24 de febrero 2004 - 00:00

Juárez espera en vano que Duhalde sea su defensor

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde tiene una excusa indiscutible para ausentarse y no atender los llamados que, insistentes, realizan a su teléfono móvil: su madre está enferma, grave, y teme un desenlace inminente. Además, sus ocupaciones como secretario general del Mercosur lo tienen atareado con viajes aquí y allá. Acaba de regresar de Perú y Ecuador y ya preparó la valija para visitar Colombia y Venezuela. Teje la unidad sudamericana, sueño trunco de los libertadores pero sobre todo de Itamaraty, que lo tiene como su principal embajador hispanohablante. La pasión por esta urdimbre es tan notoria que la lleva adelante a su costo: todavía no consiguió que le asignen un presupuesto a su área.

La explicación sobre la cotidianeidad de Duhalde en estos días es bastante parecida a la que recibió Carlos Juárez (esposo de la gobernadora de Santiago del Estero, ex gobernador y ex senador nacional) cuando visitó Buenos Aires el jueves de la semana pasada, con la intención de explicar al líder bonaerense el peligro de que el gobierno provincial caiga bajo una intervención federal. Duhalde no pudo atenderlo, comprensiblemente.

•Excusas insuficientes

A Juárez, sin embargo, no le alcanzan las excusas diplomáticas y hasta familiares que interpone el ex presidente. Cree que hizo lo suficiente por su gestión y por la llegada de Néstor Kirchner al poder para que no se lo deje librado a su suerte en la crisis que afecta a su provincia. «Si en Santiago ganó Menem», objetó ayer un amigo del gobierno, «¿qué se le debe?», agregó. Es cierto, la suerte electoral de los Juárez no fue la imaginada por ellos en las presidenciales. Pero sus servicios al actual esquema de poder fueron otros, según él aduce: avaló todos los congresos partidarios que convalidaron la abstención del PJ en los comicios para presidente y también legitimó la presentación de tres fórmulas distintas para provocar el «ballottage» y evitar que ganara Carlos Menem. Estos son los pergaminos con los que el anciano santiagueño golpea a la casa de Lomas de Zamora. No lo atienden.

Ayer «Don Carlos» anduvo de nuevo por Buenos Aires e intentó reunirse con Duhalde. Tampoco tuvo suerte, al menos hasta las últimas horas de la tarde. Al fin y al cabo, el jefe bonaerense cree haber agotado su misión mediadora delante de Kirchner hace meses. En efecto, comiendo con el Presidente, con Alberto Fernández y con Hugo Curto en su casa de Lomas, Duhalde le pidió a su sucesor en la Rosada que no presionara sobre la complicada situación de Juárez en Santiago del Estero y Kirchner asintió esa noche.

Ahora, cuando la estabilidad del gobierno de Santiago volvió a quedar en tela de juicio, el ex gobernador Juárez pretende renovar aquel convenio. Desde la Casa Rosada simulan no entender las razones de su inquietud. La gobernadora, Marina «Nina» Aragonés, había prometido que se iría del cargo si Kirchner le pedía la renuncia. Y funcionarios de los que rodean a Kirchner dijeron que el Presidente no lo haría.

Sin embargo, los Juárez desconfían por varios motivos, acaso exagerando la importancia de algunos indicios. Por ejemplo, ayer se quebró el bloque del PJ en la provincia, con la secesión de media docena de diputados. La sospecha de Juárez, que quería desentrañar con el esquivo Duhalde, es que esos legisladores se fueron de su mando tras el estandarte de la fidelidad de Néstor Kirchner. «Cualquiera puede decir que apoya al Presidente y hacer una movida política, sin que por eso tenga instrucciones o avales», le hicieron saber desde un despacho de la Casa de Gobierno (que ocupa uno de los organizadores de aquellos congresos controvertidos del PJ) al marido de la gobernadora.

Otra señal que el matrimonio santiagueño no llegaba anoche a desentrañar es la siguiente: el diputado Juan Carlos Bonacorsi, que representa al partido de Luis Patti de la provincia de Buenos Aires, realizó un pedido de intervención en la Cámara. Pero le confesó a un par de amigos íntimos que quien le había pedido que hiciera circular esa iniciativa fue Fernando Salim. Es el secretario administrativo del bloque, diputado varias veces a iniciativa de los Juárez pero, por lo visto (de ser ciertos los comentarios de Bonacorsi), peleado ahora con el poder de su provincia.

Duhalde no estaba ayer disponible para aplacar las tribulaciones de su anciano aliado norteño. Pero hubo un amigo suyo que le explicó: «Don Carlos, olvídese de la intervención si ésta no sale del Congreso. Kirchner no quiere comprarse el problema de la provincia y quedar atrapado en Santiago, como quedó Menem cuando envió a Juan Carlos Schiaretti y terminó devolviéndole el poder a usted».

Juárez comenzó, entonces, a mirar hacia el Congreso. Pero le siguió sospechosa la indiferencia de Duhalde, quien tan solícito se mostraba cuando había que juntar apoyos para cortarle el camino a Menem.

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