Néstor Kirchner pensó en llevar a la Presidencia la Secretaría de Seguridad como una señal de compromiso con alguna solución al malestar que ha creado en la opinión pública la ola criminal en la región metropolitana de la Argentina, que hoy cree el gobierno puede afectar decisivamente el destino de la administración.
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En el debate que se hizo a puertas cerradas en el despacho presidencial entre miércoles y viernes de la semana anterior, el grupo íntimo del entorno de Kirchner lo convenció de que esa decisión lo expondría a costos políticos respecto de un tema que nadie cree que tenga solución perceptible en el corto plazo. Convencido, resolvió aceptar la oferta de Aníbal Fernández de hacer la changa de asumir en el Ministerio del Interior esa responsabilidad, con lo cual Kirchner terminó haciendo lo mismo que hace dos años Eduardo Duhalde ante el mismo problema: Alberto Iribarne sigue de secretario de Seguridad, y como ministro queda un bonaerense, enemigo jurado de Felipe Solá y que quiere reemplazarlo en 2007 como gobernador de Buenos Aires. Antes fue Juan José Alvarez; ahora, Aníbal Fernández.
Una segunda decisión del Presidente quedó postergada por ahora: que el comando de las fuerzas policiales en la zona norte del conurbano, donde ocurre hoy la mayoría de los secuestros extorsivos, quede a cargo de un alto oficial de la Gendarmería nacional. Esto sería una real -y no ya virtual- intervención por lo menos parcial, en una porción del territorio provincial, de la Policía de Buenos Aires.
La necesidad del Presidente de resguardar la relación con Solá motivó la postergación de esa medida, que pondría bajo un oficial dependiente de la Nación al complejo de las cuatro fuerzas -Gendarmería, Prefectura, Federal y Bonaerense-que actúan hoy en el operativo de saturación con cabecera en el partido de San Isidro. También le recordaron al Presidente el efecto revulsivo que causaron en los dirigentes de la provincia de Buenos Aires las palabras de Cristina de Kirchner en la sesión del Senado que votó la intervención a Santiago del Estero. En aquella oportunidad, la dirigente platense desarrolló la teoría de que, ante casos como la inseguridad de la provincia de Buenos Aires, el Congreso debería tener facultades de intervención policial. Hoy ya un comandante retirado de Gendarmería, Enrique Gallesio, es responsable de la Unidad de Inspección Operativa del ministerio de León Arslanian con tareas de coordinación de los operativos. A él se sumaría, de aprobarse esta idea, un mando en actividad bajo autoridad de la Nación. Aquí, un film de cómo se tomó la decisión de acercar el manejo de la seguridad a la Casa de Gobierno:
. En la reunión del miércoles del Presidente con el jefe de Gabinete, el secretario Iribarne y los jefes de fuerzas de seguridad, no sólo se habló de la inseguridad en la propia Casa de Gobierno, asaltada horas antes por un grupo de ex combatientes de Malvinas. Se leyeron las infaltables encuestas que decían que la gente apunta a Kirchner y al gobierno nacional en las quejas. «En cualquier provincia, acusarían al gobernador, pero acá acusan al Presidente», dijo Alberto Fernández. Nadie habló en ese momento de pasar Seguridad de Justicia a Interior.
• Sorprendido
. Esa idea estaba planteada desde que Aníbal Fernández asumió el 25 de mayo en ese ministerio y pidió el área para sí. Kirchner le mantuvo Seguridad a Béliz, algo que había promovido Duhalde a pedido de Juanjo Alvarez cuando pasó de la Secretaría de Seguridad -ministerio de Jorge Matzkin-a Justicia cuando reemplazó a Jorge Vanossi. Aníbal no logró ese pase. Peor aún, desde que asumió, le fueron vaciando el ministerio de atribuciones y de fondos. Ni él puede creer que ahora lo hayan adornado tanto; le comentó a un amigo el sábado: «La gloria o el cementerio».
. El jueves Kirchner estuvo en Catamarca y llegó con la idea de sacarle Seguridad al Ministerio de Justicia. No se la dijo a nadie. Por ejemplo, no se enteró Alberto Iribarne, que cenó en la noche de ese día con funcionarios de la Presidencia -nivel secretariossin saber nada. Tampoco conocía el proyecto cuando negoció el viernes una visita junto con Horacio Rosatti a la Cámara de Diputados con el presidente radical de la Comisión de Seguridad Fernando Montoya. ¿Por qué ocultó esto Kirchner? Porque ese día seguía pensando en pasar el área a depender de la presidencia de la Nación.
. En la reunión del entor no íntimo del viernes por la mañana, les expuso la situación a los secretarios, al ministro del Interior y al jefe de Gabinete, que lo acompañaron en la sesión de masajes eléctricos y desayuno: 1) dar una señal ante la nueva marcha de Blumberg, que es de lo único que «oigo» hablar; 2) «Si me responsabilizan a mí, debo responder yo con alguna medida. Si nos va mal, el resultado es el mismo, le van a echar la culpa a la Nación. Intentemos algo»; 3) Sobre Rosatti: «No tiene cara de comisario, nadie le puede creer medidas de seguridad, es muy técnico y no da el tipo del ministro duro que necesitamos»; 4) Sobre Solá: «No tiene buena relación con Arslanian y eso traba medidas, motiva críticas mutuas en público, como cuando Solá sale a criticarlo en medio de la ola de secuestros. Tampoco tiene el apoyo de los intendentes del conurbano que hablan con nosotros».
. Esta mención de los intendentes le dio pie a Aníbal para pelear el área. Le dijo a Kirchner que poner la Secretaría de Seguridad bajo dependencia presidencial lo iba a obligar a pagar costos políticos; que mejor era poner un amortiguador, y se ofreció a hacer la changa. Kirchner aceptó y puso la otra idea de poner al gendarme a cargo de la seguridad en la zona norte del conurbano que se descartó. Igual, ya esa tarde del viernes delegados de la Nación y de la provincia aparecieron en algunas reuniones de foros de seguridad de la zona norte preguntando indiscreciones sobre el comisario Rubén Cabrera, jefe de la departamental San Isidro, tomando por ciertas las declaraciones de Juan Carlos Blumberg y del juez Fernando Marotto, que lo acusaron -sin exhibir pruebasde actos corruptos.
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