«A Gerardo Martínez las cosas se le escaparon de las manos. Ayer nos habló y nos dijo que iba a hacer un acto en Puerto Madero para que se apliquen más medidas de seguridad en las obras privadas. Pero después terminó quedando como un bandolero, una bestia y un piquetero impresentable. Una lástima para él, que estaba a punto de ser bendecido como el sindicalista oficial.» Con esta frase, una alta fuente del gobierno intentaba ayer separarse del desmadre provocado en la Ciudad por el titular de la UOCRA, organizado originalmente para pedir por mayor seguridad en la construcción y que terminó en un caos.
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«Martínez se inmoló. Quedó en la misma línea que los piqueteros que incendiaron el Ministerio de Desarrollo Social en La Plata, los trotskos del subte y los piqueteros de la Plaza de Mayo», completaba la fuente, muy cercana a Cristina de Kirchner.
Lo cierto es que la quirúrgica protesta de la UOCRA de ayer sorprendió al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, en la Casa de Gobierno, mientras mantenían una reunión programada desde el lunes, donde el segundo presentaría el gabinete de secretarios y subsecretarios que lo acompañarían en su nueva etapa en la cartera. Tomada iba también a comenzar a delinear con Fernández los primeros pasos para abrir las negociaciones paritarias y, si quedaba tiempo, hablar sobre la cena que el ministro compartiría a la noche con el mismísimo Hugo Moyano (ver aparte). Sin embargo, el propio Tomada ya sabía mientras cruzaba las calles que separan su cartera de la Casa Rosada, que el contenido del encuentro sería otro.
Fernández escuchó las primeras explicaciones de Tomada sobre los planes que había adelantado el martes Gerardo Martínez, y cuál era el objetivo de la marcha, siempre según la versión del sindicalista.
Ambos hablaron incluso sobre los datos de Martínez acerca de la falta de control del Gobierno de la Ciudad en las obras más importantes de Puerto Madero, Recoleta, Palermo y Retiro. En principio, el gremialista inclusive presentó la protesta de ayer como un acto que afectaría directamente a Mauricio Macri como culpable futuro de verificar los proyectos. Se especulaba, siempre según lo que el mandamás de la UOCRA había dicho el martes, con algún tipo de discurso público cerca del mediodía donde, con las torres en construcción más importantes de Puerto Madero de fondo, apareciera alguna embestida certera contra el Gobierno porteño señalándolo como el responsable de eventuales accidentes en las obras.
Debate
Todo falló. Al mediodía, la Ciudad era un caos y la reunión Fernández-Tomada, fiscalizada directamente por Cristina de Kirchner al compás del bombardeo en el despacho presidencial de las imágenes televisivas del infierno porteño terminó en un debate sobre el desmadre de los albañiles de Martínez y la poca confianza que se le puede tener al sindicalista como futuro jefe de la CGT.
«Qué hacés. Aflojá. Terminá con esto. Esto lo único que provoca es que a nadie le importen los controles que reclamabas», fue luego la frase que Tomada dirigió telefónicamente a Martínez antes de las 12. El sindicalista ensayó una última defensa de su protesta, más cerca de un reconocimiento del desastre producido que de un festejo personal por el averno provocado.
Hasta ayer, y más allá de la estrategia política del gobierno para desplazar a Moyano de la CGT (ver nota aparte), Martínez había sido el primero de los sindicalistas que había aceptado la propuesta oficial de discutir aumentos salariales dentro de las paritarias de 2008, con criterios de «productividad» y no por el aumento de la inflación. En realidad esto les permitiría a los dirigentes de la UOCRA reclamar aumentos de más de 20% para el próximo año, bajo el argumento de la muy poco sólida medición del incremento de la competitividad del sector. En realidad el crecimiento de la construcción esperado para 2007, es de menos de 9%, un porcentaje muy lejano a los reclamos salariales que el gremio tiene en carpeta para sus teóricos 380.000 representados.
Martínez había sido además el primero en aceptar la propuesta presidencial de negociar un «pacto social» sector por sector. De esto habían hablado la Presidente y el gremialista el lunes en Mar del Plata, cuando Cristina Fernández viajó al balneario para bendecir el remodelado Hotel Dorá, propiedad de la UOCRA.
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