Quizá con razón, Gustavo Béliz no es demasiado querido por la comunidad política del país. De ahí que ayer fueran varios los dirigentes, no sólo del oficialismo, que salieron a herirlo y a descalificarlo por su renuncia (o expulsión) como ministro de Seguridad y Justicia (ver Diálogos de actualidad). Chocó ese coro, sin embargo, con expresiones de otro sector del público, ya que varias encuestas realizadas por Internet en distintos medios le otorgaban una mayoritaria consideración favorable. Por ejemplo, una de ellas -¿usted le cree a Béliz o al gobierno?- expresaba que más de 80% se pronunciaba por el ex ministro. Se supone que estos datos no le torcerán la voluntad a Béliz de apartarse de la política, como prometió.
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Sin embargo, al margen de las pocas simpatías que despertaba el funcionario en el mundo político (hizo carrera justamente con las objeciones a los partidos), lo que más sorprendió en la víspera fue la mínima respuesta oficial a las duras impugnaciones del dimitente. Algo así como responder con cebita al cañoneo de un tanque. Ni siquiera Alberto y Aníbal Fernández (ver nota vinculada), impugnadores con ironía o desdén de quienes cuestionan al Presidente, mantuvieron su habitual nivel de prédica. Al contrario, bajaron el tono, asumieron una actitud defensiva, como para mitigar el escándalo de la renuncia.
Aunque parece comprensible la actitud, igual quizá se volvía necesaria por lo menos una aclaración o explicación a las acusaciones de Béliz, ya que le imputó al Presidente -como antes no había ocurrido- una serie de faltas que, además de enturbiar la imagen, daña la propia investidura. Sea por las presuntas complicidades o por temores con organismos de inteligencia, desvío de fondos o utilización de ellos en actividades políticas propias, por no citar la gravedad de haber divulgado una fotografía de un jefe de espías hoy 20 kilos más gordo -lo que constituye un secreto de Estado- o detalles personales poco gratos de la conducta cotidiana y poco respetuosa de Kirchner. Se comprende el propósito de disminuir la presión, pero cuesta admitir que se pasen por alto tan graves citas de quien gozaba, hasta hace horas y durante más de un año, de máxima confianza en la Casa Rosada.
La oposición al gobierno, por su lado, no está dispuesta a dejar pasar, como si fueran un mero arrebato por despecho, las denuncias hechas por Béliz acerca del manejo de fondos de la SIDE. Y menos aún, si se trata de sospechas sobre los fondos usados en campañas electorales. El ámbito más adecuado, aun cuando la mayor parte de los legisladores está aprovechando las vacaciones de invierno, es el Congreso. De allí que las promesas de transversalidad hechas por Néstor Kirchner ayer hayan sido olvidadas y se haya producido una serie de pedidos del socialismo, del ARI y de la UCR para que se investiguen esas denuncias.
El presidente del bloque socialista de diputados, Jorge Rivas, presentó una nota para que «aclare, amplíe, ratifique o rectifique las graves acusaciones contenidas en las declaraciones que formuló antes y después de su reciente despido del gobierno», y consideró que la Cámara baja «es un ámbito adecuado para que lo haga».
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