La Legislatura porteña sancionará mañana una ley para obligar a Aníbal Ibarra a separar las elecciones de la Capital Federal de las nacionales que se harán el 30 de marzo. A pesar de esa medida, en contra de lo que venía anunciando el jefe de gobierno porteño, Ibarra piensa adelantar los comicios locales. La fecha que manejan en el Ejecutivo y en la Legislatura es mayo de 2003, es decir, cuatro o cinco meses antes de lo previsto para la renovación de los cargos de jefe y vicejefe de gobierno y legisladores. En la Ciudad de Buenos Aires, con o sin adelantamiento, se renueva la totalidad de las bancas, los 60 lugares, debido a que los dos primeros períodos de la Legislatura, que se inició en 1997, fueron más cortos que los cuatro años regulares que marca la Constitución local. Ibarra se había anticipado a convocar verbalmente a elecciones del distrito para el 30 de marzo, tras el anuncio que había hecho Eduardo Duhalde sobre la convocatoria nacional. Fue en una etapa de acercamiento a Elisa Carrió, quien sigue reclamando por la caducidad de todos los mandatos del Congreso. Incluso los frepasistas especularon con la candidatura a la reelección de Ibarra en una boleta con Carrió presidente, pero el romance, aun después de aparecer juntos con la proclama «que se vayan todos», no prospera. La última presentación en ese sentido la cacique del ARI la hizo con nuevos socios, Luis Zamora y el sindicalista Víctor De Gennaro. Esa señal pesó en el Frente Grande de Ibarra, que comenzó a estar de acuerdo con los sectores opositores al gobierno porteño, los que se niegan a la elección conjunta.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Tal como anticipó este diario, los legisladores redactaron un proyecto de ley para imponer el desdoblamiento.
Con la intención de no salir perdedor del todo en la partida, el jefe de Gobierno porteño comenzó a dar señales de que está dispuesto a ser coherente con su primera convocatoria para ponerles fecha a los comicios antes de lo previsto.
Ibarra demorará todo lo posible la definición sobre la fecha. Todavía está pendiente en el Congreso, además, la norma que le transferirá el poder de convocar a elecciones de diputados nacionales por la Ciudad de Buenos Aires, un llamado que hasta ahora tiene como atribución el Presidente. Con esa excusa se tomará tiempo, pero la idea que amasa es no separar demasiado los comicios propios de los nacionales, por un lado para frenar cualquier intento de que un candidato a presidente perdedor intente disputarle la silla meses después (piensan en Rodolfo Terragno o Luis Zamora). Por otra parte, sus asesores lo alertan sobre la situación económica que no se solucionará en meses para darle impulso a su gestión y que en ese escenario el desgaste lo pondría en riesgo de bajar las chances a ser reelecto.
Mientras tanto, el frentista sueña con encontrar la pata peronista para conformar una nueva alianza o frente, pero no logra sumar adeptos de esas filas todavía.
Los aliados extrapartidarios con los que contaba en la Legislatura abrieron juego propio. Como ejemplo, el interbloque al que llaman «Barrio Chino» (Jorge Mercado, Ricardo Bussaca y Jorge Giorno) ensaya la candidatura a jefe de Gobierno del juez Silva Garretón, el primero en fallar contra el «corralito»; el ex belicista Enrique Rodríguez, quien mantuvo cierto apoyo al gobierno porteño hace un tiempo, integra los comandos de campaña de Adolfo Rodríguez Saá y sería él mismo un potencial candidato para la disputa porteña; otro ex aliado, Oscar Moscariello, participa ahora del lanzamiento de Mauricio Macri a jefe de Gobierno porteño.
Dejá tu comentario