Néstor Kirchner, antes de caer enfermo en El Calafate, brindó algunas confesiones a un periodista del diario oficialista «Clarín» que son útiles para entender cómo pretende el gobierno retomar la iniciativa que le ha sacado la calles. Esas reflexiones del Presidente se centran en la admisión por su parte de un error, haber dicho un discurso en el acto de la ESMA que colmó la paciencia de un importante sector de la clase media que reaccionó en la calle contra la inseguridad como pudo hacerlo también sobre otras cuestiones que el gobierno no soluciona. «Acepto que el acto de la ESMA fue un poco revulsivo. Hubo gente que estuvo muy de acuerdo pero otra gente que no», dice en la charla que reproduce el columnista y remata: «Lo hice de acuerdo con mis convicciones. Quizá no debí haber hablado. Tuve la intención de darle al discurso un sentido, pero fue interpretado de otro modo».
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Desvelado por ese desplazamiento del Presidente del centro del escenario, Kirchner llega en esa charla a explicar las tapas de revistas sobre el fin del presunto romance con las encuestas: «Mi supuesta luna de miel con la sociedad existió los primeros tres o cuatro meses. Pero pasó. La gente no tiene por qué ser incondicional. Ahora debo rendir examen cada día».
Otros conceptos de Kirchner en la entrevista: Es difícil gobernar y tomar decisiones todo el tiempo con la complacencia absoluta de la gente. Estoy seguro de que todos me acompañan en el proceso de recuperación de la economía. Y que la mayoría respalda también la negociación externa.»
«Está la queja de Chile, que nosotros respondimos. Disminuir el suministro de gas fue una decisión de emergencia. ¿Qué otra cosa podíamos hacer? Entiendo las molestias.» Sobre el caso Blumberg: «Se podrían hacer de ese episodio diferentes lecturas. Pero no es lo que corresponde en esta hora. Hay una demanda legítima y un padre al que le acaban de matar al hijo. Tanta impunidad se explica sólo en personas que se sienten dueñas de una enorme protección». Sobre Arslanian: «Tiene una trayectoria en la Justicia que tienen pocos. Es peronista. Tiene autoridad. Y conoce el tema de la Policía Bonaerense. Puso en marcha una reforma que por motivos políticos no se la dejaron terminar», explica Kirchner. Estuvo dos horas con él el martes a la noche y recogió una impresión casi inmejorable. Sobre su relación con Duhalde: «La solidaridad política con Eduardo es inquebrantable». Con Lavagna: «Con él trabajo mejor que con nadie. Hemos cerrado un nuevo paquete de medidas económicas para el crecimiento. Podemos tener criterios distintos, como ocurrió con la crisis energética. Pero no pasa nada. Son cuestiones pasajeras. A mí los enojos me duran cinco minutos. Y no tengo rencores».
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