14 de febrero 2006 - 00:00

El ultrismo

La revista «Veintitrés» en su nota «Ambito K» publica dos comentarios en busca de la objetividad. Uno del prestigioso profesor de periodismo de la Universidad Austral, de nombre Fernando Ruiz. El otro, de Eduardo Blaustein, corresponde a alguien que desconozco y es mencionado como coautor de un libro sobre la prensa en el último Proceso militar. No recuerdo bien pero podría ser un libro que, para orgullo nuestro, lo único que podía enrostrarnos era, muy breve, que cuando sucedían determinados hechos dolorosos en esa época en Ambito titulamos con noticias económicas. ¡Al lado de títulos miserables loativos de la represión militar en tapa de otros medios bien podríamos ser considerados ángeles! Muchos hicimos poco, es cierto, pero al lado de los que halagaban... o recibían prebendas de la dictadura, como «Clarín».

Este comentario del citado lo titula «Bruto diario», con lo cual es fácil ver que no es precisamente un moderado. Se percibe que pertenece a ese progresismo -resentido, obnubilado, desubicado hoy porque desde más a la izquierda le reprochan sus goces en el poder- que sería incapaz de reconocerle algo bueno -más no fuera circunstancial- a un adversario de ideas a quien sólo querría ver de una forma: agonizando. Por tanto no concibe, porque en su modo de pensar no puede hacerlo, que alguien de enfrente suyo reconozca algo de la izquierda.

Dice, por ejemplo, «que Ambito haya nacido en el comienzo mismo de la dictadura militar». Es cierto, nació el 9 de diciembre de 1976 y cumplirá 30 años. Pero, pese a suponérselo « historiador» del periodismo, ignora este crítico que lo encaré en ese año para no pasar hambre: cuando el general Teófilo Goyret asume la intervención de «La Opinión» de Jacobo Timerman, ya detenido, me llamó y me dijo: «Si Ud. era jefe (de la sección Economía) con Timerman algo de rojo tendrá». Me quitó el cargo, me mandó de periodista llano (lo mismo hizo con otros) y me reemplazó por un colega que había ingresado hacía 2 meses y que suponía «no estaba contaminado en tan poco tiempo». Obvio, aguanté un tiempo y me fui.

Simultáneamente me sucedió otra desgracia laboral: tenía un puesto de economista en la secretaría de ese ramo en la Municipalidad de Buenos Aires. Como conocían que por la noche también era periodista de «La Opinión» me sancionaron con un decreto (copia a disposición de quien lo desee) que decía «Subversión potencial o real». Y me cesantearon en el acto. Vendí mi Renault Break y fundé un pequeño medio para difundir sólo las cotizaciones de plazo fijo. Lamento Sr. Blaustein no haberlo fundado antes o después de 1976: la ocasión me la impuso la necesidad de alimentar a mi familia.

Nunca fui subversivo y sí fruto de torpezas de ese entonces pero con tanto que me hicieron esos militares es un poco ridículo que Ud. me adjudique que «seguí el ideario» de aquel Proceso.

Aparte ¿dónde estaba Ud. en esos años que para mí fueron muy duros? De Horacio Verbitsky sé: andaba llevando dinero de secuestros con muertes a Cuba, detonando bombas que mataron a civiles inocentes frente al comando del Ejército para cumplir «la prueba de sangre» de la organización y luego, cansado, se puso a escribir libros con el comodoro Juan José

Güiraldes en pleno Proceso militar asumiendo el «ideario» que Ud. dice. Después volvió a girar ahora hacia «juzgador». ¿O no? Pero yo, ciertamente, no me aferré a ningún «ideario» que me eliminó muchos amigos y conocidos. Nunca me carcomió el rencor por lo vivido, eso sí.

En cuanto al profesor
Fernando Ruiz su crítica es sana. Dice algo que varios nos dijeron a los de Ambito (hasta lo dice el tal Blaustein). Que el diario no tiene « escritura pulida, prolijidad». No podíamos criticar al Carlos Menem que abría la economía. Sí la corrupción (carta de 1993 en un libro que publicó Luis Majul). Sí la reelección (le publicábamos solicitadas gratis hasta a Fernando de la Rúa). No criticamos la privatización de YPF, sí venderla mal con el barril a u$s 14, cuando hoy está a u$s 67. Aquí se equivoca el periodista, habitualmente bien informado, Marcelo Zlotogwiazda en la misma revista.

• Significado

Aclaro lo siguiente: vivir independiente -realmente independiente- durante 30 años de turbulencias para un diario significa haber cuidado mucho sus gastos. Nunca hicimos ningún «negocio» con un gobierno, civil o militar. Nunca los militares nos asociaron al Estado, como «Clarín» en Papel Prensa. Nunca tuvimos un crédito oficial a «tasa blanda» (ni a «dura»), nunca tuvimos una publicidad oficial que no fuera acorde a la de otros diarios.

Nunca nos hicieron una ley
«con nombre y apellido» para salvarnos de nuestros acreedores. Pagamos con «La Nación» los viajes de los periodistas de nuestros diarios porque no nos invitan, como a los colegas, en los aviones oficiales; nunca estuvimos en quiebra, convocatoria. Nunca caímos en el «corralito» ni en el «corralón». Para eso, y mucho más, tuvimos que administrarnos bien. Por eso nunca pudimos tener una Redacción de 150 o 200 personas como «Clarín» y otros diarios. Nos movimos siempre entre 40 y 45 muy buenos redactores.

¿A qué viene todo esto? A que nos lleva mucho trabajo diario, muchos apuros, hacer la edición de cada día. Ninguna Redacción de diario puede ser tan «prolija» como un semanario, o tener la fineza de un columnista que sólo escribe su tira cada 7 días. Pero, además, está esa circunstancia, que nuestra Redacción no desborda de gente. Ni mucho menos.

En lo personal mi forma de escribir que me la juzguen por mis libros (escribí tres). Pero siempre preferenciamos llegar al fondo, corregir conceptos, poner una opinión en un título o en un texto aunque la información base aparezca a las 10 de la noche.

Y, por otra parte, hay que recordar aquel famoso cuento de Juan Perón. Entran 10 hombres a una pista de circo y forman un círculo tomándose de los brazos. Entran otros 6 y se suben en sus hombros. Luego ingresan 4, después 2, todos en círculos hacia arriba. Ingresa un último que se encarama a la punta de esa pirámide humana. Y se pone a tocar el violín que trajo. Acotaba Perón: siempre hay un espectador que sale y le dice «sí pero desafina».

J.R.

Dejá tu comentario

Te puede interesar