En no menos de 48 horas, de la Rúa volverá a dar un discurso. Hablará sobre el plebiscito para reducir el costo político, tema caro para el país en más de un sentido. Como la idea tuvo muchas críticas propondrá que si las agrupaciones políticas consideran innecesaria la consulta, entonces que aprueben en el Parlamento la reforma política ya enviada por el gobierno.
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Sencillo: ley o plebiscito. Dilema a resolver por los partidos, mientras De la Rúa se muestra como el hombre dispuesto a desmontar el costo político (aunque él hiciera carrera como prebendatario de ese gasto). Elige la propuesta de Ramón Mestre -el único ministro que tiene asegurado el puesto luego de las elecciones-, quien sugirió esta forma de «apriete» para sus colegas de gremio.
Un alivio para un sector del gobierno. Una decepción para quienes imaginaban que la convocatoria sería una apelación a quienes defienden la modernización de la economía y la racionalidad fiscal frente al arcaísmo de los Alfonsín, Moreau o Storani, quienes presionaron para que De la Rúa fuera atrás con su jugada.
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