A diferencia del fallido viaje hacia La Habana para fotografiarse con Fidel Castro, la visita que Néstor Kirchner comenzará el miércoles por Venezuela para encontrarse con Hugo Chávez ya estaba programada y no podía suspenderse. Lo que sí pudo hacer la Argentina es limitarla al máximo y eliminar cualquier ofrecimiento de organización de actos públicos de apoyo al ex militar, incluyendo apariciones televisivas.
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En concreto, el presidente argentino volará el miércoles a la noche y el viernes quiere ya estar de regreso, más allá de que la invitación oficial del gobierno venezolano incluía una extensión hasta el domingo con la idea de que el jefe de Estado participe del programa «Aló presidente», donde el jefe de Estado venezolano adoctrina a sus seguidores antes de comenzar la semana. Kirchner se había comprometido en agosto del año pasado, cuando aún no había acuerdo con el FMI y se soñaba con un eje Buenos Aires-Brasilia-Caracas-La Habana. El cambio de situación internacional para la Argentina y fundamentalmente la relación con George W. Bush (principal sostén del país ante el directorio del FMI y enemigo declarado de Chávez) hacen que ahora el viaje del miércoles sea más un compromiso algo incómodo antes que una estrategia política. Por eso se buscó organizar actos vinculados únicamente con la diplomacia y no con el fin del neoliberalismo y las condenas a las políticas norteamericanas en el mundo.
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