Carlos Chacho Alvarezdio ayer un giro sobre su propio portazo al gobierno nacional y como siestuviera encerrado en una puerta giratoriapidió una reunión con los diputadosdel Frente Grande para que unifiquen posiciones y presionen sobre la sancióndel presupuesto nacional. La cada vez más desorientada tropa chachista, seencontró también con el diagrama de una nueva estrategia que Alvarez practicarápara recomponer su frente interno, que le pide una y otra vez que explique conmayor precisión la idea de acuñar ahora un movimiento independiente, y al mismotiempo, liderar una fuerza política. El ex vicepresidente, ya asentando en lasede del Frente Grande a una cuadra del Congreso, mantuvo la reunión semanaldel reducido grupo de acólitos que lo acompaña a esa rutina: Darío Alessandro,Rodolfo Rodil, Juan Pablo Cafiero y Graciela Fernández Meijide (del grupoque en la Capital llaman «la familia») más Aníbal Ibarra, sobre quien nose hacen comentarios en esas tertulias (se lo perdona con el silencio por loque consideran deslices mediáticos del jefe de la Ciudad). Sobre su distritotambién avanzó Chacho en una agenda que agradó a los comensales de unfrugal almuerzo con gaseosas ligth. Ese cronograma de gestión partidariaincluye reuniones con todos los legisladores y funcionarios del Frente Grande(es decir, están excluidos los socios menores del Frepaso como el socialismo)para compartir una suerte de catarsis postrenuncia. Allí explicará Chacho losmotivos del alejamiento de la función pública, en un acto de acercamiento a laconfundida tropa frentista, y en qué consiste el movimiento de ParticipaciónCiudadana al que convoca vía Internet. Pero además, les anunciará elrelanzamiento de la Fundación Auyero, con sede casi enfrente del búnkerchachista.
Vigilancia
Esa reinauguraciónserá la verdadera preparatoria de Alvarez: quiere desde allí vigilar lagestión de cada uno de los funcionarios que están ahora en el gobierno nacionaly al mismo tiempo que narren sus experiencias en los puestos de la funciónpública. Será impartir cátedra, de alguna manera, para generar un semillerode cuadros, casi una crisis dentro del Frepaso. Además ese control le servirápara evitar sorpresas, con un adoctrinamiento sistemático en diversascuestiones que se presenten.
Para empezar, Alvarezse reunirá mañana con sus diputados nacionales. Ese encuentro lo planteódurante el almuerzo, que llevó dos horas, con dos objetivos. El primero será eldebut, con su presencia, de una explicación sobre sus próximos pasos y los quelo llevaron a la renuncia. El segundo y al que más atención prestaron Rodily Cafiero, se referirá al presupuesto. Se dijo allí que «hay que buscarconsenso para que el gobierno tenga aprobada la ley en el plazo que lonecesita, antes de fin de noviembre». En esa cuestión vio Ibarra laoportunidad de intervenir, ya que venía de aleccionar a sus ministros sobre losargumentos de por qué la Capital no debe pagar lo que el PJ pide para balancearlas cuentas nacionales. Recitó Ibarra esa contabilidad, en la queinsiste en que no recibe coparticipación y enseguida se pasó al otro tema.
Lo que preocupaba a lamesa era esa idea de controlar la gestión de los funcionarios propios. Se hablóincluso de que había que tener en cuenta el sistema presidencialista, peroinmediatamente se cambió el tono: nadie, ni Alvarez intentaban interferir enel mando de Fernando de la Rúa, coincidencia para la que bastó que se cruzaranlas miradas de los presentes. En cambio se explicó que «hay funcionariosnuestros que nos están pidiendo hablar, porque en casos puntuales se sientendesorientados». A esos, se dijo, Carlos Chacho Alvarez se los atendiópersonalmente.
«Hay funcionariosnuestros, o propuestos por nosotros que están buscando una indicación másprecisa de cuál es su rol dentro del gobierno»,
Promesa
«Es por eso
Esa última junta, deocupantes de cargos del Frente Grande, incluirá a los del gobierno de Ibarra(aunque no había en principio mucho consenso para esa participaciónporteña), se hará el viernes y oficiará de estreno de la ronda que irá a rendirexamen a la Fundación Auyero.




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