El dato más insignificante, quizá, de las plateas colmadas de la Casa de Gobierno en espera del anuncio económico ayer, fue la presencia del suspendido jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, en primera fila del auditorio. Sin embargo, para los porteños allí presentes -entre ellos, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández-que siguen de cerca el juicio político al mandatario se encendieron algunas luces con la idea de mirar si efectivamente Néstor Kirchner se reunía a solas con él. Es al menos la tercera oportunidad, desde que fue suspendido en sus funciones al abrirse el enjuiciamiento político, que Ibarra visita la Casa de Gobierno alistándose como público en distintos actos donde pone interés en los retratos que le deja la ocasión.
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Mientras tanto, el llamado «comité de crisis» que conforma parte del gabinete local -entre otros, el cultural Gustavo López, la procuradora Alejandra Taddei, el comunicador Daniel Rosso y el jefe de Gabinete, Raúl Fernández-viene alentando un calendario que Ibarra no termina de aceptar: que antes del 5 de enero llegue a las audiencias de su juicio político con una conversación previa tanto con Kirchner, como con Elisa Carrió y hasta con Mauricio Macri, de ser posible.
Esas cumbres, que imaginan secretas, tendrían como finalidad buscar un atajo en la crisis política de la Capital Federal, con el jefe porteño suspendido y el vicejefe a cargo en una situación incierta sobre lo que será su futuro, tanto si Ibarra regresa como si definitivamente queda desplazado.
El Presidente, si bien le tramita el pasaporte a Ibarra para que participe de cuanto acto hay en la Casa de Gobierno (el primero en carácter de suspendido al que asistió fue la asunción de los nuevos ministros), no le ha dado señales claras de cuál es la postura que adoptarán los tres legisladores que integran la sala de juzgamiento compuesta por 15 diputados, donde Ibarra hasta ahora cuenta con apenas dos votos a su favor y requiere 6 para regresar a su cargo.
Además, el ibarrismo se ve confundido con esa amabilidad presidencial, porque no tiene como intermediario a Alberto Fernández, quien siempre se ha manifestado en contra del desplazamiento del mandatario porteño, sino a Carlos Zannini, referente del sector de los llamados «pingüinos» en el gobierno y quien intenta un desembarco en la Capital Federal agitando la agrupación Compromiso K que ha lanzado días atrás.
Para más, nadie entiende cómo en la misma Casa de Gobierno, Ibarra se ha cruzado con su hermana, la senadora Vilma, a quien han visto sorprendida por la presencia familiar en ese ámbito. Un encuentro con Carrió, creen los ibarristas, sería en función de esbozar algún tipo de acuerdo de gobernabilidad en caso de que el ARI defina no destituir al jefe porteño, algo que nadie hoy tiene claro, ya que, si el kirchnerismo finalmente se inclinara por no votar la destitución del mandatario, será el ARI el que tenga la llave de la definición con los dos legisladores de esa fuerza que integran la sala de juzgamiento.
A su vez, el ibarrismo sueña con un intercambio con la oposición más fuerte que tiene en la Ciudad, la alianza de Mauricio Macri con Ricardo López Murphy, en una sintonía similar al propósito de abordar a los aristas. Después de todo, tanto el macrismo como el ARI tienen en el Gobierno porteño funcionarios que les son afines. Por un lado, el secretario de Seguridad, Diego Gorgal, un duhaldista que ha dejado allí Juan José Alvarez y que supo integrar el grupo Sophia que anima el segundo de Macri en Compromiso para el Cambio, Horacio Rodríguez Larreta (h), mientras que aseguran que después de la partida de la subsecretaria de Educación Delia Bisutti del Gobiernoporteño (justamente ante el desembarcode Alvarez tras la tragedia de Cromañón)habría quedado una porción de aristasaún trabajando en la gestión, a pesar de que los diputados de ese bloque votaron a favor de la apertura del juicio político a Ibarra.
El próximo paso en ese proceso es la reunión que debe fijar Julio Maier de la sala de juzgamiento para resolver la impugnación que formuló Ibarra a uno de sus miembros, la que sería rechazada. También Maier, presidente del Tribunal Superior de Justicia y de la sala, debe decidir si aceptará toda la prueba peticionada por el acusado y los acusadores, y con diez días de anticipación, convocar a los testigos. Por eso se calcula que las sesiones del juicio no comenzarán antes del 5 de enero próximo, es decir, después que pase el primer aniversario del trágico accidente del local bailable que ha provocado el enjuiciamiento de Ibarra.
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