Buen humor
La historia, en la que el azar tiene tanta influencia, no quiso que la Capital Federal fuera el lugar de un «urnazo» con capacidad de consumar a Kirchner como un líder indiscutido. La tragedia de Cromañón derrumbó al oficialismo nacional en la Ciudad, encarnado en Aníbal Ibarra. Y el propio alcalde se está encargando de aguar la convocatoria a una consulta popular sobre su situación al frente de la comuna. Siempre y cuando la causa judicial que se sigue por la catástrofe del 30 de diciembre no salga disparada contra el corazón del poder. Aun con todo a favor, Kirchner no puede esperar que los vecinos de Buenos Aires le coloquen la corona de laureles que, confesó, está buscando este año.
El círculo se cierra sobre los Duhalde. La victoria bonaerense está asegurada hasta ahora, por más disidencias y secesiones con que amenace Felipe Solá. Sin embargo, sólo si el triunfo lleva el apellido Kirchner, se lo podrá interpretar como un « plebiscito». Los augures de la Casa Rosada aseguran que la elección bonaerense está ganada desde ahora. Por eso es más atractivo presentar a Cristina como el factor de un triunfo excepcional. En la intimidad del gobierno ayer se afirmaba que el Presidente ya consiguió que su esposa acepte ese desafío delicado: el descenso a la arena en un distrito que no es el propio más que por haber nacido en La Plata puede desatar agresiones inesperadas y, en una guerra como la que se vislumbra, acusaciones que siempre atraviesan el plano personal. Sobre todo si se verifica la estrategia que elabora el oficialismo: ésta consiste en influir en el electorado de la Ciudad de Buenos Aires a partir de una presencia muy agresiva de la senadora Kirchner en el conurbano vecino. ¿Elisa Carrió es la destinataria principal de este aspecto de la jugada? Ella lo interpreta así y por eso en su círculo se promete un debate sobre el papel que le cupo a la esposa del Presidente en la comisión investigadora sobre lavado de dinero, de la que formó parte junto a la propia Carrió y al vicepresidente Daniel Scioli.
• Exceso
Para Kirchner, la idea del plebiscito sobre su imagen y su gobierno excede las pulsiones más o menos narcisistas que tiene todo jefe político. El cree que sólo con un triunfo contundente e identificado con su persona podrá encarar el segundo tramo de su gestión con alguna autonomía respecto de los caudillos del peronismo. Nadie conoce más que el Presidente las consecuencias del fracaso de la ilusoria «transversalidad», una experiencia que sólo se desarrolló en su capítulo más inconveniente: el de ser poco más que una manera de irritar al peronismo con valores, figuras y operaciones que terminan pagándose con votos. En este sentido, Kirchner es deudor del PJ, que le podrá decir, al cabo del proceso electoral de este año, que su gobierno «se salvó» gracias a la tan denostada «corporación política». Hay una sola puerta de salida para esta encerrona y es el triunfo del apellido Kirchner en el distrito más significativo del país.
La pretensión tiene un riesgo severo: Duhalde le ha dicho a demasiada gente que el desembarco de Cristina sería el límite a la alianza que mantiene con el Presidente. Antes de irse a Marruecos, donde estará hasta el próximo fin de semana, el ex presidente insistió ante su entorno: «Néstor jamás me sugirió nada con Cristina, por lo tanto, no puedo adelantarme y tomar en serio las versiones». ¿Conversación con Alberto Fernández? «Mensajeros hubo siempre, si no, pregúntele a 'Pepe' Pampuro. Pero el problema de la candidatura sólo se puede resolver en una charla entre los dos jefes, a solas», contesta uno de los más estrechos colaboradores de Duhalde desde hace 30 años.
• Interpretaciones
El duhaldismo se divide entre dos interpretaciones del eventual lanzamiento de Cristina. Un sector, el que más conciencia crítica tiene de las limitaciones del caudillo de Lomas de Zamora para enfrentar una campaña del gobierno en su contra (o la eventual secesión) considera que la candidatura de la primera dama podría ser asimilada si no se la formula de manera ofensiva. El otro círculo, que rodea a Duhalde estrechamente, cree que la sola insinuación de Kirchner determinará la guerra: «Entregar la candidatura de este año es entregar la gobernación de 2007. 'Negro' no dedicó su vida a la política para jubilarse de esa manera». Les cuesta a estos duros admitir el corolario que se desprende de sus palabras: sólo postulándose a sí mismo como candidato a senador, Duhalde podría evitar que desde la Casa Rosada le invadan su feudo.



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