Aníbal Ibarra convocó ayer a todo su plantel de funcionarios más jerarquizados, unas doscientas personas, que se reunieron en el Centro Cultural San Martín para escucharlo. Si bien es una tenida que hace anualmente el jefe de Gobierno porteño, en esta ocasión innovó: les dijo que «la tranquilidad es un estado de ánimo que no está permitido en la gestión», conocedor de que su gobierno no da la sensación de obedecer a ese postulado. Ibarra le propuso a su plantel que oficie de prensero de las bondades de su gestión, de la «transversalidad de la gestión», que -opinó- es « muy buena». Está concentrado en colocar la obra pública en el eje de su último mandato y para eso destinó más de $ 1.100 millones para el año próximo en el presupuesto de Infraestructura, la cartera que tiene a cargo Roberto Feletti.
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Sueña el jefe de Gobierno con ser recordado en las enciclopedias porteñas como «Ibarra, el de los subtes». Por eso ayer les repartió a sus funcionarios una cajita con nueve folletos y un CD que integran el proyecto Buenos Aires 10 con el que cree pasará a la historia.
Por otra parte, les prometió agilizar la tarea administrativa. Por ejemplo, ya envió a la Legislatura porteña el nuevo sistema de compras y contrataciones que -si bien se exceptúa a la obra pública de ese régimen- eleva a $ 1 millón los gastos que pueden realizarse sin contar con un dictamen de la Procuración, como ocurre actualmente. El gobierno estudia enviar otros proyectos similares para acelerar el proceso de licitaciones, que le permitan a Ibarra ganar tiempo y gastar más rápidamente tanto en función de las elecciones próximas como de la sucesión 2007, cuando ya no pueda ser reelecto.
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