Incontinente, desmesurado, el sindicalista Hugo Moyano está enojado porque en el gobierno ya no lo consideran un interlocutor razonable. Ayer confesó públicamente que, por primera vez, Néstor Kirchner «le aplicó un frío» -como dicen los camioneros de frigorífico-y no le quiso atender el teléfono. Al parecer, en la administración están cansados de sus exigencias casi «piqueteras»: desde subsidios especiales para el transporte de cargas hasta la Secretaría de Transportes, que controla en la segunda línea. Como dice un ministro que lo padece, «finalmente, son mejor los 'gordos', que son la mafia; 'el Negro' es la camorra, con quien no se puede acordar nunca nada».
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Temeroso de que lo expulsen del palacio, Moyano intenta moderarse (ya no habla de anular la ley Flamarique sino de derogar algunos artículos) y atribuye la indiferencia presidencial a lo que dice la prensa. Ayer se quejó de este diario por haber informado que él pretende volver a una ley de los años '50 una vez que se derogue la reforma laboral aprobada en 2000.
«Cuando quieren joder, joden», bramó el camionero. Lo que más lo irrita es que, según él, Kirchner se dejó llevar por ese dato. Es curioso, cuando los periodistas que lo entrevistaban le preguntaron si él pretendía la reposición de la ley de paritarias 14.250, no lo negó. Moyano podría hacerse informar: esa norma que él defiende fue promulgada el 20 de octubre de 1953. Ahora, con este dato, seguramente pasará a defender una de hace casi 20 años, la 23.545 de Negociación Colectiva, que los sindicalistas le arrancaron a su ministro Carlos Alderete durante el gobierno de Raúl Alfonsín.
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