Eufórica tras consumir 15 minutos en besos y fotos con los militantes que desafiaban la tormenta, Cristina de Kirchner se recluyó ayer en su despacho de la Casa Rosada con su esposo, Néstor Kirchner, a esperar repercusiones sobre su primer discurso en Plaza de Mayo.
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Una hora dedicó el matrimonio, junto al jefe de Gabinete Alberto Fernández, a ese ejercicio conyugal de análisis y reflexión. Con el diálogo cortado, se redondeó una táctica: dejar en manos de los dirigentes del campo el siguiente movimiento.
A las 17.06 -luego de pasar la tarde en la residencia de Olivos-la Presidente había aparecido en el escenario, frente a una plaza repleta, para desgranaren 30 minutos un discurso que mixturó las críticas con un llamado a negociar pero sin piquetes en las rutas.
«Nosotros ya mostramos las cartas, ahora les toca jugar a ellos» ilustraban, lúdicos, en gobierno.
Inflación
La postal de la «Plaza de Sí» montada para la Presidente, en la que, inflacionario, el oficialismointenta simular por hechomás de 100 mil personas (no pasan de los 45 mil), fue blandida como su mejor carta, la que forzaría al campo a levantar los cortes que suponen, además, están en un proceso irreversible de desgaste.
«En el palco está todo el poder institucional del país; en la plaza está el poder político-» ensayó, sofisticado, un funcionario la definición de la tropa que se amontonaba al lado del escenario: gobernadores, sindicalistas, piqueteros y legisladores.
Invitación
Pero alinear a esos actores no fue un proceso sencillo. En algún caso tuvo que intervenir, en persona, el propio Kirchner. «Va a ser conveniente que vengas» le calentó el oído el ex presidente al gobernador Mario Das Neves. El chubutense había amagado con no asistir.
El lunes, una parrafada inadecuada por radio, malquistó a los Kirchner con Das Neves-.
En el acto que esa tarde se hizo en Casa Rosada, la Presidente evitó ostensiblemente saludar al mandatario de Chubut quien se quejó del « maltrató» y amenazó con no asistir ayer. Estuvo.
Faltaron, en cambio, Juan Schiaretti y Hermes Binner. Al cordobés no lo esperaban. Anteayer, por un momento, se especuló con la posibilidad de que el santafesino se apareciera por Plaza de Mayo. En definitiva, por allí, se levantaban algunas banderas del Partido Socialista.
Tribuna
Además de su capítulo callejero, con los gremios y los intendentes pulseando por ubicarse abajo del escenario, la puesta en escena de la « Plaza del Sí» cristinista tuvo su versión adentro de la Casa Rosada con la presencia de gobernadores, ministros y gremialistas.
Para amansar la espera, se sirvió un lunch por donde pasaron Daniel Peralta, Luis Beder Herrera, Jorge Capitanich, Gerardo Zamora, Edgardo Depetri, Hugo Moyano -con sus edecanes Omar Viviani y Abel Frutos-y Oscar Parrilli, además de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, encabezadas por Hebe de Bonafini, escoltada por Sergio Shocklender.
En los despachos, se repartían otras visitas: el de Florencio Randazzo se convirtió en centro de tertulia para José Pampuro, Carlos Zannini, legisladores y gobernadores. En la jefatura de Gabinete, a la espera de Fernández -recluido en Olivos-se apiñaban más dirigentes, entre ellos Martín Lousteau.
Solo, sin custodia ni asistente, Guillermo Moreno se dedicó a recorrer pasillos.
Luego, en malón, treparon al palco desde donde siguieron el discurso de la Presidente que apenas, de pasada, les dedicó algún saludo cuando se acercó a las vallas para posar para las fotos y repartir besos. Lejos de las cámaras, también Kirchner se dedicó a los saludos.
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