30 de julio 2004 - 00:00

Kirchner convocó a radicales

El gobierno invitó al radicalismo a una mesa de diálogo político en la que pide debatir dos cuestiones fundamentales con la principal fuerza de oposición en el Congre-ráso. En primer lugar, propondrá a la UCR blindar la democracia contra las manifestaciones antisistema de los piqueteros. Segundo, Néstor Kirchner les transmitirá el planteo que le hacen los organismos internacionales donde piden al gobierno nacional que lleve para los acuerdos también la firma de la oposición. Dos veces Alberto Fernández lo habló con el presidente de la UCR, Angel Rozas, quien el 12 de agosto vuelve al país (anoche acompañó a Cristina Kirchner y a Daniel Scioli en el acto de la Convención Demócrata en Boston). Este diario pudo saber que la UCR lleva condiciones a la mesa planteada por Kirchner, puntos que serán debatidos el mismo 12 de agosto, cuando retorne Rozas. Es que no quieren repetir un pacto de Olivos.

Ayer, en el estadio de Boston, donde se realiza la convención del Partido Demócrata, comparten el rol de observadores el embajador José Bordón, el vicepresidente Daniel Scioli y el jefe radical Angel Rozas.
Ayer, en el estadio de Boston, donde se realiza la convención del Partido Demócrata, comparten el rol de observadores el embajador José Bordón, el vicepresidente Daniel Scioli y el jefe radical Angel Rozas.
La Unión Cívica Radical discutirá orgánicamente después del 11 de agosto próximo, fecha del regreso de su presidente, Angel Rozas, de su gira por los Estados Unidos, si acepta la invitación del gobierno a una mesa de diálogo. Esa invitación la hizo ya dos veces el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, al jefe radical, la última el miércoles cuando Rozas viajó a Boston, adonde participó de la convención del Partido Demócrata.

El ánimo de los radicales, la principal oposición en el Congreso, será aceptar una primera reunión con el jefe de Gabinete para escuchar de qué quieren hablar en el gobierno. Fernández le dijo a Rozas que la instrucción de Néstor Kirchner era convocarlos a conversar de temas de Estado como parte de una nueva etapa de su administración.

El anzuelo para que acepten los radicales -y si es posible otros partidos-es que el gobierno necesita blindar la democracia contra las manifestaciones antisistema como los piqueteros violentos y las diversas formas de quebrachismo. Algo que el gobierno deberá explicarles por qué consiente y en algunos casos hasta subsidia.

Rozas, antes de partir a los Estados Unidos, alcanzó a hablar con la mesa directiva del partido, donde recogió señales contradictorias. El temor de algunos miembros de la cúpula es quedar cautivos de una mecánica habitual de afirmación de fuerza de Kirchner: ofrecer acuerdos que deslegitiman al adversario y después no cumplirlos.Una forma de eliminar adversarios por el método del cuento del tío, es decir, explotando la codicia ajena.

• Cataclismo

Tampoco quieren los radicales repetir, diez años más tarde, la idea de un partido pactista al que se le obliga, a cambio de una porción de participación, a pagar el costo ante la opinión pública de que se transige y se aceptan las condiciones del poder. Aquel pacto de Olivos que terminó en la reforma constitucional implicó un cataclismo partidario del que no se recuperó ni con el consuelode regresar al gobierno en 1999. En ese gobierno convivieron los adversarios de esa polémica (UCR y Frepaso, nacido de la crítica al pacto) cuya alianza temporal estalló en menos de dos años.

Para acercarse existe un pedido inconfesable del gobierno: la renegociación de la deuda y los acuerdos con los organismos multilaterales obliga a buscar, otra vez, la ayuda de la oposición. Cada vez que se tensó la situación ante los organismos financieros éstos reclamaron que de alguna forma los partidos de la oposición dieran su aval a los compromisos que se iban a firmar. Nunca se logró de manera formal, aunque sí los gobiernos pudieron contar con señales oficiosas. Las tuvo ya Raúl Alfonsín en los años '80 cuando el peronismo reconocía la diferencia de deuda externa legítima e ilegítima cuando se discutía con el club de acreedores la deuda externa. Ese apoyo oficioso lo tuvieron también Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde, pero les costó un precio.

En eso piensan quizá los radicales, quienes creen también que no pueden rechazar ese llamado del gobierno, que puede rendirles una participación que han reclamado por todos los medios de una administración con la que comparten ideas y proyectos.

Lo sabe Kirchner, que comenzó con el acercamiento al llamarlo a Alfonsín y pedirle que participase como veedor del referendo de Venezuela del mes que viene. Lo completó invitando a Mario Losada a participar del viaje presidencial a Bolivia y Venezuela. Este senador por Misiones es vicepresidente de la Comisión de Relaciones Exteriores que conduce su comprovinciano Ramón Puerta, y se subió al Tango 01 como prenda de este acercamiento.

• Sin retorno

Como todo acercamiento necesita alguna pimienta, el mismo Comité Nacional de la UCR admite que irá a hablar con el gobierno -por donde se lo mire es un camino sin retorno-y dio a conocer ayer, por sorpresa, un comunicado en el que advierte que los radicales que están en el gobierno no tienen autorización oficial y que podrían recibir sanciones partidarias.

El escrito lo firma el vicepresidente de la UCR, el senador jujeño Gerardo Morales y no da nombres. En la mesa donde se resolvió la amenaza a los correligionarios se discutieron tres nombres: Miguel Pesce, Juan Carlos Pugliese (h) y Alejandro Tullio.

Pesce es un ex storanista que trabajó como subsecretario y secretario de Hacienda de Fernando de la Rúa, Enrique Olivera y Aníbal Ibarra, descendió a los infiernos como ministro de Economía del interventor Pablo Lanusse en Santiago del Estero.

Subió a los cielos como nuevo síndico general de la Nación en reemplazo de Alberto Iribarne la semana pasada. Es hombre de Jesús Rodríguez.

Pugliese es hijo del fallecido diputado nacional por Tandil y trabaja como secretario de Universidades desde hace años. Es una herencia de De la Rúa a Eduardo Duhalde, como el citado Tullio, un alfonsinista que se desempeña como director nacional electoral y es el responsable de los procesos electorales desde el año 2001.

«¿Sanciones?», se desperezó uno de los miembros de esa mesa nacional de la UCR. «No, las tiene que estudiar la conducción de cada distrito. Nosotros sólo advertirnos que no tienen autorización del partido», remató tras recordar que bajo Carlos Menem ya « Pacho» O'Donnell había inaugurado estas transversalidades posmodernas al aceptar una agregaduría cultural en Madrid y después una embajada en Bolivia.

Alfonsín, de campaña para vender un libro de memorias, dedicó dos sketchs por TV en las últimas 24 horas para bautizar este acercamiento.

Transigente inveterado dijo que la invitación a Losada y el llamado a Rozas demostraban que el gobierno estaba cambiando. Es decir, que ya está llamando.

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