Fugaz visita a París por deuda y Betancourt
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Nicolas Sarkozy
Ayer, por medio de una carta, el francés le pidió a Cristina de Kirchner su colaboración para lograr un acuerdo humanitario con la cúpula de las FARC para que pongan fin al cautiverio de Betancourt.
En esa nota, enviada y firmada por Sarkozy, le anuncia a la Presidente que «se apresta a dirigir a los comandantes de la guerrilla un mensaje televisado, pidiéndoles que realicen un gesto humanitario y un gesto de humanidad: la liberación inmediata de la señora Betancourt».
Ayer, en tanto, Sarkozy dialogó vía telefónica con Hugo Chávez para ponerlo al tanto de la operación que se aceleró cuando arrecian las versiones sobre el supuesto crítico estado de salud de la ex candidata presidencial, que permanece secuestradadesde hace 6 años. En Casa Rosada traducen los argumentos que esgrime Sarkozy para pretender un involucramiento profundo de la Presidente en el caso Betancourt. Dicen que, además de su condición de mujer, el francés valora que la argentina mantiene diálogo, aunque duro, con el colombiano Alvaro Uribe.
Esto, según esa mirada, es clave porque en Francia no consideran factible que ningún intento de negociación con las FARC llegue a buen puerto si no cuenta con el ok de la administración de Uribe.
Hay ejemplos: cuando Néstor Kirchner se internó, invitado por Chávez en la selva colombiana, el canje de rehenes fracasó por la «poca predisposición» del gobierno de Colombia, según confesó el ex presidente en su regreso a la Argentina. «Ahí estaban los bombarderos: así nunca se iba a hacer», dijo, molesto.
Ahora, Sarkozy trata de avanzar en los tres frentes; mantiene diálogo con Uribe, trata de neutralizar a Chávez y busca como aliada local a la Presidente.
La decisión de la Presidente de viajar, aunque a riesgo de que por esos días siga candente el conflicto con el campo y se exponga a las críticas de estar en París en medio de un creciente desabastecimiento, tiene a su vez una explicación política.
Sarkozy le ofrecerá a De Kirchner interceder en la disputa entre el gobierno y el Club de París, organismo con el cual la Argentina arrastra una deuda de 6.500 millones de dólares. Los países miembro del club incluyen en la negociación que se ponga al FMI como observador.
La Argentina resiste ese punto. Sarkozy, a su vez, tiene un interés particular: parte de la financiación del tren bala Buenos Aires-Rosario se haría con fondos de inversores franceses. De hecho, la licitación para la construcción quedó en manos de la empresa francesa Alstom.
Pero en Europa, condicional el otorgamiento de créditos a la Argentina, a que se destrabe el conflicto con el Club de París. Sarkozy, dicen en gobierno, promete dar una mano. Cristina de Kirchner deberá, como contraprestación, intervenir de lleno en el caso Betancourt en el que su esposo tuvo un tropiezo.



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