30 de julio 2004 - 00:00

Kirchner desaira a Lula, a Batlle y al fútbol en Haití

Puerto Príncipe, Haití - Mens sana in corpore sano. El lema más antiguo y usado sobre el deporte -ya un lugar común- lo empleará ahora Brasil en el escenario de las complicadas relaciones que debe tejer el comandante de la Misión de las Naciones Unidas para Haití, el general Augusto Heleno Ribeiro Pereyra, con la comunidad del país caribeño. El presidente Lula da Silva y el de Uruguay, Jorge Batlle, verán el 18 de agosto, junto a buena parte de los funcionarios del gobierno de transición de Haití, el encuentro futbolístico entre la selección brasileña y un armado de jugadores locales en el estadio de Puerto Príncipe. No estará Néstor Kirchner.

Rara costumbre la del Presidente de ceder espacios en actos que aunque se tilden de frívolos, definen políticas de fondo como lo son recuperar la confianza y la esperanza de un pueblo devastado. Problemas de agenda, o también de protocolo (la infraestructura haitiana no permite asistir a más de dos figuras políticas a la vez) parecen ser las razones del faltazo del Presidente a la justa del balompié.

A toda marcha se encara el reacondicionamiento del campo de juego, del césped -casi un imposible- y de las gradas de la tribuna. Aunque la ubicación del estadio no ayuda: está al lado del cementerio de Puerto Príncipe, el staff militar de los Cascos Azules anticipa que ese día será una fiesta para el pueblo haitiano. Como ha sucedido desde el comienzo de la organización de la Minustah, Lula consiguió la pole position en una competencia silenciosa pero palpable a nivel de los países de la región que integran el esquema de Cascos Azules de Haití.

Ayer se sumó otro. Desde España, el general Ribeiro recibió la confirmación de que en breve llegará un batallón de infantes españoles (unos 700 hombres) y una fracción de marroquíes. La llamada entró directa a su teléfono del comando de la Minustah, cuyas oficinas ocupan la embajada de Brasil en Haití. Se diría que el gobierno de Zapatero no quiere estar ausente en esta oportunidad de recrear la influencia de Iberoamérica en el continente. La Argentina viene retrasada, debió postergar su participación a raíz de los inconvenientes del Ejecutivo en lograr el consenso de los legisladores para que autorizaran la salida de las tropas. Y el propio ministro de Defensa, José Pampuro, tuvo que cancelar la invitación que le había formulado su par brasileño José Viegas, quien había organizado un viaje junto a la chilena Michelle Bachelet para la apertura formal de la misión. Una forma de mortificar en silencio a los resistentes congresales encontró Pampuro mediante el recurso de invitarlos a su viaje de revista a la fuerza nacional desplegada en Gonaives el próximo 12 de agosto. Por cierto, la zona más caliente -en términos climáticos y sociales, allí comenzó la violencia que terminó con el gobierno de Aristide- que tiene bajo responsabilidad la Minustah.

Jorge Argüello, Federico Storani, Jorge Villaverde
y hasta el ex secretario de Asuntos Militares, Julián Domínguez, ocuparán plazas en el avión de Pampuro y podrán hacer la verificación empírica de la letra que aprobaron: lo que aquí se necesita es ayuda humanitaria y garantizar el desarme. En conversación con este diario el general brasileño Augusto Ribeiro adelantó que se está por llevar adelante un programa de reabsorción de ex militares haitianos a condición de que entreguen las armas al poder local. En 1994 las fuerzas armadas haitianas fueron disueltas y cada uniformado literalmente se llevó todo el armamento que pudo. El programa contempla una indemnización por los diez años de inactividad. Fuentes de la Minustah dijeron que la suma en juego no supera los seis millones de dólares para cubrir las indemnizaciones de 900 ex militares.

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