Elige presidente un país apagado, vaciado y dividido en lo político

Política

  
  • El gobierno con Cristina de Kirchner candidata alcanzará el domingo primera minoría, quizás suficiente (si logra más de 40%) para no requerir una segunda vuelta. Aunque, en los últimos días, hubo un notorio declive en el favoritismo oficial y mejoraron los números del pelotón que la sigue en las encuestas. Esto transformó el fenómeno: lo que hace 2 o 3 meses era una abrumadora victoria kirchnerista, un mero trámite comicial, ahora se ha convertido en una riesgosa operación vecina al ballottage. Se advierte una sorprendente dilapidación de poder.  

  • La mayoría política del país, dispersa, casi enfrentada entre sí, el domingo se pronunciará en contra de la opción oficialista. Este disenso con Kirchner & Cía. es el sentimiento unánime que reúne a este amplio y diverso sector, dato del cual no se puede prescindir para entender la futura continuidad del gobierno.  

  • Todo esto ocurre frente a una opinión pública desinteresada, apática, casi ajena a los acontecimientos electorales. Es asombrosa la ignorancia sobre lo que se vota el domingo. Para algunos es una manifestación popular de madurez, comprensible; para otros constituye un apartamiento peligroso del concepto democrático, un vacío a ser completado con cualquier idea. Lo que no se defiende, no se protege.  

  • Aunque la candidata dominante pueda duplicar en votos a su marido (Néstor Kirchner, en abril de 2003, obtuvo 22%), su poder aparece hoy más frágil: entonces, hubo vocación masiva para respaldar al nuevo gobierno, el cambio presunto, la entronización de otro ciclo político. La población se guiaba por el rechazo al menemismo, acompañaba y consentía cualquier otra alternativa. Ahora, la situación es diferente: quienes se oponen a la continuidad familiar, aun cuando ésta pase 40% de los votos, ofrecerán batalla desde el primer día. Inclusive, sería hipócrita hablar de transición entre un gobierno y el otro que asumirá el 10 de diciembre, cuando en verdad hay una mímesis entre el esposo y la esposa. Por otra parte, ya hubo definición sobre el mantenimiento del modelo, los hombres que se siguen a sí mismos, sobre el «más de lo mismo».   

  • El pelotón que replica al kirchnerismo con más posibilidad de alcanzar el ballottage se unifica en un trío: Elisa Carrió, Roberto Lavagna y Alberto Rodríguez Saá. Cada uno, a su manera, ha prosperado en la campaña. Otros aspirantes, como Jorge Sobisch y Ricardo López Murphy, parecen menos bendecidos por la fortuna.

  • Todos estos contrincantes, sin embargo, pugnan contra Cristina en lo personal, aunque su mayor desafío es alivianar el poder electoral de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires. Desde ese distrito se construye la hegemonía, mayor o menor, de los Kirchner, curiosamente a través de un hombre nunca aceptado como del corazón de los santacruceños, jamás transversal, menos concertador plural. Y quien, cuando gobierne, guste o no, provocará más turbulencias que un adversario como el porteño Mauricio Macri. Cuestión de magnitud distrital, simplemente. Por número entonces, allí radica la posible ventaja del matrimonio Kirchner, al revés de lo que se presume en otras circunscripciones, como Córdoba, Capital, Mendoza y Santa Fe en menor medida, reacios territorios a la imposición y continuidad de los sureños. Igual, Scioli no debe bajar de cierto margen para que la performance de la señora Kirchner sea exitosa.

  • Al margen de la incógnita del resultado, ahora con algún suspenso, queda pendiente un proceso común a la alternativa política: ¿qué habrá de ocurrir con los mercados el próximo lunes? Nadie imagina una alteración sustancial, sea que triunfe la señora de Kirchner o que se obligue a una segunda vuelta dentro de 15 días. Ni hacia arriba, ni hacia abajo. Más bien, proseguirá la tendencia actual, con cierta desconfianza en la resolución de temas colgados (precios, gasto, tipo de cambio) y algún temor por el nivel de actualización de tarifas o el incremento de ciertos impuestos (por ejemplo, las retenciones). Habrá que convenir, sin embargo, que los postulantes a reñir con la señora por una doble vuelta tampoco despiertan demasiado entusiasmo, ni hacia arriba, ni hacia abajo. Nadie espera un boom en la Argentina con el resultado electoral, cualquiera sea el final; más bien hay que mirar lo que ocurre en el mundo, padre de la fortuna de los países subdesarrollados como la Argentina, según sea el comportamiento de commodities o de tasas. Allí también radica la resignación por esta porfía comicial del domingo.
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