14 de octubre 2004 - 00:00

Interna del gabinete estalló en Santiago

Carlos Juárez
Carlos Juárez
De manera casi inesperada, la provincia de Santiago del Estero se está convirtiendo, gracias al experimento de intervención federal que el gobierno realiza en ella, en una especie de radiografía muy sincera de las contradicciones, expectativas, roles y métodos que caracterizan al gobierno de Néstor Kirchner. Como si en aquella provincia norteña afloraran, hasta con cierta ingenuidad, vicios y dificultades que el mismo grupo político logra sustraer de la luz pública en su experiencia nacional.

• La peculiaridad que primero salta a la vista es la transgresión a jerarquías que se suponen consagradas. Un interventor (Pablo Lanusse) que no cuenta con antecedentes políticos y que fue designado en el cargo por un ministro que fue expulsado del poder (Gustavo Béliz), consiguió tragarse ya a los dos preceptores políticos que le designaron desde la Casa Rosada para llevar adelante su gestión. En efecto, Lanusse hizo renunciar antes a Luis Ilarregui, el ministro de gobierno que había puesto a su lado Néstor Kirchner; el martes se cobró la vida del sucesor de Ilarregui, Daniel Gurzi, delegado en la provincia del ministro del Interior Aníbal Fernández (ver Ambito Nacional). El poder de Lanusse, a quien muchos hacían fuera del cargo hace una semana, parece inconmensurable. Tanto que ya lo llaman, cariñosamente, «el joven Juárez», en comparación con el «viejo Juárez», el caudillo todopoderoso cuyo reinado venía a desmoronar. Esta desproporción, por la cual desde la segunda línea de la administración se pueden hacer gestos de poder más audaces que desde la primera, es muy típica de la gestión actual.

Basta ver lo que ocurre en el PAMI, la SIDE o la Secretaría de Energía. Por eso las prerrogativas de Lanusse no deben sorprender, aún cuando haya exonerado a un grupo de amigos del ministro del Interior Fernández, quien teóricamente sería su jefe inmediato.

En efecto, Gurzi, Carlos Gianella, Guido Lorenzini, Carlos Uslenghi y Fabiola Lemos fueron asumidos ayer por Aníbal Fernández como «gente mía». Eso sí, ni una palabra del logorreico ministro acerca de las acusaciones con las que su equipo vuelve de Santiago. El ministro del Interior prefirió hablar de que «por alguna razón se los separaba» cuando Lanusse se encargó de hacer saber que el motivo fue la acusación de pedidos de dinero para un candidato a gobernador, que seguramente no era el de la intervención. Un fiscal investiga el caso y hoy los ex funcionarios van con sus argumentos a la Justicia contra Lanusse.

• La segunda revelación que aparece en Santiago es la interna entre este Fernández y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Porque todo el mundo sabe que el retorno de Gurzi fue provocado por el hombre de Alberto en Santiago, Pablo Fontdevila, quien refleja la posición de su padrino ejerciendo las funciones de jefe de Gabinete de Lanusse. Es natural que cada uno recurra a lo que tiene más a mano para cubrir posiciones en una geografía inesperada como la santiagueña. Aníbal se sirvió de quilmeños como Gurzi y, Alberto, de ex cavallistas como Fontdevila, quien conoce Santiago por su parentesco con Héctor «el Rubio» Neme, el marido de «Pilli» Colombo, hermana a su vez de «Pimpi», la ex esposa del jefe de Gabinete provincial y colaboradora de Alberto Fernández en la administración de la Nación. Neme fue ministro de Economía de Juan Schiaretti durante la primera incursión de los amigos de Domingo Cavallo en el feudo de los Juárez (lo que en este círculo de amigos se llama, con mirada internacional, «la primera guerra del Golfo», sin que eso implique comparar a Juárez con Saddam Hussein). Este entretejido de afinidades y parentescos que sostiene a la gestión de Lanusse no evitarán que un Fernández pida explicaciones a otro por las denuncias de corrupción. Tal vez el caso agite una adversidad que ya se insinuó cuando Aníbal sometió a su mando omnímodo el área de Seguridad, administrada por Alberto Iribarne, amigo y ex socio de Alberto Fernández. ¿El jefe de Gabinete es vengativo? Los que lo ven operando en Santiago piensan que sí. Igual que los que lo escucharon promover la liquidación de los fondos reservados de la SIDE, vuelto que le llegó a Francisco Larcher de algunas publicaciones intimistas de la revista «Noticias».

En Santiago se libran otras batallas, además de esta guerra de familia. La principal será mencionada más adelante y tiene que ver con el formato partidario que tendrá la salida electoral. Pero antes Alberto Fernández deberá garantizar que haya elecciones. Es decir, que el cronograma sobreviva a esta crisis: está previsto que el 12 de diciembre haya internas abiertas y simultáneas y que el 20 de febrero se celebren comicios para gobernador. Por lo pronto, hoy Fontdevila se reunirá con los apoderados de los partidos políticos para hacer una demostración de las bondades del voto electrónico, que será inaugurado en tierras juaristas en 200 mesas para las elecciones generales.

• Mientras tanto, Alberto Fernández alimenta la esperanza de salvar también la constituyente que quedó suspendida por un fallo precautorio de la Corte Suprema, elaborado, según dicen, a pedido de Eduardo Duhalde. ¿Es cierto que Elena Highton de Nolasco, la ahijada del jefe de Gabinete en ese alto tribunal, prepara un voto favorable a la constituyente para cuando se resuelva la cuestión de fondo santiagueña en la Justicia? Además de esta reivindicación de la Casa Rosada en la escena de la intervención, en el gobierno estudian también la hipótesis de que en las elecciones de Santiago se consagre un gobierno de sólo dos años. Es decir, uno que finalice su mandato junto con el del Presidente de la Nación. Explican, en voz muy baja, que la innovación pretende beneficiar a Kirchner con los votos de Santiago cuando esté peleando por la reelección. Se trata de la primera señal que delata ese proyecto en el seno del actual Poder Ejecutivo.

Toda esta arquitectura sería tal vez magnífica si hubiera un candidato para aprovecharla. Alberto, junto con Fontdevila, creen haberlo encontrado en el intendente de la capital de la provincia, el radical Gerardo Zamora. Es lo que le quedó al jefe de Gabinete después de que pulverizaran a Héctor «Chabay» Ruiz, el preferido de los Kirchner. ¿Es verdad que la caída de los hombres de Aníbal en la provincia pretende clausurar la vía hacia una fórmula peronista, como desean Eduardo Duhalde y algunos operadores de la Casa Rosada (uno de ellos Juan Carlos Mazzón, «el resurrecto»)? Una corriente de opinión importante del oficialismo censura la fórmula avalada por el jefe de Gabinete tildándola de «catamarqueña». Es decir: la comparan con la experiencia que llevaron adelante Eduardo Bauzá y José Luis Manzano en Catamarca, cuando por voltear a otro « viejo», Vicente Saadi, consagraron un «Frente Cívico y Social» y, con ello, un ciclo largo de radicalismo en el poder.

• Otra lectura de la interna desatada con la salida de «los Aníbal» explica que sólo se trataría de disputar el lugar del peronismo en una fórmula encabezada por el radical Zamora. En esa disputa estarían Osvaldo Ríos Olivero (para quien según Lanusse recaudaban los muchachos de Fernández) y Fernando Salim, diputado nacional a quien responderían los comisionados municipales que denunciaron a los presuntos recaudadores. Las múltiples ambiciones y algunos vicios que despierta, al parecer, la geografía santiagueña en todos los que se le aproximan han alterado la cotidianeidad de Kirchner, nunca del todo plácida. Ahora es el momento del ajuste de cuentas. Pero éste se realizará en Buenos Aires, con metodología más civilizada: es decir, en silencio y sin que se entere la prensa.

Dejá tu comentario

Te puede interesar