Aunque su relación con el distrito porteño ha sido bastante malhadada, Alberto Fernández insiste. Y, por si fuera poco, también lo hace Néstor Kirchner: ambos decidieron que el actual jefe de Gabinete, en marzo, renovará su butaca al frente del Partido Justicialista capitalino. Inclusive, para evitar conflictos, ya les han advertido a ciertos personajes -sindicalistas, por ejemplo-, de que desistan de la idea de formar listas alternativas. En verdad, a nadie se le hubiera ocurrido cuestionar la sucesión de Fernández, sólo que algunos -como el caso del taxista Omar Viviani- habían pensado en ofrecer variantes si el heredero de Fernández era, como se insinuaba, el actual titular de la Superintendencia de Obras Sociales, Héctor Capaccioli (quizá, la mano derecha para ciertos temas del jefe de Gabinete, y candidato a ocupar el Ministerio de Trabajo). Por lo tanto, es un hecho que Fernández renovará su titularidad en marzo, casi sin debate ni confrontación, quizá para hacer pendant con un Kirchner que en esa fecha -dicen- ya habrá de promoverse como jefe en el PJ nacional. O sea, continuidad en el gobierno, continuidad en el partido.
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