Néstor Kirchner, ayer en un acto con Felipe Solá y Julio De Vido, se presentará hoy en el
Colegio Militar de la Nación junto a la ministra Nilda Garré para entregar los despachos y
sables a los nuevos oficiales de las Fuerzas Armadas.
Néstor Kirchner encabezará hoy la ceremonia de egreso conjunto en el Colegio Militar. Acompañado por la ministra de Defensa, Nilda Garré, entregará los despachos y sables a 42 cadetes recientemente ascendidos a alféreces; a 53 nuevos guardiamarinas; a 154 nuevos subtenientes; y a cuatro subtenientes extranjeros (uno de ellos de Bolivia, dos de Paraguay y uno de Perú).
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La ceremonia se realizará a partir de las 9.45 en el Colegio Militar de la Nación, en la localidad bonaerense de El Palomar, y será el último acto del año militar que contará con la presencia de Kirchner. El Presidente mantiene una tensa relación con la corporación militar que entiende es agredida por la designación de la nueva cúpula de Defensa, en la cual hay militantes del peronismo de izquierda que en los años '70 participaron de movimientos insurgentes con los cuales se enfrentaron las Fuerzas Armadas en tareas de represión. La reapertura de causas a militares, en su mayoría retirados, alentada desde el Poder Ejecutivo que apoyó la sanción en el Congreso de la nulidad de las leyes de punto final tampoco ayudó a algún acercamientode los militares con el poder político, que busca crédito en los sectores del público más críticos de los militares de ayer y de hoy.
El gobierno aprovecha para esa política la naturaleza escalafonaria de las Fuerzas Armadas que fomenta la presión de los estamentos de abajo sobre los de arriba con una energía que neutraliza cualquier argumento de índole ideológica o doctrinaria, que es lo que en el pasado alimentó los posicionamientos políticos entre los oficiales.
El enjuiciamiento de las cúpulas responsables de la represión clandestina de las guerrillas en los años '70 bajo el gobierno de Raúl Alfonsín y la política que siguió su sucesor Carlos Menem terminaron con lo poco que había quedado del partido militar después de 1983. Ese remanente es el que se expresó con los alzamientos de 1987 y 1990, y que quedaron neutralizados por las leyes de punto final de Alfonsín y la descalificación que implicaron los indultos de Menem. Este presidente, además, fomentó la política del arrepentimiento institucional que encabezó Martín Balza en el Ejército y que siguieron, quizás con menos resonancia pública, los jefes de las otras fuerzas.
También bajo el gobierno Menem se llevó adelante una política de resarcimiento de las víctimas de la represión clandestina desde la Secretaría de Derechos Humanos que ocupó durante varios años Alicia Pierini (1991-1997), que comprometió una suma que llegó a los u$s 900 millones.
Con la llegada al gobierno de Kirchner, la agenda de los gobiernos civiles hacia los militares se modificó con el argumento de que la salida de la cúpula «balcista» había dado aire a sectores que buscaban alguna reconstrucción del poder político de los militares.
• Argumento
Esta suerte de conspiración que nunca nadie pudo probar sirvió como argumento al descabezamiento de la cúpula del Ejército que puso en su cargo al actual jefe, Roberto Bendini, que protagonizó en marzo del año pasado la epopeya del descuelgue de retratos de ex dictadores militares en un pasillo del Colegio Militar que hoy visitará el Presidente.
El refresco que significó en el escalafón militar la casi veintena de retiros desde el acceso de Bendini al comando de la fuerza neutralizó de nuevo las quejas de quienes veían que el gobierno hacía músculo en una puja con militares a quienes se les atribuían conspiraciones cuya sola mención -como ocurrió en una célebre cena que fue intervenida por el propio ministro José Pampuro- bastaba para que se dictasen graves sanciones. «Cazan leones en un zoológico», sancionó Elisa Carrió en una de sus frases más recordadas sobre la política militar de la era Kirchner.
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