14 de septiembre 2001 - 00:00

Inquieta ola de ataques contra ciudadanos árabes

Nueva York y Washington (ANSA, AFP) - Por lo menos un centenar de incidentes y agresiones contra árabe-americanos y musulmanes que viven en Estados Unidos se registró ayer como consecuencia de la ira de ciudadanos norteamericanos por los atentados cometidos el martes contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

Unos 300 manifestantes debieron ser dispersados por la policía cuando se dirigían hacia una mezquita en Bridge-view, en las afueras de Chicago, mientras que tres personas fueron ser arrestadas. «Odio a los árabes, y siempre los odiaré», declaró Colin Zaremba, de 19 años, quien participó de la protesta.

En una teleconferencia telefónica con el alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, y con el gobernador George Pataki, el presidente George W. Bush invitó a los estadounidenses a no vengarse atacando a sus connacionales de origen árabe. La ola de ataques forzó al secretario de Estado, Colin Powell, a dar a esa minoría garantías de seguridad.

«Traten con respeto a los estadounidenses de origen árabe y a los musulmanes. No descarguen su ira contra ellos», solicitó el jefe de la Casa Blanca.


Pero para el líder de la comunidad árabe en Estados Unidos las palabras de Bush no fueron suficientes. Ziad Asali, presidente del Comité Americano-Arabe contra la Discriminación, expresó su preocupación por las insultos y los actos de violencia de los que fueron víctimas las personas de ese origen.

«Como cualquier estadounidense, los árabe-americanos sufren con esta tragedia, y ahora corren peligro y son el blanco de la rabia de los ciudadanos norteamericanos», comentó Asali.

En tanto, una bomba molotov fue lanzada contra la sociedad islámica de Denton, Texas, en la madrugada de ayer, causando daños materiales valuados en miles de dólares.

En Chicago una bomba carta fue enviada a un centro árabe, y en el suburbio de Palos High un hombre fue arrestado por haber atacado a golpes a un vendedor marroquí de una estación de servicio.

«Lo que más quieren ver los terroristas es la caída de nuestra democracia y cómo se pisan los derechos de los estadounidenses», afirmó el gobernador de Illinois,
George Ryan Said.

En Huntington, en el estado de Nueva York, un anciano ebrio intentó atropellar con su automóvil a un mujer paquistaní en un estacionamiento, después de haberla seguido en un centro comercial y amenazarla de muerte, acusándola de ser responsable de que los paquistaníes destruyan su país.

En Washington,
Tamara Alfson, una estadounidense que pasaba cerca de la Embajada de Kuwait, estuvo durante horas consolando a jóvenes de ese país que concurren a escuelas estadounidenses. «Algunos de ellos fueron agredidos», dijo.

Seis disparos fueron lanzados durante la madrugada de ayer contra una mezquita situada en los alrededores de Dallas (Texas). Una bolsa llena de sangre, con la inscripción «sangre de cerdo» --animal cuyo consumo está prohibido por el Corán-fue dejada frente al Centro Islámico de San Francisco, según la policía. En Atlanta y Chicago, las fuerzas del orden protegen las entradas de las mezquitas.

«La gente tiene miedo. Por su seguridad, preguntan a los imanes si es posible, excepcionalmente, no organizar la oración del viernes en las mezquitas», declaró
Mohammed Nimar, portavoz del Consejo de Relaciones Norteamericano-Islámicas.

En nombre de unos 7 millones de musulmanes estadounidenses, los dirigentes de nueve asociaciones norteamericanas tomaron la palabra. Pidieron a sus miembros que donen sangre para las víctimas del terrorismo y dirigieron una carta a Bush para condenar «el crimen abominable».

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