El reportaje de "Veintitrés" dice:
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CIPPEC reunió a la dirigencia en su cena anual y llamó a "crecer o crecer" en un momento bisagra
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Laspina en la Cena de CIPPEC: "Argentina necesita un acuerdo político mínimo, simple y duradero"
Julio Ramos: Tiene muchos méritos. Todo gobierno, como toda persona, es en definitiva un balance de cosas buenas y cosas malas. De Kirchner elogio que reivindicó el papel de los presidentes argentinos, quienes eran demasiado dadivosos con el exterior. Eso es innegable. Otro mérito es que encaró la obra pública, que aún no es suficiente, pero el camino es bueno. No me gusta que capte voluntades políticas. Esa es la parte mala. Pero lo bueno es que lo hace a través de obras.
P.: ¿Y el pago anticipado al FMI?
J.R.: Me parece bien que le haya pagado al Fondo aunque no lo debería haber hecho de un solo golpe. Esto creó un conflicto de reservas que, por una cuestión de imagen, necesita recuperar aceleradamente. Pero cancelar deuda me parece muy bueno. Con toda la actividad periodística que tengo, creo que el último argentino que bajó un poco la deuda fue Arturo Illia entre 1963 y 1966. Todos los demás la incrementaron. Vuelvo a lo de antes, hay medidas cotidianas que me parecen bien y otras que están mal. Los cambios en la composición del Consejo de la Magistratura, por ejemplo, están mal.
P.: ¿Cuán kirchnerista se definiría usted?
J.R.: ¿Yo? Fui amigo de Kirchner... digamos que frecuentaba a Kirchner y a su esposa en la época en que nadie iba a Santa Cruz. Ellos me llevaron a ver el Glaciar Perito Moreno cuando nadie iba. Kirchner vino dos veces a este diario cuando no era conocido y nadie lo atendía. Yo tenía una relación bastante fluida con él cuando era gobernador, pero desde que llegó a presidente me recibió una sola vez.
P.: ¿Se anima a definirse como kirchnerista light?
J.R.: No, yo no soy kirchnerista ni antikirchnerista. Soy un individuo que cree en determinados valores. Al que los aplica, yo lo tengo que apoyar. Cuando Carlos Menem aplicó determinados valores en los que yo creía desde antes que él, lo apoyé.
P.: ¿Y cuándo dejó de ser menemista?
J.R.: No dejé, ni dejo de ser menemista. He hablado con él, aunque no lo veo. Menem tuvo cosas buenas y también malas, y yo siempre las dije.
P.: Bueno... ¿cuándo empezó a verle el saldo en rojo al balance de Menem?
J.R.: Si hago un balance de Menem, veo que tuvo más cosas positivas que negativas. Privatizarera necesario, achicar era necesario, pero no regalar tanto las empresas. No hubo un punto de ruptura con Menem.
P.: ¿La misma lógica aplica con Kirchner?
J.R.: Kirchner es distinto. La verdad es que él me respeta. Nunca me hizo una observación pública. Puede hacer públicamente alguna referencia indirecta, pero no directa como a otros periodistas. El sabe que yo tengo una tradición ética. Yo habré apoyado determinadas cosas de Menem, pero nunca hice negocios con Menem. Nunca le pedí que designara un funcionario. Kirchner sabe que si vamos a la época de la represión, yo tengo más sanciones de los militares que él. Kirchner respeta eso y nos llevamos bien así, a la distancia.
P.: En los últimos meses, Ambito está menos crítico...
J.R.: Si el diario está menos crítico es porque habrá visto que hay menos objeciones que hacer. Yo no soy como la revista «Noticias» que alardea que fue opositora durante treinta años. No tiene sentido hacer de la oposición un sistema, un modus operandi: Ambito cuando tiene que decir algo bueno lo dice y si hay menos críticas es porque hay menos cosas impactantes, sobre todo porque la economía quedó en un segundo plano y la economía, en general, anda bien.
P.: Y esto se refleja en la línea editorial...
J.R.: Hoy conviene adherir a Kirchner y no lo hacen solamente los que no pueden hacerlo. Es lógico que el diario refleje el humor de los lectores. Criticamos cuando hay que criticar y elogiamos cuando hay que elogiar.
P.: ¿Cómo le cayó el cambio de Roberto Lavagna por Felisa Miceli?
J.R.: Creo que "era" un negocio para Lavagna. El no quería entrar en una lucha de inflación a base de pactos porque eso degrada a cualquiera...
P.: ¿Cree que Lavagna se curó en salud?
J.R.: Sí. A él le convino irse cuando lo hizo. Ganó en ese momento, pero ahora se está diluyendo. Hace declaraciones cada tanto para recuperar las primeras planas de los diarios, aunque algunas son tonterías. Pero admitamos que nadie imagina a Lavagna reuniéndose todos los días para hacer un pacto de precios para el azúcar, la yerba, los escarbadientes... No era una tarea digna para él.
P.: ¿Y Miceli?
P.: Y en cuanto a la política, ¿qué opina de la captación de lealtades por parte de Kirchner de los dirigentes que seguían a Duhalde?
J.R.: No es tan hábil el Gobierno captando sino que la riqueza cambió la política. Esta riqueza abundante, el superávit de casi 4 por ciento del PBI...
P.: ¿Cómo es eso?
J.R.: En este panorama que se ha creado, en el que Kirchner con plata provoca todas, o casi todas, las adhesiones, está la oposición abierta como la del radical Iglesias, Sobisch, Macri y López Murphy y hay otra oposición, que es la más peligrosa para el Gobierno, que es cerrada pero con careta de adhesión, y ésa es muy amplia.
P.: ¿Es una suerte de oposición silenciosa...?
J.R.: Silenciada. Por eso el Gobierno los mantiene cerca pero no adentro. El panorama va a cambiar para 2007 porque nadie tiene la certeza de que Kirchner vaya a ganar y vaya a seguir manejando todo el dinero del país. Ahí hay alguno que apuesta a que otro gane y va a ser el gran beneficiado.
P.: ¿Y qué lugar les queda a Carrió, Macri, Murphy y Sobisch?
J.R.: Son oposición política que tiene manifestaciones de tipo general y hay algunos pocos medios de prensa que son la oposición con la noticia del día de ayer. Pero también hay que reconocer que en el caso de la reforma del Consejo de la Magistratura hubo una operación de adhesión muy fuerte y efectiva...
P.: Pero en general es Kirchner el que le marca la cancha a la oposición.
J.R.: Siempre la cancha la marca el que avanza, el que hace el movimiento. Los otros contraatacan o se defienden o se arrinconan contra el arco. Eso es natural en la política. Lilita Carrió tiene una posición muy frontal. Hay otros que son más tenues.
P.: Usted es un zorro viejo en este terreno; ¿que le parece la política de medios del Gobierno?
J.R.: No es buena. Es absurdo que en la Cumbre de Mar del Plata le hayan impedido a Bush dar una conferencia de prensa. Tampoco creo que sea bueno que el presidente Kirchner no dé conferencias de prensa. Tampoco creo que sea bueno que Cristina Kirchner haya ganado en la provincia de Buenos Aires sin haber dado nunca un reportaje ni un debate en serio.
P.: En sus diálogos con miembros del gabinete, ¿ usted plantea sus críticas sobre la política de medios?
J.R.: Medio en serio y medio en broma lo hago siempre. Pero ellos dicen que son así, que el Presidente no quiere intermediarios, que le gusta reunir a la gente ante una tribuna, sabiendo que los diarios lo van a tener que reproducir.
Kirchner tiene un método. A mí no me gusta, pero es su método.
P.: ¿Cree que ese método es efectivo o puede ser un boomerang?
J.R.: Entre 80 y 85 por cientode la prensa está tomada o simpatiza con el Gobierno o lo necesita para subsistir. Esta es la realidad. La prensa que puede quedar libre es muy poca. Así que a mí el método no me gusta ni desde el punto de vista monopólico ni desde el punto de vista político.
P.: ¿Cómo pintan las perspectivas para 2006 en la Argentina?
J.R.: La bondad de la economía argentina no es fruto de una circunstancia excepcional, sino fruto de que China e India se han decidido a consumir materias primas y entonces países como la Argentina o como Chile -que tiene el cobre a más del triple de su precio original-, con productos del campo, tienen una demanda que antes ni soñaban tener. Lo que está sucediendo en la Argentina podría compararse al año 1880, cuando los frigoríficos descubren el enfriamiento, venden en Europa y viene el auge argentino.
P.: ¿Entonces usted no comparte la visión pesimista de aquellos que creen que es un fenómeno de corto aliento?
J.R.: No veo ningún argumento sólido para decir que es de corto aliento. Yo no creo que China, que recién ha agregado 400 millones de personas al consumo y tiene 900 millones en la pobreza va a dejar de agregar gente. India va a hacer lo mismo. El bloque asiático importa casi la misma cantidad de productos argentinos que toda Europa.
P.: ¿Cree que la Argentina está aprovechando esas condiciones al máximo?
J.R.: Ahí es donde yo discrepo con este gobierno, porque creo que tremenda bonanza externa se emplea mal, porque se lo emplea para subsidios, para pactos de precios que no tienen mucho sentido. No se desarrollan industrias de base, no hay una política industrial. Vivimos parando el avance de Brasil sin tener una política que nos permita ayudar a las industrias para que crezcan, como lo hace el Banco de Desarrollo brasileño. Creo que la riqueza que está llegando a la Argentina no está siendo bien empleada por este Gobierno, pero eso no quiere decir que no va a seguir viniendo. Por suerte 2006 no es un año electoral porque este Gobierno es muy propenso a gastar en épocas electorales...




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