1 de octubre 2003 - 00:00

Hay vida política más allá de tanto comicio

Pasada la elección de Misiones, el gobierno, el peronismo y la oposición tienen ya un panorama claro en lo político para encarar los 4 años "reales" del mandato de Néstor Kirchner. No queda hasta el 10 de diciembre ninguna elección de gravitación en lo nacional como fue la puja Puerta-Rovira del domingo, que decantó las relaciones Kirchner-Duhalde. Ahora empiezan las pujas suspendidas por el proselitismo. Una es la estrategia del país para enfrentar los juicios de las empresas extranjeras por la pesificación. Lavagna se ve fuera del diseño de esa estrategia, en la cual el gobierno prefiere el asesoramiento de sociólogos de la universidad y ahora de la CEPAL, adonde se quiso imponer como titular a Chacho Alvarez. Tampoco termina de digerir el pasado cavallista en la cúpula de la Jefatura de Gabinete, la cercanía de Eduardo Curia con De Vido y la autonomía mayor del dúo Alfonso Prat-Gay-Pedro Lacoste. Por eso se sigue hablando de pases ministeriales frente a la poca credibilidad que despierta Gustavo Béliz (se lo quiere sacar hacia la embajada en el Vaticano). Ruckauf, por su lado, sobrevive ahora sólo a la sombra de Duhalde y cree que será importante en una reforma de la Constitución.

MÁS JUICIOS, PERO NO HAY ESTRATEGIA

El gobierno ya acumula u$s 17 mil millones en juicios en el CIADI, tribunal del Banco Mundial para resolver conflictos entre países y empresas, y no encuentra todavía una estrategia. Por ejemplo, la Procuración del Tesoro de Horacio Rosatti ha heredado apoderados extranjeros contratados para defender al país por su antecesor Rubén Citara (por lo menos dos, un brasileño y un español), y no sabe si se les renovará la comanda. Rodolfo Lavagna ha rechazado dos caminos extremos: denunciar el tratado de protección recíproca de inversiones con varios países (requiere la sanción de leyes) o suspender su vigencia (bastaría un decreto de necesidad y urgencia) porque implican tomar un camino imposible políticamente.

La última demanda que entró a la Procuración es la de una empresa transportadora de gas y pide directamente un resarcimiento por expropiación por haberle pesificado las tarifas. Eso, dice la demanda, les volteó la ecuación de la inversión y es una expropiación lisa y llama. Los demandantes plantean eso, claro, porque saben que la CIADI de la única manera que se declara para dar una sentencia que condene a un país es por expropiación.


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Para colmo, está por salir un juicio a favor de Mendoza, Misiones y La Pampa por $ 600 millones que está en la Corte y tiene luz verde del procurador Becerra porque en 1996, antes de irse, Cavallo y Menem firmaron un decreto extendiendo la promoción industrial a las 5 provincias históricas. El juicio es por discriminación y se pueden prender después de esa sentencia otras provincias. El abogado de Mendoza es Efraín Quevedo Mendoza, hoy el principal asesor jurídico de Julio De Vido, que lo fue de Rodolfo Gabrielli, para quien redactó el último pacto fiscal que firmó Nación con las provincias apenas asumió Duhalde y antes, como fiscal de Estado de José Bordón, fue corredactor del convenio para el pago de las regalías mal liquidadas por la Nación a las provincias petroleras, según un argumento jurídico que inventó José Luis Manzano desde diputados. Es por eso «Efraín» -como le llaman los amigos a este abogado mendocino- para un hombre como Kirchner, para Juan Carlos Romero o para Julio De Vido y también para los mendocinos. Estos desvelos que serían de la Procuración del Tesoro terminan todos en la oficina de Lavagna, que ve además cómo desde la Casa de Gobierno siguen abriendo alternativas para enfrentar las relaciones con las privatizadas con la revisión de contratos, eufemismo del aumento de tarifas. Al equipo que De Vido tiene contratado de la Flacso para asesorar en ese debate (las cabezas salientes son Daniel Azpiazu y Martín Schorr autores del libro «Crónica de una sumisión anunciada» que critica la política de tarifas de Menem pero también de Duhalde), se agregó en el último mes la CEPAL. Con ese propósito, se hizo el intento de proponer al licenciado en Historia y vicepresidente como secretario general de esa agencia de la ONU. Con ninguna de estas líneas de trabajo está de acuerdo Lavagna en tema central para cualquier rumbo que tome la economía.

LAVAGNA VE CADA VEZ MÁS SEÑALES DE ALARMA

Tanto tintineo atrae a gente conocida a la cúpula del gobierno que Lavagna mira como amenazas para su gestión, al ver que la Casa de Gobierno sigue consultando sobre Economía en temas de su competencia. ¿Por qué Alberto Fernández ordenó a sus secretarias que no informen sobre su agenda de entrevistas? Porque hay allegados del ministro que relatan, como señal de alarma, el recuerdo del cavallismo pasado de hombres como Fernández o a su segundo, Juan Carlos Pezoa, que fue el hombre de Cavallo para atender a las provincias cuando era ministro de Menem. En otros países, la agenda de los funcionarios del Estado es pública y secreto es sólo lo que la ley señala como tal. Nadie dice haber visto a nadie comprometedor en el despacho de A. Fernández, pero mejor esconder las agendas.

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Otra: la brecha entre el kirchnerismo y Lavagna parece cada vez más honda. Lo acosan esas presencias cavallistas cerca de Alberto Fernández, como la de Eduardo Curia y sus amigos cerca de De Vido y la autonomía de la dupla Prat-Gay-Lacoste, que van tramando de a poco la doctrina que necesita un gobierno que aún busca a su Lidolfo Paramio (ideólogo de Felipe González), su Peter Mandelson (el de Tony Blair) o su Marco Aurelio García (el mentor de Lula Da Silva): protección, autarquía, reparto en jubilaciones, estado empresario y controlador de la inversión, banca direccionada a financiar obras públicas y confiar el gerenciamiento de servicios a las firmas privadas que acepten quedar liberadas del riesgo de invertir y, para rematar, un sector intocable, el de los hidrocarburos.

Frente a tantas señales, Lavagna hace decir este argumento: «Me pidieron que tomara una colina (la salida de la crisis que dejó Remes) y la cumplí; me pidieron tomar una segunda colina (el acuerdo de enero con el Fondo) y cumplí; me pidieron tomar una tercera colina (este acuerdo con el Fondo) y también cumplí. ¿No habrá llegado la hora de no tentar más a la suerte e irme a mi casa con esos logros?»

POR QUÉ BIELSA PODRÍA DEJAR LA CANCILLERÍA

Esto empuja más las versiones que difunde el propio gobierno de que Gustavo Béliz puede irse al Vaticano, no tanto por simpatía con ese destino sino porque está furioso con la designación de Raúl Zaffaroni («El Presidente me ha informado que es su candidato a la Corte», es como lo presentó y lo presenta al polémico postulante) y la victoria de Ibarra lo saca de nuevo de la cancha en Capital, adonde el gobierno anota para el futuro sólo a Alberto Fernández y a Daniel Scioli (es la doctrina oficial de Duhalde, según los reportajes de la semana pasada). Bielsa quiere ir a Justicia, adonde cree que se moverá más fácil que en la Cancillería, donde lo dan por desairado en el viaje a los EE.UU. por la presencia de quien puede ser su reemplazante, el hasta ahora lavagnista Bordón. De Nueva York salió la versión de que Bielsa estuviera ausente de actos junto al Presidente (no figuró en el Council on Foreign Relations ni en el cóctel del consulado). Tampoco lo beneficia la presencia en Nueva York del lobbysta Saúl Rotzstein, que fue funcionario fugaz de Carlos Ruckauf. También fue importante en esta visita otra espada del ruckaufismo como Aníbal Fernández, compañero de ruta de Ruckauf en casi todos los viajes oficiales que éste realizó como canciller a los Estados Unidos. Ahora lo hizo como ministro de Kirchner y miembro nuevo del círculo íntimo del Presidente.

RUCKAUF SE ANOTA PARA REFORMAR CONSTITUCIÓN

A qué tanto antirruckaufismo en el gobierno? No sólo las viejas cuitas del Presidente durante la campaña -el ex canciller fue el anfitrión de la cena en Villa Gesell, adonde Duhalde lo iba a esmerilar con el No de Roberto Lavagna a ser candidato a vice, gambito que el santacruceño desbarató con el apurado anuncio de que se haría acompañar por Scioli. También porque los movimientos últimos de Duhalde tienen un penetrante aroma ruckaufista: lo exhibe como asesor de la Secretaría del Mercosur que asumirá la semana que viene en Montevideo; lo defendió como integrante de la lista de diputados nacionales antes de la elección. La semana pasada lo halagó nombrando al principal socio de Ruckauf en la puja contra Solá, a Juan José Alvarez como ministro de Seguridad, la cartera en la que el gobernador hizo su apuesta más fuerte. Para adelante, Duhalde le ha confiado a Ruckauf que elabore un proyecto de reforma constitucional que discutirá el PJ para presentarle a Kirchner para que tenga en cuenta en la convocatoria reformista que él le ha encargado a Aníbal Fernández. Esa reforma duhaldo-ruckaufista tiene un sentido que busca abrazar de nuevo a los radicales que quedan: avanzar en la instauración en la Argentina de un sistema parlamentario a la europea que -cree Duhalde-hubiera salvado al país del trauma de la renuncia adelantada de Fernando de la Rúa. El incansable «Rucucu» recorre en estas horas el espinel de los constitucionalistas peronistas, una etnia muy poblada.


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Si con todo esto Bielsa termina en la Cancillería, los que siguen la interna del gobierno insisten en que esa cartera iría para Lavagna o a Bordón. Lo que nadie responde es sobre quién iría en ese caso a Economía. En el dibujo más viejo del gabinete de Kirchner -cuando asumió en mayo pasado-esta cartera terminaba anegada por Obras Públicas (Infraestructura) y sus funciones trasladadas a una Secretaría de Hacienda que informase directamente al Presidente como lo hace la Oficina del Presupuesto de la Casa Blanca en los Estados Unidos. El Presidente ha dicho siempre que no cree en que su gobierno necesite de un ministro de Economía fuerte, algo que piensa es propio de administraciones débiles. El prefiere que la hacienda la maneje algún contador y que la carga de la administración de la economía la lleve la cartera de Obras Públicas, Producción, Planeamiento o Infraestructura o como se la quiera llamar. Desde ésta se pueden dar, de aquí en más, algunas buenas noticias. Desde Hacienda, sólo malas noticias. La principal, que ni Lavagna ni nadie que esté hoy en el gobierno tiene un plan para que la economía crezca en el sentido clásico de un programa económico con objetivos, metas y una estrategia para lograr. Desde Obras Públicas puede eximirse a un gobierno de tener un plan, y más si los sectores empresarios y la banca admiten esta nueva idea del «partnership», según la cual el gobierno direcciona el gasto, decide quién lo ejecuta y confía la gerencia al sector privado que se resigne a que ha terminado la era de la desregulación.

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