29 de octubre 2004 - 00:00

Kirchner eliminará la Casa Militar

La crisis que se desató en el sistema de seguridad presidencial durante los últimos 10 días indujo a Néstor Kirchner a modificar su custodia. En los próximos días, resolverá la disolución de la Casa Militar, responsable de coordinar los distintos cuerpos encargados de su protección. Los Granaderos a Caballo, quienes acompañan al jefe de Estado en sus movimientos dentro de Olivos y de la Casa Rosada, serán relevados de esa misión y quedarán como una escolta de ceremonias. La custodia sería ejercida, en adelante, por un cuerpo especializado de 100 agentes de la Policía Federal. Hasta ahora, esa institución se limitaba a cuidar al Presidente en sus movimientos «externos». Además de esta reforma, Kirchner estudiaba ayer formular algún tipo de demanda a la Rolls Royce, fabricante de las turbinas del Tango 01 que quedaron fuera de servicio la semana pasada. Sucede que al Presidente le acercaron un dictamen realizado por expertos de los Estados Unidos, según el cual lo que determinó el desperfecto fue la falla en un material que utiliza esa compañía para aislar las turbinas que fabrica.

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
Si algo caracterizó la vida de Néstor Kirchner hasta ahora es que gozó de una considerable buena suerte. Bastaría remontarse a las intervenciones del azar en todas sus llegadas al poder -desde los palotes en la intendencia de Río Gallegos hasta el batacazo de 2003 pasando por la aún menos previsible conquista del sillón de gobernador en 1991- para advertir esa distinción que le ha brindado la fortuna. Es posible que esa constante de su biografía le haya dado al Presidente cierto fatalismo positivo, es decir, la sensación de que nada de malo podría sucederle. Se podría ilustrar esa presunción con el proverbio «nadie muere en la víspera», si no fuera porque lo usó tanto Carlos Menem.

Esta confianza en el destino ha hecho que el Presidente dramatizara menos que su entorno y la prensa las amenazas que su seguridad debió enfrentar en los últimos tiempos. Sin embargo, esos episodios revelaron tan expresivamente el estado de indefensión del magistrado que obligaron a revisar todo el dispositivo que lo rodea y a adoptar algunas decisiones. Entre éstas se destacan dos de las últimas horas. Por un lado, Kirchner resolvió suprimir la Casa Militar y asignar la custodia de la Presidencia a un cuerpo especializado de la Policía Federal. Por otro, el gobierno dispuso demandar a la empresa Rolls Royce por las fallas que se detectaron en el material de las turbinas que tuvieron graves desperfectos la semana pasada.

La disolución de la Casa Militar es un efecto del caso del intruso que fue descubierto el domingo pasado en la quinta de Olivos pidiendo agua a las 6 y 45 de la mañana, después de pasar tres horas deambulando por el parque sin que nadie lo advirtiera (ayer se anunció que por lo menos tenían el identikit del intruso). Con ese ejemplo se puso en evidencia la incompetencia del régimen de vigilancia que rodea al mandatario. Pero también se desencadenó una revisión de su composición y modo de funcionamiento.

En efecto, Kirchner llegó esta semana a la conclusión de que, aun actuando de manera responsable y eficiente, su aparato de seguridad presidencial es endiablado y vetusto. «¿Qué sentido tiene que haya dos contingentes que reportan a distintas fuerzas cuidando al Presidente?», se preguntaron los funcionarios. Es cierto: la custodia del mandatario es responsabilidad del cuerpo de Granaderos a Caballo en el caso de los movimientos que se realizan dentro de la Casa Rosada o de la residencia de Olivos. En cambio, cuando se trata de cubrir los desplazamientos fuera de esos lugares, la competencia es de un equipo de la Policía Federal. Los dos grupos están integrados por cerca de 250 efectivos y son coordinados por la Casa Militar.

• Policía especializada

Además de esta rareza, en el gabinete se cuestionó otro aspecto del sistema. Un ministro razonó así delante de este diario: «Está bien, supongamos que todo funcionara como corresponde. Y que en Olivos entrara un grupo de ladrones armados. ¿Qué harían los granaderos, que son soldados? ¿ Están preparados para resolver cuestiones de seguridad común?». La conclusión negativa que sacó el funcionario es la que extrajo también Kirchner del mismo ejemplo. Por eso ahora preferirán que haya una división especializada de la Policía Federal, con unos 100 miembros, que reportaría directamente al secretario general de la Presidencia.

¿Esto supone la eliminación del cuerpo de Granaderos a Caballo como escolta presidencial? No, pero en adelante tendría una función simbólica. Al lado de Kirchner ya hay quienes estudian funciones adicionales que se le pueden asignar a este regimiento, ahora que abreviará su responsabilidad específicamente armada. Ya se escuchan algunas ocurrencias, como que se encargue de despertar y recibir en la Rosada al mandatario con marchas ejecutadas por su banda, como sucede en México con una guardia equivalente. La Presidencia tampoco se desprendería del servicio de los edecanes, tres secretarios institucionales que acompañan al jefe de Estado en representación de cada una de las fuerzas armadas. Hasta donde se podía escudriñar anoche, la supresión de la Casa Militar no estaría teñida de ningún sentimiento anticastrense, sino que sería la consecuencia aséptica de una evaluación técnica. Al menos es lo que aducían los allegados al Presidente.

El enfoque de la crisis del Tango 01 también fue sustancialmente modificado por la Casa Rosada. El miércoles, Kirchner recibió un minucioso informe elaborado por expertos de la agencia de control de materiales aeronáuticos de los Estados Unidos, convocados a Buenos Aires para evaluar las razones del percance. Ese dictamen observó que en el desperfecto ocurrido en el avión presidencial habría sido determinante el mal estado de un gel aislante que utiliza la Rolls Royce, fabricante de las turbinas.

Por eso anoche se evaluaba en la Secretaría General, responsable por la flota de vehículos de la Presidencia, la posibilidad de hacer algún reclamo a la Rolls Royce. Los técnicos norteamericanos le hicieron saber al Presidente que por el mismo motivo al que ellos imputaron el accidente se produjeron episodios similares en otros lugares del mundo, con turbinas del mismo modelo y generación. Se calcula que cada una de esas piezas cuesta u$s 3 millones. Comienza, entonces, un conflicto ya que esa fabricante de materiales aeronáuticos se encargó de hacer saber bien temprano que la aeronave habría fallado por razones de mal mantenimiento.

Mientras tanto, todavía no se determinó cómo será trasladado el Tango 01 al aeropuerto Ben Gurion de Israel, donde el avión debe ser reparado por la empresa a la que se le acaba de asignar su mantenimiento. Para hacerlo, el gobierno debería alquilar un par de turbinas que sirvan como auxilio, recurso que tal vez se le pida a la Rolls Royce si se abre una negociación amigable.

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