Eduardo Duhalde tenía previsto, hace una semana, que Luiz Inácio Lula Da Silva lo visitaría en Buenos Aires a los pocos días de imponerse en las elecciones de Brasil. Cambio de planes: el encuentro será dentro de dos semanas, el 15 de noviembre, en la ciudad de Bavaro (República Dominicana), donde se realizará la XII Cumbre Iberoamericana (jefes de Estado de los países iberoamericanos, más España y Portugal).
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Hasta allí llegará Lula, acompañando a Fernando Henrique Cardoso, quien se despedirá de ese club. El brasileño tendrá allí su debut internacional como presidente, episodio que guarda un aire de familia con el lanzamiento de Cardoso quien, recién electo, se presentó en la Cumbre de las Américas celebrada en Miami en noviembre de 1994.
La presencia de Lula eclipsará seguramente a los demás mandatarios participantes del encuentro: todos los gestos del presidente-sindicalista serán mensurados como si fueran deliberados. Desde sus acercamientos a Hugo Chávez y Fidel Castro -que participa de estas reuniones- hasta el trato que le dé al español José María Aznar, un emblema del centro-derecha en el circuito. Quiere decir que, si esta ocasión fue pensada por el gobierno como la reposición de Duhalde en la arena internacional una vez sellado el acuerdo con el FMI, la operación pasará inadvertida.
• Ambición
Carlos Ruckauf es más ambicioso y ha propuesto en la Casa Rosada otra hazaña: llevar al Presidente a Londres, promover una entrevista con Anthony Blair y, eventualmente, con la mismísima reina. Se propone él mismo como gestor, ahora que viajará a entrevistarse con el canciller Jack Straw. Importa la iniciativa por lo ambiciosa. No sólo supone habilitar para Duhalde una agenda dificultosa para cualquier mandatario argentino (Carlos Menem «remó» diez años para ese viaje), también revela que en los planes de la Cancillería está la permanencia en el poder más allá del 25 de mayo. Salvo que «Rucucu» quiera lograr el récord: que Duhalde se saque una foto en el Big Ben dentro de los próximos seis meses.
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