En medio de la pomposa y por momentos innecesaria organización del acto en que Cristina de Kirchner se dirigiría más tarde a la ciudadanía en la Plaza de Mayo, se produjeron situaciones ya clásicas cuando punteros peronistas y organizaciones sociales oficialistas se trenzaron a trompadas y pedradas.
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No era la primera vez. Horas antes ya había ocurrido lo mismo, pero frente al Congreso de la Nación donde la Presidente daría su primer discurso con su flamante cargo. Apenas pasado el horario límite del asueto decretado desde las 12 del mediodía por Néstor Kirchner, los colectivos (obviamente pagos) comenzaron de a poco a asomarse en las zonas aledañas a la Plaza, colmando la capacidad sobre las aceras de la avenida 9 de Julio.
Entre bombos y estribillos combinados con la liturgia peronista, los diferentes sectores fueron arribando a la zona que a esa altura ya se encontraba «sitiada» por agentes policiales, quienes mantenían las calles lindantes cortadas con extrema vigilancia.
Entre ellas se encontraban todas las que iban desde avenida Córdoba hasta Bartolomé Mitre, que desembocaban en la avenida Leandro Alem, paisaje que si se transitaba en auto o colectivo presentaba una inusual fotografía debido a la escasa presencia de ejecutivos y empleados administrativos.
En tanto y recordando viejas épocas de internismo justicialista, durante el acomodamiento de los sectores en las zonas estratégicas frente a la Casa Rosada, dos grupos bien identificados se trenzaron a golpes y con puntas de banderas y cascotes para dispersarse mutuamente y quedarse con el mejor lugar frente al escenario donde más tarde desfilarían decenas de artistas que comulgan con el kirchnerismo.
Miembros del gremio de la construcción (UOCRA), de ex combatientes de la Guerra de Malvinas y la agrupación piquetera Barrios de Pie, conducida por Jorge Ceballos ignoraron por completo la presencia policial y transformaron la vía pública en un inmenso ring de box.
Minutos antes de la asunción de la esposa de Kirchner en el Congreso de la Nación, piqueteros oficialistas ya habían dirimido sus diferencias mediante corridas y golpes de puño ante la casi nula reacción policial. Como un anticipo de lo que pasaría después, estos incidentes fueron protagonizados por la agrupación Libres del Sur y un sector del PJ del partido bonaerense de Malvinas Argentinas, pero tras varios minutos de confrontación y como «si las fieras sólo pudieran ser calmadas por la voz de su líder», los manifestantes dieron por terminadas las violentas disputas y continuaron escuchando el discurso de Cristina de Kirchner, como si nada hubiera ocurrido.
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