Ex presidente, ahora, a la selva peronista
-
Reforma electoral: las PASO ponen a prueba la alianza PRO - LLA
-
Milei recibió al magnate de Sillicon Valley Peter Thiel
Néstor Kirchner
Eduardo Duhalde agitó las aguas el 11 de setiembre pasado al recordar que su tregua con los Kirchner duraría sólo hasta el 10 de diciembre y que «a partir de ese momento» trabajaría «en la reconstrucción del justicialismo». Sin embargo, no tardó en dar marcha atrás porque la reorganización del partido «no es la prioridad» y ahora está impulsando a nivel nacional el Movimiento Productivo Argentino (MPA) para tener también él un techo bajo el cual refugiarse en caso de que Kirchner logre, como pretende, apoderarse de la estructura partidaria. José Manuel de la Sota, que durante la campaña también se pronunció por la « renovación» del partido, insinuando que aspiraría a su conducción, ya avisó que, con miras a una candidatura presidencial en 2011, empezará a recorrer el país para armar su propia estructura política y lanzó duras críticas a quienes «piensan en sustituir al peronismo».
«Tengo decidido meterme en la pelea para que se renueve el justicialismo», había dicho Roberto Lavagna, pese a su cercanía con un sector de la UCR. Luego dudó: «Hay que ver si permiten las elecciones» y avisó que ha «reorganizado la concertación UNA -Una Nación Avanzada-, con claro predominio peronista».
Por último, el ex gobernador de Salta Juan Carlos Romero parece haber llegado a un entendimiento con los Kirchner tras su designación como vicepresidente del Senado.
La experiencia de la última campaña fue suficiente como para que nadie dude de cuáles serán los «mecanismos» de la normalización partidaria. El 2 de noviembre, cinco días después de las elecciones, el gobierno «reasignó» 140 millones de pesos a municipios de la provincia de Buenos Aires, distrito donde la fórmula Scioli-Balestrini y sus múltiples colectoras traccionaron votos decisivos para el triunfo oficial. Kirchner cumple.
¿Por qué dudar de que los mismos «incentivos» serán puestos al servicio de la reorganización del partido? Entonces, ¿tendrá el ex presidente contrincantes en esta pelea? La pregunta es clave porque al plan perfecto del oficialismo le falta un detalle: Kirchner necesita un contendiente que lo legitime, que le dé credibilidad al proceso.
¿Habrá algún dirigente menor que se presente, al sólo efecto de darle a este trámite oficial una apariencia de competencia democrática? ¿Por qué avalarían los demás dirigentes algo que antes que una normalización parece una estatización? O la mera sustitución de un interventor delegado de la Justicia Electoral por uno delegado del gobierno. Si Cristina de Kirchner convocase a un diálogo político, pacto social, concertación o como se llame, el invitado principal sería entonces su propio esposo.
Una parodia para cuyo montaje completo el gobierno necesita «extras».



Dejá tu comentario