Kirchner paga la cuenta de Lanusse

Política

Gerardo Zamora pudo ser el segundo gran producto de aquel sueño que fue el kirchnerismo. Gustavo Béliz, padrino de la malhadada intervención Lanusse (Pablo), soñó con él para repetir en Santiago del Estero el modelo Misiones: un frente cívico con radicales y peronistas disidentes para derrumbar el PJ que había dominado la provincia sin discusión.

Ese modelo que usó Kirchner con Carlos Rovira, aliado a los radicales contra el pejotista Ramón Puerta, lo habían inaugurado diez años antes los Castillo en Catamarca para terminar con los Saadi. ¿Por qué no repetirlo, pensó Béliz para Kirchner, en Santiago, sacarse de encima a los Juárez y, de paso, mostrar esa operación para escarmiento de los caciques peronistas de las demás provincias?

Béliz, a quien le sale siempre todo mal, no pudo prever los desaciertos de la intervención Lanusse, algo de lo cual se desmarcó muy a tiempo este mendocino trasplantado a Santiago que es Zamora, acuñado, además, en años de dirigencia en la Franja Morada radical, que es una escuela para el temperamento.

Pese a que Zamora se vistió para algún ensayo con las ropas del transversalismo, terminó derrotando a Kirchner en la figura de José Figueroa. Para ese triunfo, que fue la derrota más importante que haya sufrido en las urnas el presidente desde el 27 de abril de 2003, Zamora tuvo, además, apoyos clave, pero inconfesables: Carlos Menem y Juan Carlos Romero, que acercaron en la última semana previa a la elección los recursos y la gente necesaria para atornillar la victoria.

Desde esa trama hay que entender el acto de ayer:

1) Kirchner le cerró las puertas de la Casa de Gobierno a Zamora hasta hace dos semanas, limitando los contactos con el gobierno a Alberto Fernández y a Martín Redrado, de quien logró el gobernador ya que le refinancien la deuda heredada de los Juárez y de la intervención. Recién lo recibió cuando Zamora accedió a ser anfitrión de esta audaz movida de escabullirse de la Plaza de Mayo y de la homilía de Jorge Bergoglio, que al Presidente le solucionó más de un problema.

2) Ir a Santiago -donde le ganaron Zamora, Menem y Romero- en estas condiciones es para Kirchner tomar un compromiso del gobernador de que no se apartará otra vez de los senderos que le dibujen en la Casa de Gobierno. Le dejó ayer obras por $ 600 millones, algo con lo cual el Presidente paga el fracaso de la intervención y la escritura de una nueva alianza en la que, supone, ha ganado a un nuevo amigo.

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