18 de noviembre 2008 - 00:00

Kirchner celebró militancia atacando alianza UCR-Carrió

Néstor Kirchner yHugo Moyano, ayer enla algarada por el Díadel Militante quecelebraron en elmausoleo de JuanPerón en la localidadde San Vicente.Postergaron celos quelos separan hoy másque nunca.
Néstor Kirchner y Hugo Moyano, ayer en la algarada por el Día del Militante que celebraron en el mausoleo de Juan Perón en la localidad de San Vicente. Postergaron celos que los separan hoy más que nunca.
El giro nostálgico no voló, por pudor, al 46 y la Unión Democrática. Néstor Kirchner frenó en 2001 para, sobre el féretro de Juan Domingo Perón, bendecir como enemigo oficial al pacto entre Elisa Carrió y la UCR, a la que categorizó como la «nueva derecha».

El show por los 36 años del regreso de Perón al país tras 18 años de exilio -que la mitología PJ recuerda como Día del Militante peronista- fue la tarima en la que el patagónico comparó el mix Carrió-Morales con la alianza que, en el 99, entronizó a Fernando de la Rúa.

«Son los mismos rostros que nos llenaron de desocupación, indigencia y pobreza -castigó-. Dios libre a la Argentina de esa nueva alianza.» Unos 2.000 dirigentes, funcionarios y militantes festejaron la comparación. Entre ellos, Hugo Moyano, el jefe de la CGT.

Con dos años de delay, Kirchner se paró ayer ante los restos de el General en el mausoleo de la quinta de San Vicente. Quiso hacerlo el 17 de octubre del 2006, el día de la escenografía grotesca de fogonazos y pedradas entre la turba camionera y sus primos de la UOCRA.El pánico por otra balacera lo persiguió hasta el último minuto: recién a media mañana, el patagónico confirmó que iría a San Vicente. Invitó, además, a Moyano en momentos en que el jefe de la CGT amaga con derramarsu acidez sobre la Casa Rosada.

De vuelta en la trinchera pública, Kirchner enfocó al dueto Carrió-Morales, asumido tardíamente por Raúl Alfonsín, como el eje de los males futuros.

La jefa de la CC puede colgarse una medalla: logró ser referencia frecuente en las parrafadas del ex presidente.

En cierto modo, es un insultoal espejo: el staff K está poblado de dirigentes que alimentaron el acuerdo UCRFrepaso. Entre otros dos ministras de su esposa fueron tropa activa de aquel pacto: Graciela Ocaña de Salud y Nilda Garré de Defensa.

Además del reproche a ese eje -«levantan las viejas banderas de la alianza que nos llevó al fracaso de 2001 y al 'corralito'»- Kirchner hizo una previsible defensa de la gestión de su esposa: desde el fin de las AFJP hasta las maldiciones sobre el neoliberalismo.

Pero nada, ni media palabra, dijo sobre la sangría del PJ: ayer, atento al calendario, Felipe Solá dejó el bloque K y se plantó en un interbloque que nuclea, en la etapa inicial, a más de 20 diputados de origen peronista que no se referencian en Olivos.

En San Vicente, en tanto, Kirchner se rodeó con Moyano, Daniel Scioli, Alberto Balestrini, el alcalde anfitrión Daniel Di Sabatino, y el ministro de Interior, Florencio Randazzo.

  • Reiteración

    Rescató algo de calma: delante suyo, al micrófono, el jefe de la CGT repitió -por algún motivo, lo hace cada tanto- su respaldo a Cristina de Kirchner. Así y todo, Moyano se fue a la banquina unos metros: «El gobierno tiene que hacer algo para evitar despidos», intimó.

    Kirchner logró morigerar la rebeldía moyanista que se alimenta día a día con los destratos del matrimonio: el fallo por la libertad sindical y la designación de Juan Rinaldi, por sobre el «candidato» del camionero en la SSS, fueron los dos desplantes recientes.

    Antes de irse, el patagónico recorrió el museo -repasa la etapa 45/55, que con idea de Antonio Cafiero e impulso de Di Sabatino proyecta una segunda etapa para la «resistencia peronista»- y se detuvo en las gigantografías que recuerdan la masividad del primer peronismo.

    «Esas sí que eran movilizaciones; no tenían medios, andaban en alpargatas», se confesó ante una imagen clásica de los pies en la fuente. Caminó, luego, hasta el mausoleo donde está el féretro de Perón. Se persignó, dicen que le vieron húmedos los ojos y tras un minuto de silencio, inició un aplauso. Sin marchita.

    Afuera, ahí nomás, aleteaba el helicóptero.
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