En la scola de 7.500.000 votos opositores, Carrió reina pero no gobierna
A partir de la promesa de que no será candidata presidencial, Elisa Carrió ha logrado reunir voluntades a su favor -con bastante facilidad- en todo el arco opositor: de Mauricio Macri a gran parte del radicalismo, sin olvidar a Ricardo López Murphy, entre otros. Se convierte en una referente para todos. Algunos creen, además, que la Carrió gira también hacia el centro y se aleja de sectores izquierdistas. Apasionante formación de un frente que disperso obtuvo más de 7 millones de votos en la última elección y, ahora, parece dispuesto a concentrarse debajo de una mujer que los conduzca, pero no los gobierne.
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Elisa Carrió, Mauricio Macri, Ricardo Gil Lavedra, Ricardo López Murphy y Margarita Stolbizer.
Ese grupo reconoce a Macaluse como jefe del bloque y no quiere que el ARI se funda dentro de la Coalición Cívica. Macaluse, mientras tanto, los contiene: «El riesgo es que se pierda el sentido o el rumbo por el cual constituimos el ARI», dijo ayer.
Pero él mismo poco puede hacer: acaba de renovar su banca en la provincia de Buenos Aires junto con los ocho diputados que consiguió allí la Coalición Cívica. Por lo tanto, no es decoroso que a una semana de las elecciones piense en abandonar la fuerza en repudio a los desvíos centristas de Carrió. Por eso luego calmó la posición: «En realidad nosotros coincidimos en que la fuerza debe ser ampliada, es bueno que haya ingresos; lo que nosotros queremos es conversar y dialogar para saber qué características tienen que tener los ingresos», dijo Macaluse. Quizá lo que más le dolió al jefe de bloque fue el ingreso victorioso de Margarita Stolbizer desde el radicalismo a la Coalición Cívica, al punto que Carrió le permitió en la primera conferencia de prensa posterior al 28 de octubre hablar en nombre de los éxitos de esa coalición en la provincia de Buenos Aires.
Pero la protesta interna tiene otra base, que no viene de ahora. Algunos aristas creen que Carrió maneja esa fuerza sin demasiada democracia, basando la política de alianzas en una intuición inconsulta y su carisma, que la ha llevado, en ocasiones, a tomar decisiones que casi nadie entendió. Otro sector les responde que si no fuera por esos «delirios» de Carrió, hoy estarían a merced del kirchnerismo, universo en el que probablemente terminen algunos de los sublevados del ARI.
De hecho, ayer mismo el ARI de la provincia de Buenos Aires volvió a reclamar la renuncia de Raimundi como titular del partido allí.
Esos planteos rebeldes pueden tener alguna similitud con los movimientos que se detectaron en el socialismo después de las elecciones. La carta de Rubén Giustiniani a Carrió diculpándose por no poder concurrir al Hotel Sofitel para la presentación de los equipos técnicos de la «jefa de la oposición» parece casi un prolijo contrato de cómo se regirá la relación entre esas dos fuerzas que fueron juntas a elecciones. El socialismo no está dispuesto a integrar una coalición con radicales, peronistas y aristas. Sólo prometió trabajar coordinadamente. Ahora bien, si la oposición forma un núcleo duro, poco espacio le quedará al socialismo en el Congreso para trabajar independientemente con el kirchnerismo en temporada de caza y los radicales K y el Peronismo Federal devorando lo que deseche la Casa Rosada.
Lejos de esos problemas y sin pensar ahora en retirarse al mar -gracias a su núcleo cercano que la obligó a retractarse de ese retiro que anunció la misma noche de las elecciones-, Carrió disfruta seduciendo a quienes le parecían socios imposibles hace pocas semanas.
Frente a esos movimientos seductores aparece otra realidad: en pocas semanas el Congreso deberá decidir quién es el jefe de la oposición, pero en serio: la presidencia de la Auditoría General y dos lugares en el Consejo de la Magistratura, entre otros cargos que la Constitución asigna a la oposición, estaban en juego y la UCR ya reclama tener más legisladores, entre ambas cámaras, que Carrió. Quizá sea ése el límite que tiene este idilio.



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