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Alvaro Uribe
En paralelo con esta recuperación del monopolio de la fuerza, su gobierno priorizó el trabajo en las cinco áreas más necesitadas y conflictivas de la ciudad, de las que el Estado se había ausentado por años. La herramienta fue la construcción, en esas zonas, de complejos arquitectónicos que incluyen lujosas bibliotecas y otros edificios públicos destinados a actividades sociales y culturales. «Nuestros más hermosos edificios deben ser para las áreas más pobres», dice Fajardo y aunque algunos le critican un excesivo gusto -deformación de su anterior profesión de matemático- por las formas geométricas, la mayoría elogia la calidad de las construcciones que se elevan hoy en medio de los barrios más humildes de Medellín.
«Sabíamos que la educación, entendida en un sentido amplio, es el eje para construir oportunidades. Un motor de transformación social. Eso incluye cultura, ciencia, participación ciudadana, emprendimiento.... Que donde había destrucción llegaran oportunidades», explicaba Fajardo. Por eso 40% de las inversiones en Medellín se canalizan hacia el sector educativo.
Esta política social va acompañada, además, de un amplísimo sistema de microcréditos para emprendimientos productivos.
La palabra clave es convivencia, hacer del espacio público «el sitio de la igualdad social». A la integración cultural y educativa debe sumarse por lo tanto la física.Fajardo había heredado una alcaidía plagada de proyectos faraónicos (Plaza de Toros techada, «mariposario», etc.) sin conexión con las necesidades de la ciudad en materia de infraestructura -todo parecido con el Tren Bala no es casualidad-, que intentó desactivar en la medida de lo posible para destinar los fondos a proyectos más modestos orientados a integrar las diferentes realidades sociales de Medellín ya que en las grandes urbes, a la fractura social se superpone la geográfica.
En una de las pocas entrevistas que concedió luego de su elección, Cristina de Kirchner dijo no creer «que la seguridad sea un problema en sí mismo, objetivo de planes aislados separados del modelo económico social, de la educación».
Sergio Fajardo bien podría darle la razón. Pero para que este argumento no sea una simple excusa, ¿dónde está el plan? ¿Dónde está la racionalidad, la coordinación y la eficiencia en las políticas públicas actuales para que también los argentinos transitemos del miedo a la esperanza?



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