3 de diciembre 2004 - 00:00

Fuerzan cortesía militares tras incidente con Brasil

Juan Pablo Lholé
Juan Pablo Lholé
La Argentina y Brasil dieron por superado el accidente que sufrió la fragata brasileña Rademaker, alcanzada por tiros de cañón del destructor argentino Sarandí durante las maniobras navales Fraterno. No les quedaba otro remedio, a horas de que los presidentes de la subregión firmen un acuerdo donde juran respetar la hermandad bajo el paraguas de una Unión Sudamericana.

El vicepresidente y ministro de Defensa de Brasil, José Alencar, lamentó el accidente y aseguró que a pesar de un saldo de cinco heridos (todos leves) no incidirá en las relaciones bilaterales: «Fue un accidente, no tenemos que lamentar más, es para estos momentos que sirve la integración entre los dos países». Con esta frase Alencar abrió el seminario binacional de dos días «Agenda de Cooperación en Defensa, Seguridad y Paz», en Brasilia al que asistió Ernesto López, jefe de Gabinete del Ministerio de Defensa, en representación de José Pampuro.

• Comitiva

Lo acompañó una delegación integrada por el diputado Jorge Villaverde, presidente de la Comisión de Defensa, el embajador Pedro Villagra, director de Seguridad Internacional y Asuntos Nucleares de la Cancillería, y el brigadier retirado Rubén Montenegro, asesor del ministro.

La frase de Alencar fue música de ángeles en los oídos de la delegación criolla, poco acostumbrada a lidiar con el riesgo que imponen las maniobras de guerra. El martes por la noche el embajador Juan Pablo Lholé agasajó con una cena en la residencia oficial al organizador del seminario, el diputado Carlos Melles, del Partido del Frente Liberal (PFL), presidente de la Comisión de Defensa, y a los panelistas argentinos. Se abordó el incidente naval sólo para dar por terminado el episodio y quedó para comentarios de los uniformados la finalización del hecho según mandan los reglamentos: un sumario con resultado previsible, fallas en el software de control de las armas. La armada de Brasil, por su parte, también tuvo que llevar el accidente a la Justicia, pues ocurrió sobre la costa próxima a Cabo Frío, a 125 kilómetros al nordeste de Rio de Janeiro.

El almirante, Eduardo Avilés, comandante de Operaciones Navales, dispuso ayer el sumario para dilucidar lo que a estas horas es un hecho: hubo fallas en el programa (software) y en el hardware de los mecanismos que controlaban uno de los cañones que hacían fuego contra una bengala. Prima facie las autoridades navales descartaron problemas de adiestramiento y en el manejo de los equipos pues la tripulación es veterana de una operación real de seis meses junto a la flota norteamericana del Mediterráneo.

• Experiencia

José Pampuro, ministro de Defensa, conoce muy bien la nave, y aquella maniobra secreta. El mismo estrenó el cargo en momentos en que el Sarandí navegaba en el operativo Solid Step, con el grupo de escoltas del portaaviones estadounidense Enterprise que luego formó parte de la ofensiva contra Irak. El destructor criollo dejó la formación 24 horas antes de una ofensiva misilística contra objetivos iraquíes. Más aún, en la reunión bilateral que mantuvieron en Ecuador a mediados de noviembre, Donald Rumsfeld, secretario de defensa de EE.UU. y José Pampuro, se habló del Sarandí como una posibilidad de incrementar la cooperación marítima en ejercitaciones extracontinentales en 2005. La maniobra que simula tiros de protección contra un misil enemigo (representado por una bengala que disparó la fragata Rademaker) se inició a las 21.30 del lunes y se detuvo segundos después. Esta táctica defensiva se practica habitualmente y consiste en el disparo de cañones de calibre intermedio (en este caso, 40 milímetros) con una cadencia de fuego muy alta. Los marinos dijeron que son alrededor de 600 tiros por minuto, una verdadera cortina de fuego, aunque la precisión no se dio por razones obvias de seguridad. El control y la puntería de esos cañones se hacen con un radar que tiene asociada una cámara de TV de alta definición, de manera que el operador siempre «ve» el blanco, ilustró una alta fuente naval. Sucedió que la falla en el programa hizo que uno de los cañones saliera de puntería -giró 90 grados hacia la fragata brasileña, disparando mientras que el radar y la cámara de TV siempre estuvieron sobre la bengala. «Cuando se dio el alto el fuego, los dos cañones deben haber impactado entre cuatro y cinco tiros», afirmaron fuentes navales.

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