24 de diciembre 2001 - 00:00

Escrito sobre el agua: un gobierno de 90 días

Adolfo Rodríguez Saá
Adolfo Rodríguez Saá
¿Quién dijo que radicales, partidos de la oposición al PJ y hasta algunos peronistas perdieron la guerra en la última Asamblea Legislativa? ¿O fue sólo una batalla, según el criterio del general Alfonsín, quien se reconoció vicioso en eso de llamar a elecciones pero oponiéndose a las próximas? ¿Se podrá mantener la imposición, no contemplada por ley en la Constitución, de que habrá comicios el 3 de marzo y que se realizarán bajo el imperio del sistema de lemas? Si bien es lo que se votó por ajustada mayoría en la Asamblea de hace 48 horas, ¿tendrá validez esa decisión o será cuestionada ante la Justicia? Este último camino no está cerrado.

Tampoco la voluntad de lucha de quienes se opusieron a esta combinación electoral en la quizá más larga y maratónica sesión de las dos cámaras en conjunto. Quienes aceptan esta derrota transitoria van por otra confrontación. Por último, 30 votos de diferencia no son substanciales para expresar una hegemonía y piensan en una nueva confrontación. A saber: la presentación de un recurso ante la jueza electoral María Servini de Cubría, por la manifiesta inconstitucionalidad del llamado a los comicios y por la aplicación del cuestionado método de lemas. Ninguna de las dos alternativas figura en la tradición escrita que regula la vida institucional de los argentinos.

• Enigma

Si prospera la vía ante la Servini, otra vez madre de los entuertos electorales del país, luego debería derivar hacia la Cámara Electoral, donde el radicalismo tiene mayoría. Y, por último, a la Corte Suprema, organismo donde ya no funcionan con las prácticas de antaño las mayorías o minorías automáticas. Inclusive, hasta podría decirse que han estallado controversias decisivas dentro de esos sectores -caso Guillermo López versus Antonio Boggiano, ambos duramente enfrentados luego de una cena que más vale no recordar- y hasta acercamientos respetuosos entre las distintas partes (caso de Adolfo Vázquez y Enrique Petracchi, no sólo en una cena sino en el tratamiento cotidiano de la tarea). De ahí que la Corte se convierta en un enigma para estas dos cuestiones a dirimir jurídicamente, lejos de aquellos justicialistas que la imagina dócil a sus reclamos y más distante todavía de esa obediencia debida con la que se relame en sus denuncias la diputada Elisa Carrió.

¿Serán solo la UCR, el ARI y otras manifestaciones de izquierda, más algunos partidos provinciales -sospechosamente votaron divididos-, los únicos en cuestionar el vértigo de los futuros comicios y, sobre todo, la implantación de lemas para resolver más una interna partidaria que un conflicto del país? Sin duda, aunque no lo revelen, habrá sectores del justicialismo que se opondrán a este controvertido curso futuro si la demanda se inspira en un andamiaje razonable. Al margen de interpretaciones constitucionales, también pesan intereses obvios: el del flamante titular del Ejecutivo, Adolfo Rodríguez Saá, también los de otros gobernadores peronistas de provincias chicas y hasta el menemismo, una pieza que no fue consultada en el excitante fin de semana pero al que no se le puede restar peso político.

• Atractivo

La queja ante la Servini, entonces, además del irrefutable condimento constitucional, dispone de un atractivo político: cerrar compuertas para unos, abrirlas para otros, casi en oposición a lo que hoy está determinado. Si Carlos Ruckauf se refocila imaginándose con la banda en marzo, del mismo modo que José Manuel de la Sota y eventualmente Eduardo Duhalde -ya se bajó Carlos Reutemann-, no ignoran que otros aspirantes estiman saludable la continuidad de Rodríguez Saá hasta 2003 y la postergación del proceso electoral. Empezando por él propio presidente provisorio.

Se ampara y justifica el justicialismo de la Asamblea en fuentes confiables de la profesión constitucional (los justicialistas García Lema y Maqueda, y hasta el radical Reynaldo Vanossi). Es su mitad de la biblioteca. Mientras, hay otra mitad que acomoda los libros -como corresponde a los abogados-, busca jurisprudencia y está en contra. Por un instante, uno puede ver a Carrió, Alfonsín y Menem juntos. Los otros, si la presión jurídica se les vuelve insostenible, tienen la posibilidad de que por ley, por el correcto camino formal, retrocedan a que las cámaras -no en forma simultánea- determinen la modificación de la ley de acefalía y la introducción del sistema de lemas. Camino arduo, claro, que el sábado se negaron a transitar a pesar de todos los avisos.

• Tiburones

Como en el '17 de Rusia, varios de los soviets peronistas se abalanzan sobre el poder como el tiburón sobre la sangre. Han prescindido de ciertos aspectos formales que nadie sabe si finalmente se les enrostrarán o no. Habrá que ver la gestión de Rodríguez Saá, eficaz o no en sus primeros 30 días de gobierno, para aproximarse al desenlace. Conciliábulos, negociaciones o acuerdos de poco valor disponen, como lo demostró la noche previa al fin de Fernando de la Rúa, cuando los más altos dirigentes de los dos partidos (Alfonsín, Colombo, Mestre, Duhalde, Bauzá, Menem, Ruckauf) resolvieron en la casa de Enrique Nosiglia un futuro que no duró seis horas. Tan efímero resultó ese consenso como el de la última Asamblea -pensando en los meses que van a venir, claro-, ya que la espontánea metodología del cabildo abierto con tachos, cacerolas y pitos no garantiza la palabra de ningún dirigente.

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