En el año 2003 la primera dama, Cristina de Kirchner, confesó en un reportaje a una revista: «Soñábamos siempre (con su esposo Néstor Kirchner) llegar a la Presidencia y ser como Bill y Hillary Clinton». No suena menos que una ironía que el matrimonio hoy en la presidencia de nuestro país tenga una relación con la prensa casi calcada de la tempestuosa que mantuvieron hace algunos años Ronald Reagan y hoy George Bush en Estados Unidos. Como se ve, una similitud no con los Clinton, demócratas, sino con los republicanos, conservadores, liberales, «neoliberales» o como quiera llamárselos, pero no, ciertamente, centroizquierdistas como lo es el actual gobierno argentino. La poco lograda actuación hace pocos días de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que envió una comisión investigadora de libertades a la Argentina para redactar un informe debió analizar estos antecedentes norteamericanos de iracundia con el periodismo, sobre todo de Ronald Reagan, aunque éste tenía una importante cualidad: no informaba a la prensa y hasta les hizo famosas tropelías a los periodistas de su país, pero siempre con amabilidad, sonrisas -había sido actor de cine- y sin negarse a periódicas conferencias de prensa. Hoy Kirchner hace lo mismo aquí, pero con iracundia y agresividad, aunque los críticos -los críticos en serio, por lo menos- no pueden esgrimir todavía ni un rasguño más allá de recibir palabras fuertes del Presidente.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario