La cúpula de la CGT, más que el trío oficial, suele reunirse (ya lo hizo en Camioneros) para determinar futuras políticas y consensos internos. Ayer se reencontraron en Comercio, recibió Armando Cavalieri con asado y ficharon Luis Barrionuevo, Hugo Moyano, Gerardo Martínez, Oscar Lescano, Juan Manuel Palacios, Vicente Mastrocola, Oscar Viviani y Carlos West Ocampo. Lo que se dice, la «mesa chica y gorda».
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Dos claves: la CGT se ha comprometido y ya fijó líneas para forjar, con los empresarios y el gobierno, una nueva ley sobre accidentes de trabajo. Objetivo: modificar los alcances de la última acordada de la Corte Suprema, fallo que complica la vida de los trabajadores más que beneficiarlos -como supusieron los cortesanos que votaron casi por unanimidad automática (Fayt se abstuvo)-, promueve la desocupación hasta el cierre de las empresas chicas y medianas. Curioso que la CGT parezca más razonable y comprensible que el máximo tribunal de Justicia de la Argentina.
Otra cuestión importante es la negociación, ya virtualmente resuelta, con el ministro Carlos Tomada por las asignaciones familiares: se acordará el aumento para octubre. El anuncio correrá por cuenta del Presidente la semana próxima. En la reunión con Tomada, los sindicalistas propusieron un aumento de $ 80 para todos los casos. El gobierno prefiere categorizarlos, tal como adelantó Roberto Lavagna,robándole letra y jurisdicción al ministro de Trabajo.
Enredados en esos grandes temas, sin embargo, el almuerzo tuvo un tropiezo: fue cuando Moyano y el resto de los dirigentes plantearon los problemas de conducta de Susana Rueda dentro del triunvirato de la CGT. Casi una conspiración masculina para reprochar actitudes de la mujer, interesada en la promoción y -como se siente atacada- crítica del sindicalista camionero. En rigor, era una advertencia para West Ocampo, jefe del gremio de Sanidad al que pertenece la Rueda.
El aluvión sobre la dama insolente no perseguía, según ellos, ningún tipo de maniobra para desplazarla de la conducción, sino para contenerla. Eso, que no estaba planeado para el asado, derivó en una discusión interna pues West Ocampo se sintió en la obligación de defender a su preferida y, como suele ocurrir con los gallos de riña, hubo heridas varias. Todo pasó, claro, finalmente hubo chistes, pero nadie sabe qué ocurrirá el año próximo cuando el triunvirato se reduzca a un solo secretario general de la CGT. Los chispazos con la Rueda son un anticipo de que ese ejercicio venidero no será sencillo.
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