Apropiada como pocas fue la respuesta de Cristina Kirchner cuando, en Nueva York, la interrogaron sobre la conveniencia para el gobierno de su marido de que cambie, o no, el gobierno de EE.UU. Casi con diplomacia, respondió: «Así como no nos gusta que tengan injerencia en la organización política interna nuestra, a nosotros no nos gusta opinar de la organización política interna de otro país». Sin embargo, ese criterio no fue exactamente el que utilizó el Presidente, hace dos meses, cuando visitó Uruguay. Entonces, avanzó en una injerencia impropia cuando privilegió en forma demasiado obvia, casi olvidándose de que era un jefe de Estado, a favor del candidato del Frente Amplio, Tabaré Vázquez.
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