8 de enero 2008 - 00:00

Ex presidente, ahora, a la selva peronista

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
Luego de la dura experiencia vivida en la selva colombiana, Néstor Kirchner se ha convencido de que lo más seguro es cazar en el zoológico. Por eso ha vuelto a concentrarse en su proyecto de normalizar el Partido Justicialista, reservándose su titularidad.

El oficialismo había previsto un proceso de normalización que no debería extenderse más allá de 180 días. A fines de marzo o abril, se formalizaría el llamado a internas. El plan incluye confederar al PJ con el Partido de la Victoria y con el radicalismo K. ¿Por qué no también con un socialismo amansado con Jorge Rivas -cuando se recupere- sustituyendo a Rubén Giustiniani? Un plan ambicioso, sin duda. El gobierno sabe que no hay inconveniente que temer ni por parte del interventor Ramón Ruiz ni de la jueza María Romilda Servini de Cubría.

Los políticos, ya se sabe, aceptan cargos o responsabilidades no porque lo deseen, sino porque «la gente lo pide». Así, la decisión de Kirchner de presidir el partido responde al operativo «clamor» protagonizado el año pasado por intendentes del conurbano bonaerense. Un avezado dirigente justicialista comentó: «Estos no entienden nada. ¿Cómo le van a entregar al gobierno todas las cartas? ¿Con qué lo van a presionar después? ¿Acaso el marido va a abogar ante la esposa por los intereses de ellos?»

Este recelo es compartido incluso por los referentes peronistas no alineados con el gobierno para quienes la normalización del PJ -intervenido hace más de tres años- es una reivindicación de larga data. Pero una cosa son los pedidos públicos de elecciones internas y otra muy distinta lo que esos dirigentes realmente piensan, pues aunque el reclamo de normalización se mantiene, parecen estar más bien concentrados en organizar fuerza propia.

  • Críticos

  • El gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, y su hermano Adolfo, senador nacional, dos de los más duros críticos de la parálisis partidaria, formalizaron a fines de noviembre pasado la creación de otro partido, el Frente Justicia Unión y Libertad (Frejuli). Y realizarán el próximo 19 de enero un plenario de dirigentes de la nueva agrupación en Mar del Plata.

    Eduardo Duhalde agitó las aguas el 11 de setiembre pasado al recordar que su tregua con los Kirchner duraría sólo hasta el 10 de diciembre y que «a partir de ese momento» trabajaría «en la reconstrucción del justicialismo». Sin embargo, no tardó en dar marcha atrás porque la reorganización del partido «no es la prioridad» y ahora está impulsando a nivel nacional el Movimiento Productivo Argentino (MPA) para tener también él un techo bajo el cual refugiarse en caso de que Kirchner logre, como pretende, apoderarse de la estructura partidaria. José Manuel de la Sota, que durante la campaña también se pronunció por la « renovación» del partido, insinuando que aspiraría a su conducción, ya avisó que, con miras a una candidatura presidencial en 2011, empezará a recorrer el país para armar su propia estructura política y lanzó duras críticas a quienes «piensan en sustituir al peronismo».

    «Tengo decidido meterme en la pelea para que se renueve el justicialismo», había dicho Roberto Lavagna, pese a su cercanía con un sector de la UCR. Luego dudó: «Hay que ver si permiten las elecciones» y avisó que ha «reorganizado la concertación UNA -Una Nación Avanzada-, con claro predominio peronista».

    Por último, el ex gobernador de Salta Juan Carlos Romero parece haber llegado a un entendimiento con los Kirchner tras su designación como vicepresidente del Senado.

  • Incentivos

    La experiencia de la última campaña fue suficiente como para que nadie dude de cuáles serán los «mecanismos» de la normalización partidaria. El 2 de noviembre, cinco días después de las elecciones, el gobierno «reasignó» 140 millones de pesos a municipios de la provincia de Buenos Aires, distrito donde la fórmula Scioli-Balestrini y sus múltiples colectoras traccionaron votos decisivos para el triunfo oficial. Kirchner cumple.

    ¿Por qué dudar de que los mismos «incentivos» serán puestos al servicio de la reorganización del partido? Entonces, ¿tendrá el ex presidente contrincantes en esta pelea? La pregunta es clave porque al plan perfecto del oficialismo le falta un detalle: Kirchner necesita un contendiente que lo legitime, que le dé credibilidad al proceso.

    ¿Habrá algún dirigente menor que se presente, al sólo efecto de darle a este trámite oficial una apariencia de competencia democrática? ¿Por qué avalarían los demás dirigentes algo que antes que una normalización parece una estatización? O la mera sustitución de un interventor delegado de la Justicia Electoral por uno delegado del gobierno. Si Cristina de Kirchner convocase a un diálogo político, pacto social, concertación o como se llame, el invitado principal sería entonces su propio esposo.

    Una parodia para cuyo montaje completo el gobierno necesita «extras».
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