18 de julio 2005 - 00:00

Insiste la Iglesia en mortificar al gobierno

Los obispos no parecen dispuestos a darle tregua al gobierno en temas que son considerados de doctrina, intocables. Ayer fue el obispo de Santiago del Estero, Juan Carlos Maccarone, quien cuestionó en su homilía dominical los proyectos kirchneristas que apuntan a despenalizar el aborto, y calificó como un «homicidio» la interrupción voluntaria del embarazo.

Monseñor Maccarone no hizo más que reiterar la postura conocida de la Iglesia sobre este tema, al que se refirió en términos más contundentes, en su momento, el obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, contra el ministro de Salud, Ginés González García, que provocó la airada reacción del presidente Néstor Kirchner, quien llegó a pedir su remoción al Vaticano, después que fue advertido de que su enojo personal no podía pasar de dejar de pagarle un sueldo.

Baseotto no fue removido por la Santa Sede y continúa en su tarea pastoral para las Fuerzas Armadas y de Seguridad. «La frivolidad respecto de las grandes cuestiones de la vida del hombre no puede llegar a gestar leyes que justifiquen la eliminación de la vida humana naciente en el seno materno», dijo ayer un ofuscado Maccarone.

• Ratificación

Durante su homilía, este obispo a quien no se le puede achacar ser conservador, enfatizó que «ya es un hombre aquel que está en camino de serlo, por lo que su eliminación es un homicidio», ratificando la doctrina de la Iglesia Católica Apostólica Romana sobre este tema.

«Las madres son tentadas, si no acosadas, por la cultura reinante para acudir al aborto en situación crítica de su maternidad o como un método de control de la natalidad»,
añadió disparando sobre el Ministerio de Salud de la Nación.

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