7 de octubre 2004 - 00:00

Kirchner polemizó, sin nombrarlo, con Terragno

Néstor Kirchner llevó ayer la alegría a los vecinos del partido bonaerense de Tigre. Allí polemizó, sin nombrarlo, con Rodolfo Terragno, besó a niños, se abrazó con militantes y dejó subsidios para obras en la zona.
Néstor Kirchner llevó ayer la alegría a los vecinos del partido bonaerense de Tigre. Allí polemizó, sin nombrarlo, con Rodolfo Terragno, besó a niños, se abrazó con militantes y dejó subsidios para obras en la zona.
«No estoy con un pie acá y otro allá. No hago discursos para un sector y para otro.» Molesto, Néstor Kirchner refutó ayer a los críticos que le imputan que acosa con palabras al FMI, pero, en parelalo, es el presidente que más pagos realizó al organismo.

Ese planteo, que revela una dualidad del Presidente entre lo dicho y lo hecho, apareció ayer en la proclama que Kirchner disparó desde un escenario en el partido de Tigre, donde anunció un plan de viviendas y la pavimentación de rutas y calles del distrito.

El destinatario de la observación de Kirchner tiene nombre y apellido: Rodolfo Terragno, senador por la UCR porteña, que lo acusó de tener un doble discurso porque, desde la tribuna, cuestiona al FMI, pero, al mismo tiempo, ordena pagarle al organismo.

Por eso la cita: «Estoy jugado con los trabajadores, los empresarios nacionales y la clase media para construir otra Argentina».

• Libreto reiterado

A su lado, aplaudían el ministro de Planificación, Julio De Vido; Carlos Zaninni y Felipe Solá, además de los intendentes de la región: de Tigre, Ricardo Ubieto; de Vicente López, Enrique García; de San Fernando, Gerardo Amieiro; y de San Isidro, Gustavo Posse.

Para reforzar la idea de cruzada,
Kirchner reiteró el libreto de pedir a la gente -en realidad, eran militantes del PJ de la zona- que lo acompañe en «en el camino de la reconstrucción de un nuevo país».

Y volvió a apuntar contra los dirigentes
«beneficiados con las políticas de la década del '90 que quieren impedir los cambios en la Argentina».

«Venimos de una crisis terminal y hoy se escucha hablar, en cuanto lugar pueden, a aquellos que trataron de construir una Argentina llena de pobres, de injusticia, y algunos que fueron favorecidos por las políticas de los '90 que tratan de ocultar que hay un punto de inflexión»
, dijo Kirchner.

«Creo en la Argentina, y no merecemos ser castigados por tres o cuatro sinvergüenzas que quieren manchar esta historia de trabajo y victorias del pueblo argentino»
, aseguró.

• Promesa

En esa línea, pidió «la ayuda del pueblo», porque con «la voluntad del gobierno vamos a profundizar los cambios, la justicia, la equidad, la redistribución y la lucha contra la lucha contra la indigencia y la pobreza». «No voy a claudicar y voy a negociar de pie la deuda externa», dijo.

Bajo el escenario, se amontonaban los militantes peronistas, vestidos con remeras con la leyenda «Fuerza presidente Kirchner», acercados por peronistas locales, ligados al titular de la ANSeS,
Sergio Massa. Arriba, Kirchner llamaba a dejar de lado las «roscas de la política».

Casi como si se tratara de una escenografía planificada, en ese momento, apareció un militante disfrazado de enorme pingüino.
«Este gobierno está junto al pueblo», gritó el Presidente mirando a su émulo de caricatura. Luego, reivindicó la política de obras públicas que impulsa la Nación. «Son fundamentales para la recuperación económica del país» y que para ello se encuentra abierto a los pedidos de los intendentes para trabajar.

Y cerró asegurando tener una
«voluntad indomable para cambiar la lógica de análisis de la Argentina y volver a premiar al que trabaja, estudia e investiga y castigar la corrupción y a aquellos que violan la ley e impiden el crecimiento del país».

A su turno,
Solá dijo que Kirchner «cumplió con sus compromisos de campaña», ya que en un año y medio de gestión «recorrió casi todo el conurbano bonaerense».

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