26 de abril 2005 - 00:00

Kirchner no fue el único en no besar

Néstor Kirchner y su esposa, la senadora por Santa Cruz Cristina Fernández, fueron los únicos autorizados en el Vaticano el domingo a pasar al interior de la basílica de San Pedro para saludar al Papa Benedicto XVI, del grupo de cinco argentinos a quienes acomodaron entre las delegaciones de jefes de Estado y de Gobierno. Al ingresar vieron a Joseph Ratzinger que estaba sentado, delante del baldaquino de Bernini con sus columnas como volutas -cuyo revestimiento de bronce fue obtenido del techo de otra iglesia romana, el Pantheon-; en tanto que el secretario de Estado, cardenal Angelo Sodano, se hallaba a la derecha y atrás del Pontífice, observando todo.

Sorprendió ayer el título del diario «La Nación» que señaló que la pareja presidencial argentina saludó a Benedicto XVI
dándole la mano y haciendo una breve flexión de rodillas. Es decir que no hubo beso al grueso anillo del pescador que recién había recibido el Papa. En realidad, lo único que hicieron fue imitar el saludo de la mayor parte de quienes participaron de ese acto, como el premier italiano, Silvio Berlusconi; y el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Tampoco lo hizo George W. Bush cuando estuvo en las exequias de Juan Pablo II, Jacques Chirac o Tony Blair. El besamanos a cardenales y obispos es tradicional para sacerdotes y religiosas, amén de la feligresía que así quiera hacerlo.

Optativo, por lo general en el saludo entre dirigentes, esto no ocurre, sin que implique falta de consideración o de respeto hacia el religioso.

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