El régimen talibán declaró una guerra santa contra los EE.UU.
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Quieren pruebas
El Gran Consejo de los ulemas, convocado por el líder supremo de los talibanes, el mullah Mohamed Omar, pospusieron para hoy su reunión en la que deberán decidir sobre la entrega de Bin Laden y, eventualmente sobre la declaración de la guerra santa. La razón fue que deben llegar representantes de las 32 provincias del país. Sin embargo, varios miembros de este alto cuerpo afgano anticiparon que su decisión en torno a la extradición del disidente saudita sería similar a la anticipada por el gobierno.
Pero la Casa Blanca señaló que no detendrá su prometida campaña militar contra el terrorismo incluso en el hipotético caso de que Bin Laden sea extraditado. Según el secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, la detención y entrega de Bin Laden sería sólo «un primer paso en la guerra contra los grupos terroristas», sugiriendo que nada podrá evitar un ataque militar a Afganistán.
Según expertos, los talibanes poseen un armamento precario que de ninguna manera les permitiría siquiera hacer mella al poder de los Estados Unidos. Sin embargo, su movilidad y su capacidad para captar adeptos en países vecinos les permitirían aplicar una exitosa táctica de guerrillas contra una eventual ocupación e incluso generalizar el conflicto en la región.
Los talibanes controlan fácilmente más de 90% del territorio afgano, en parte gracias a su superioridad financiera y a su consiguiente poder de fuego, además del desaliento y las divisiones de la oposición, que ha desperdiciado tiempo y recursos combatiéndose mutuamente.
Se estima que los milicianos del comando central talibán son entre 40.000 y 60.000, a los que se debe añadir -según la revista de inteligencia «Jane's»- una «legión extranjera» de unos 8.000 o 12.000 combatientes de países como Arabia Saudita, Argelia y Egipto, todos leales a Bin Laden.
El principal medio de transporte de los milicianos es una flota de camionetas japonesas a las que han instalado lanzadores de móviles de misiles, además de algunos tanques usados de fabricación soviética.
También poseen aviones de la era soviética -Mig-21, Su-22 y L-39- piloteados por aviadores del ex ejército comunista. Igualmente operan con un puñado de vetustos helicópteros rusos, algunos misiles Scud, y algunos misiles Stinger, donados antaño por la CIA.




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