García Márquez, imperdible
Como celebración del cumpleaños número 75 de Gabriel García Márquez, el 6 de este mes, la revista "Gente" publicó una imperdible selección de frases brillantes del genial escritor colombiano donde comenta su labor como periodista, enfrenta las críticas a su relación con el poder y los poderosos, señala que cuando ganó el Nobel ya no era pobre, "de modo que el dinero no me cambió para nada", ofrece una lúcida visión sobre la Argentina y los argentinos, reitera su admiración por Borges y Bioy Casares y, como en toda su obra, habla del amor, la muerte, la memoria, los poderes de la fantasía, el paso del tiempo. Ofrecemos algunas de las frases más salientes de García Márquez ofrecidas en ese artículo.
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• Botas. «En Caracas, durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, fui a cubrir una reunión a puerta cerrada de los altos mandos militares. De repente, la puerta se abrió, salió un general con su arma en la mano y las botas llenas de barro, y nos dijo que Pérez Jiménez había sido destituido, y que el nuevo líder de Venezuela sería el almirante Wolfgang Larrazábal. Quedé impresionado. ¿Cómo el poder se decidía así, en una simple reunión? ¡No lo podía creer! Esa experiencia fue la semilla de mi novela 'El otoño del patriarca'.»
• Oficio. «Lo confieso en muy pocas palabras: si paro de escribir... ¡me muero!»
• Padre. «Mi padre quería que yo tuviera un diploma. Empecé a estudiar abogacía, pero la abandoné por un primer y oscuro puesto en un diario. Muchos años después gané el Premio Nobel, pero mi padre no se alegró demasiado: seguía añorando mi diploma...»
• Argentina. «La crisis y los padecimientos han latinoamericanizado a la Argentina. Y eso es bueno. Porque lo otro, lo europeo, ya lo tenían. Las grandes obras de teatro se estrenaban en Londres, en París... y en Buenos Aires.»
• Sabiduría. «La sabiduría nos llega... ¡cuándo ya no nos sirve de nada!»
• No. «Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir No cuando es No, y a no arrepentirme de lo dicho.»
• Miedo. «Nunca releo mis libros, porque me da miedo. Y ya que hablo del miedo, confieso que fue mi primer sentimiento, y el que todavía me domina. Mi recuerdo más remoto data de cuando tenía un año, me había hecho caca encima, y lloraba aferrado a los barrotes de la cuna esperando que me cambiaran el pañal. Pero no por sentirme mojado y maloliente: por miedo a que la caca ensuciara un mameluco con florcitas azules que acababan de comprarme. Digamos que mi primer miedo... fue un miedo estético.»
• Memoria. «Los recuerdos verdaderos parecen fantasmas, mientras que los falsos son tan convincentes que sustituyen a la realidad.»
• Infidelidad. «Hay que ser infiel, pero nunca desleal.»
• Envidia. «Tengo una gran suerte: la envidia no me llega. Si alguien, por envidia, habla mal de mí, me duele, y mucho. Pero dos días después, juro por mi madre que no me acuerdo...»
• Olvido. «Me considero un profesional de la memoria. He vivido toda la vida de la memoria. Sin embargo, ahora empiezo a olvidar los números de teléfono. Es como si mi disco duro estuviera lleno, y tuviera que empezar a ayudarlo con disquetes, y tampoco tuviera disquetes.»
• Retorno. «Es posible que jamás vuelva a la Argentina. Antes no iba porque estaban los militares, y ahora, porque son capaces de matarme de amor. Por exceso de amigos.»
• Machismo. «Por desgracia, el machismo es producto del matriarcado. De las duras mujeres que nos formaron. Eso viene de antiguo. Las mujeres griegas les decían a sus hijos cuando partían a combatir: 'Regresas con el escudo o regresas sobre el escudo'.»
• Ideología. «Cada vez que escribí sobre amores no hice otra cosa que contar la historia de amor de mi padre y de mi madre. Fueron mis únicas musas. Mi padre era conservador, y mi madre, duramente liberal. Cuando se enamoraron hubo una verdadera catástrofe ideológica. Pero eso no impidió que de tal enfrentamiento político nacieran once hijos.»
• Inspiración. «No hice otra cosa en la vida que preguntarle cosas a la gente. Por eso soy periodista, y por eso también soy escritor. Cuando escribo tengo las ventanas abiertas para que entren los ruidos, los gritos, los olores. Y todo eso va a parar a mis libros. El verdadero realismo mágico está en todas las calles y en todas las gentes.»
• Bioy. «En los relatos de Bioy Casares siempre mueren los hombres... y él se dedica a consolar a las viudas. En sus buenos tiempos, según dicen, se quedó con todas...»
• Borges. «Borges y yo nunca pudimos encontrarnos, nunca coincidimos. No tengo la menor idea de cómo era. Me intimidaba mucho. Siento un gran respeto y un gran asombro por él, y lo leo siempre. Sus libros están en la cabecera de mi cama.»
• Aviones. «Siempre tuve pánico de viajar en avión. Pero a veces pienso que es el único lugar donde uno está a salvo de un terremoto.»
• Pobreza. «Antes del éxito de 'Cien años de soledad', fui muy pobre. Mientras la escribía, Mercedes, mi mujer, casi enloquece de tantas privaciones. Tardé un año y medio en escribirla, y durante ese tiempo empeñamos todo, vivimos de prestado y le debíamos a cada santo una vela. Sólo nos teníamos a nosotros mismos y a unos pocos amigos. Después del éxito de la novela me sepultó una avalancha de amigos. Pero sólo confié en los anteriores, en los amigos de la pobreza.»
• Nobel. «Quiero desmitificar el Nobel. Por lo menos, el mío. No me sirvió para vender más libros, porque ya antes vendía muchos. Ese día, mi madre siguió tejiendo en su casa como si nada hubiera pasado. Cuando lo gané ya no era pobre, de modo que el dinero no me cambió nada. El teléfono de mi casa estaba descompuesto, y el Nobel no ayudó a que me lo compusieran. En realidad, creo que para lo único que me sirvió fue para no hacer cola en ninguna parte.»




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