30 de diciembre 2002 - 00:00

Intenta UCR nueva alianza con Ibarra para reelección

Intenta UCR nueva alianza con Ibarra para reelección
En la Ciudad de Buenos Aires, 2003 empezará mejor de lo que Aníbal Ibarra esperaba, desde el punto de vista económico, ya que la Legislatura local aprobó el presupuesto, nuevos tributos, renegociación de la deuda pública y auxilio de Nación para el cierre sin déficit de las cuentas porteñas. No es poco en un año en el que el frentista de la extinta Alianza aspira a reelegir su puesto. No es todo, tampoco, para el capitán de un partido residual que podría hacer sus plenarios en la mesa de un bar (si ejerciera la democracia partidaria, claro). Sin embargo, el paquete leyes, que se terminó de sancionar en la mañana del sábado, cambió las relaciones políticas porteñas. Así como alivió la contabilidad ibarrista, la suma de votos dio un corte a la convivencia Ibarra-radicalismo.

«Esto es todo»
, sentenció el terragnista Cristian Caram, vicepresidente de la Legislatura, a Ibarra, como quien disuelve de común acuerdo una unión civil. Dio a entender así, el radical, que el compromiso con el jefe de Gobierno terminó a las nueve de la mañana del sábado pasado, cuando se levantó la sesión. A partir de ahora, los diputados de la UCR se declararon libres ante cualquier levantada de mano que se le solicitara en el recinto.

«Todos lo sabemos y lo entendemos así»
, resumió del bloque aliado uno de sus miembros, para ratificar que no habrá más votos condicionados,

Después de la sesión, Ibarra agradeció a Caram que todas las leyes pedidas hayan salido con voto favorable, desde la renegociación de la deuda pública, que intentó trabar el candidato a jefe de Gobierno Mauricio Macri, casual aliado de la izquierda en esa cruzada, hasta la duplicación de la tasa de Ingresos Brutos a empresas que no residan en la Capital.

«Todo salió bien, o con los votos de la izquierda o por momentos con la derecha»
, explicó Caram acerca «de todos los instrumentos para la reelección de Ibarra». Hubo algunas modificaciones en impuestos, a pedido del PJ y suerte. Fue, por ejemplo, cuando, de su bancada, Fernando Caeiro comenzó a oponerse al aumento del impuesto extrazona. «Ya se votó hace dos artículos», le explicaron al legislador que comenzó así a despabilarse. Eran ya las cuatro del sábado, de una sesión que había comenzado a las catorce del viernes. En el mismo momento y con la misma distracción de Caeiro, desparramado en su banca perdía sus zapatos el ahora kirchnerista Eduardo Valdez, a quien sus compañeros de bloque se los escondieron sin que pudiera moverse del recinto hasta la hora del desayuno.

Ese clima festivo se alteraba en los momentos en que faltaban votantes para Ibarra. Para reclutarlos, participaron activamente el secretario de Hacienda porteño, Miguel Pesce, y su subsecretario de Rentas, José Luis Dipólito. Con una planilla, punteaban los votos y, ante alguna traba, esos dos funcionarios radicales se acercaban a las bancas con terapia de convencimiento.

Los más duros y ofuscados resultaron ser los diputados de Gustavo Béliz, quienes partieron el bloque PJ con su decisión de ejercer la oposición al contrincante de su jefe en las próximas elecciones porteñas. Esa actitud colocó al belicismo más cerca del macrismo, que, por ejemplo, negó el voto a la renegociación de la deuda pública, asegurando que 2004 «será el año del default».

Dentro de los aliados del ibarrismo, el socialismo debió torcer su postura y aprobar las leyes, ya que ponía en juego hasta el cargo de auditor legislativo de su candidato a jefe de Gobierno, Norberto La Porta.

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