23 de marzo 2005 - 00:00

El Presidente querría candidatura de Cristina

Néstor Kirchner lanzó ya la máxima presión sobre Eduardo Duhalde: propone a Cristina, su esposa, como candidata a senadora en la provincia de Buenos Aires para las elecciones de octubre. No hay que buscar esa presión en las versiones, cada vez más insistentes y verosímiles, acerca de ese lanzamiento (una dice que Alberto Fernández ya le hizo un adelanto al ex mandatario, la semana pasada). El Presidente formuló una promesa que será de cumplimiento imposible si la primera dama no baja a la arena de su provincia natal: dijo que en los comicios de este año su gestión será « plebiscitada». ¿Dónde ocurriría esa ratificación si no es en la provincia de Buenos Aires, único distrito en el que el apellido Kirchner podría desplegar una marcha triunfal? Duhalde está en Marruecos hasta el domingo. Cuando regrese, seguramente se encontrará reservadamente con Kirchner. Allí se despejará la incógnita. Aunque para él evitar esa avanzada de la Presidencia sobre la provincia tendría un costo enorme: el de postularse a sí mismo para competir de nuevo como senador. ¿Habrá arreglo?

Los matrimonios Kirchner y Duhalde.
Los matrimonios Kirchner y Duhalde.
Kirchner comenzó a presionar ya de manera definitiva a Eduardo Duhalde para que la primera dama, Cristina Fernández, sea la candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires. No sólo el Presidente sigue apareciendo en el conurbano junto a Felipe Solá, el principal rival de Duhalde en la provincia. La Casa Rosada se transformó en una usina de versiones, como la que afirma que Alberto Fernández ya le adelantó al ex presidente, la semana pasada, la intención del santacruceño de postular a su esposa. Sin embargo, hay una señal más clara de que Kirchner no selló todavía ningún pacto con Duhalde, es decir, de que no archivó la idea de convertir a la senadora por Santa Cruz en una figura principal de la elección bonaerense de este año. Es la que apareció en el discurso que pronunció el Presidente el martes de la semana pasada en Misiones cuando habló de su deseo de «plebiscitar» la gestión en los próximos comicios.

Si se repasa el escenario nacional, el único distrito que podría ofrecerle a Kirchner la oportunidad de emerger como un líder victorioso es la provincia de Buenos Aires. En los demás, o está destinado a perder o el triunfo es suficientemente ajeno como para que ni siquiera el marketing que prepare para octubre pueda beneficiarlo con el resultado. Para ir a los casos concretos: si se especula con el desenlace de los comicios en Salta, Jujuy, Chaco, Tucumán, Córdoba, Entre Ríos, Formosa, Catamarca, Chubut o San Juan, lo más probable es que se imponga el PJ gracias a un juego de poder local, donde es harto difícil doblegar en las urnas a quien ejerce el gobierno cotidianamente. El mismo argumento se impone para Mendoza, Río Negro, Catamarca o Chaco, aunque ahora en beneficio del radicalismo.

• Derrota doble

Santiago del Estero quedarápara el museo de la torpeza: allí el gobierno resolvió caer dos veces derrotado. Una, en la puja entre José Figueroa y Gerardo Zamora, quien se convirtió en gobernador. La otra, en los torneos de octubre: es probable que se imponga el candidato de Zamora pero si lo hace uno del PJ, será alguien ligado a Carlos Juárez, con lo que la derrota de Kirchner está asegurada. ¿Ya habrá rendido cuentas delante del Presidente el «genio» que le hizo desdoblar los comicios y precipitar la elección de gobernador?

Un triunfo de Horacio Rosatti en Santa Fe sería casi una hazaña para el PJ. No sólo porque Hermes Binner, el candidato a senador del socialismo es una figura atractiva en la provincia. Tan atractiva que Kirchner lo robusteció a fuerza de halagos y hasta llegó a ofrecerle un cargo en la administración nacional. También la fractura interna en el peronismo, de nuevo protagonizada por Carlos Reutemann y Jorge Obeid, haría de una victoria del ministro de Justicia un resultado excepcional. Sin embargo no alcanza, por las características del distrito y por el protagonismo de Reutemann y Obeid, para que ese eventual desenlace sirva para exaltar al Presidente, aun cuando el protagonista sea alguien de su gabinete.

• Buen humor

Decir que Kirchner salió «plebiscitado» porque sus candidatos ganaron en Santa Cruz sería una broma inesperada (no hay que descartarla en un gobierno que ya dio muestras de buen humor en Santiago, en las relaciones con China y en el manejo casi suicida de los piqueteros, por citar solamente algunos gags).

Tampoco un triunfo de la oferta de Carlos Rovira sobre la del PJ de Ramón Puerta, en Misiones, sirve como muestra de escala nacional.

La historia, en la que el azar tiene tanta influencia, no quiso que la Capital Federal fuera el lugar de un «urnazo» con capacidad de consumar a Kirchner como un líder indiscutido. La tragedia de Cromañón derrumbó al oficialismo nacional en la Ciudad, encarnado en Aníbal Ibarra. Y el propio alcalde se está encargando de aguar la convocatoria a una consulta popular sobre su situación al frente de la comuna. Siempre y cuando la causa judicial que se sigue por la catástrofe del 30 de diciembre no salga disparada contra el corazón del poder. Aun con todo a favor, Kirchner no puede esperar que los vecinos de Buenos Aires le coloquen la corona de laureles que, confesó, está buscando este año.

El círculo se cierra sobre los Duhalde. La victoria bonaerense está asegurada hasta ahora, por más disidencias y secesiones con que amenace Felipe Solá. Sin embargo, sólo si el triunfo lleva el apellido Kirchner, se lo podrá interpretar como un « plebiscito». Los augures de la Casa Rosada aseguran que la elección bonaerense está ganada desde ahora. Por eso es más atractivo presentar a Cristina como el factor de un triunfo excepcional. En la intimidad del gobierno ayer se afirmaba que el Presidente ya consiguió que su esposa acepte ese desafío delicado: el descenso a la arena en un distrito que no es el propio más que por haber nacido en La Plata puede desatar agresiones inesperadas y, en una guerra como la que se vislumbra, acusaciones que siempre atraviesan el plano personal. Sobre todo si se verifica la estrategia que elabora el oficialismo: ésta consiste en influir en el electorado de la Ciudad de Buenos Aires a partir de una presencia muy agresiva de la senadora Kirchner en el conurbano vecino. ¿Elisa Carrió es la destinataria principal de este aspecto de la jugada? Ella lo interpreta así y por eso en su círculo se promete un debate sobre el papel que le cupo a la esposa del Presidente en la comisión investigadora sobre lavado de dinero, de la que formó parte junto a la propia Carrió y al vicepresidente Daniel Scioli.

• Exceso

Para Kirchner, la idea del plebiscito sobre su imagen y su gobierno excede las pulsiones más o menos narcisistas que tiene todo jefe político. El cree que sólo con un triunfo contundente e identificado con su persona podrá encarar el segundo tramo de su gestión con alguna autonomía respecto de los caudillos del peronismo. Nadie conoce más que el Presidente las consecuencias del fracaso de la ilusoria «transversalidad», una experiencia que sólo se desarrolló en su capítulo más inconveniente: el de ser poco más que una manera de irritar al peronismo con valores, figuras y operaciones que terminan pagándose con votos. En este sentido, Kirchner es deudor del PJ, que le podrá decir, al cabo del proceso electoral de este año, que su gobierno «se salvó» gracias a la tan denostada «corporación política». Hay una sola puerta de salida para esta encerrona y es el triunfo del apellido Kirchner en el distrito más significativo del país.

La pretensión tiene un riesgo severo: Duhalde le ha dicho a demasiada gente que el desembarco de Cristina sería el límite a la alianza que mantiene con el Presidente. Antes de irse a Marruecos, donde estará hasta el próximo fin de semana, el ex presidente insistió ante su entorno: «Néstor jamás me sugirió nada con Cristina, por lo tanto, no puedo adelantarme y tomar en serio las versiones». ¿Conversación con Alberto Fernández? «Mensajeros hubo siempre, si no, pregúntele a 'Pepe' Pampuro. Pero el problema de la candidatura sólo se puede resolver en una charla entre los dos jefes, a solas», contesta uno de los más estrechos colaboradores de Duhalde desde hace 30 años.

• Interpretaciones

El duhaldismo se divide entre dos interpretaciones del eventual lanzamiento de Cristina. Un sector, el que más conciencia crítica tiene de las limitaciones del caudillo de Lomas de Zamora para enfrentar una campaña del gobierno en su contra (o la eventual secesión) considera que la candidatura de la primera dama podría ser asimilada si no se la formula de manera ofensiva. El otro círculo, que rodea a Duhalde estrechamente, cree que la sola insinuación de Kirchner determinará la guerra: «Entregar la candidatura de este año es entregar la gobernación de 2007. 'Negro' no dedicó su vida a la política para jubilarse de esa manera». Les cuesta a estos duros admitir el corolario que se desprende de sus palabras: sólo postulándose a sí mismo como candidato a senador, Duhalde podría evitar que desde la Casa Rosada le invadan su feudo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar